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El Gobierno atribuye el abandono del IEO de Vigo a la crisis de 2008 y a la pandemia

En su primera respuesta a las Cámaras tras el colapso denunciado por FARO, incide en un plan de “mejoras” sin presupuesto ni plazos | La plantilla, con casco desde octubre

Vista general de las instalaciones del IEO de Vigo, en Cabo Estai.

Vista general de las instalaciones del IEO de Vigo, en Cabo Estai. / M. G. Brea

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Lara Graña

Lara Graña

En el centro vigués del Instituto Español de Oceanografía (IEO) hay una placa del exministro socialista Carlos Romero. Él fue, el sábado 31 de mayo de 1986, el encargado de inaugurar la infraestructura, calificada entonces como la “más moderna” de toda la red nacional del IEO. “Abre otra cara a lo que significa la investigación”, exhortaba entonces su director general, Rafael Robles, ante las autoridades invitadas al evento. Aquel emblema, símbolo para la ciencia y “la mejor” de las delegaciones autonómicas que tenía el Instituto –las obras ejecutadas recibieron una inversión de 400 millones de pesetas–, no ha vuelto a recibir tantos cariños. El IEO de Vigo se cae, literalmente, a causa de un abandono que obligará a derribar la nave de cultivos, que fuerza a los investigadores a usar casco, que ha inutilizado el laboratorio de histología o que ha provocado el traslado de personal al salón de actos. Un escenario que el Gobierno acaba de atribuir a la “grave crisis financiera internacional del año 2008” y a la pandemia del COVID.

Página de Faro del 1 de junio de 1986

El Ejecutivo ha remitido al Senado una respuesta por escrito, a preguntas de los populares Javier Guerra y Pilar Rojo, respecto al fuerte deterioro de Cabo Estai desvelado por FARO. Es la primera vez que se aborda en la Cámara esta situación –el documento lleva fecha de este lunes–, aunque con una réplica en la que no figuran ni las medidas que se van a adoptar para corregir el deterioro del centro ni un calendario para llevarlas a cabo. Tampoco menciona la construcción de una nave de cultivos, una obra imperativa por su condición “potencialmente peligrosa”, certificada por un equipo técnico externo. Otrora pionero en el desarrollo de tecnología en cultivo de rodaballos, por ejemplo, en este edificio caen ahora cascotes. Está prohibido acceder a él a menos que sea forzosamente necesario, y siempre durante el mínimo tiempo imprescindible. “Una vez completado el análisis estructural comenzará la segunda fase –expone textualmente el Gobierno, a través de la Secretaria de Estado de Relaciones con las Cortes–, que tiene como objetivo mejorar las instalaciones de dicho centro oceanográfico”. En el que trabajan más de 120 personas, que conforman la élite de la investigación marina de España.

Empleada en un centro en mal estado, sostiene el Gobierno, a causa de una doble recesión que quedó atrás hace más de una década. “Las medidas de contención del gasto público implementadas como respuesta a la grave crisis financiera internacional del año 2008, afectaron de forma significativa al funcionamiento de los centros de investigación, tanto en su capacidad de generar conocimiento como, en especial, en la necesidad de mantener los recursos humanos necesarios para su correcto funcionamiento”. Un tijeretazo al gasto que continuó, según la versión del Ejecutivo, “en una parálisis institucional que desembocó en la crisis administrativa producida a la par que el COVID-19”. No obstante, la “implementación de políticas expansivas” a las que también hace referencia el Gobierno no han redundado en la rehabilitación y reconstrucción de los edificios de Cabo Estai, pese a que fue en octubre cuando la plantilla tuvo que empezar a usar casco para trabajar en la nave de cultivos. Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2023, entregados a las Cortes ese mismo mes, sí incluyen una partida de 10,5 millones de euros para el nuevo centro oceanográfico de Palma de Mallorca.

Málaga tiene un nuevo centro de 6,5 millones, y Palma tendrá otro de 10,5

Esa parálisis derivada de la doble recesión (2008-2011) y de la pandemia no impidió, eso sí, la construcción del nuevo centro del IEO en Málaga, que ha costado 6,5 millones de euros y que supone el traslado de los investigadores desde la ciudad de Fuengirola. Tampoco el hecho de que en los PGE en vigor se haya incluido una partida de 600.000 euros para el IEO de Gijón, como también desgranó este periódico. Pese a esa excelencia que ha enarbolado siempre Cabo Estai, por sus múltiples investigaciones y el ecosistema marítimo industrial de Vigo que lo abraza, la dirección del centro ha tenido que presentar un proyecto por su cuenta al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para arreglar los sistemas de ventilación y que el laboratorio de histología pueda volver a funcionar. Una avería mayúscula que, temen sus investigadores, “comprometerán algunas líneas” de trabajo y provocarán que “algunos proyectos en marcha no se podrán ejecutar”.

A preguntas de este periódico, fuentes del Ministerio de Ciencia aseguraron que la integridad del personal “no corre peligro”, y aludieron a un “plan de mejoras” y “actualización” de la infraestructura cuyo contenido tampoco ha trascendido a los trabajadores del IEO vigués. El BNG registró otra iniciativa similar a la del PP, en este caso en el Congreso –el plazo de réplica expiraba el 30 de marzo–, de momento sin cumplimentar.

Claves

  • Un edificio de 1986

    Fue inaugurado con categoría de excelencia a cargo del socialista Carlos Romero. Costó 400 millones de pesetas

  • El centro de Málaga

    El traslado de actividades a Málaga dejará vacío el centro de Fuengirola, inaugurado solo tres años antes que el de Cabo Estai.

  • Otro para Baleares

    El nuevo IEO para Palma de Mallorca sí figura en los Presupuestos del Estado para 2023, con una inversión total de 10,5 millones de euros. El de Vigo no figura en esta ley pese al estado de los edificios.

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