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La pensión media de los vigueses no alcanza para pagar ni la mitad de una plaza en una residencia

El precio más habitual un geriátrico privado de la ciudad ronda los 2.600 euros, mientras que la pensión apenas llega a los 1.200 | El sector avanza que habrá que subir las tarifas para hacer frente al aumento de los costes

Mayores en una residencia.

Mayores en una residencia. / BERNABÉ / JAVIER LALÍN

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El sector de las residencias de mayores está muy regulado por las administraciones para que cada centro abierto ofrezca las mejores atenciones a las personas que allí ingresan. El problema, pese a las ayudas existentes (la Xunta llega a financiar en las plazas concertadas entre el 60 y el 80% del coste), es la diferencia entre el elevado precio de los centros para mayores y el poder adquisitivo de los ancianos. Teniendo en cuenta que hay una lista de espera de años en el ámbito público y que solo se puede aspirar en la actualidad a entrar en un centro privado, una plaza de pago para un dependiente de grado tres (aquel que necesita ayuda para tareas básicas como asearse, vestirse, alimentarse o acostarse) se eleva hasta los 2.600 euros, y en algunas residencias ronda los 3.000. Sin embargo, la pensión media de un vigués, según los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), es de 1.205,23 euros, casi trescientos más que hace más de una década, pero a todas luces insuficiente para que un mayor pueda pagar por una plaza en un geriátrico. Es más, con esa prestación no podría pagar ni la mitad del coste mensual de su estancia en la residencia.

Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que en la residencia DomusVi Salesas (ubicada en Teis), el precio es de 2.600 euros con todos los servicios incluidos. En Clece Vitam Pardo Bazán, la tarifa es todavía mayor, llegando a los 2.695 euros (en habitación compartida) y a los 2.900 en individual para los ancianos con máximo nivel de dependencia. En Ballesol, ubicada en Gran Vía, el mínimo en estos casos es de 2.808 euros.

Los grandes dependientes deben abonar cifras de casi 3.000 euros

La situación, por tanto, desde el punto de vista económico, es crítica para muchas familias. Porque con la pensión del anciano no da para pagar su ingreso en una residencia, ni tampoco con la aportación de la Xunta por dependencia. Por tanto, en muchos casos son los hijos los que se ven obligados a tener que aportar parte de su sueldo o tirar de sus ahorros para pagar la estancia de su padre o su madre en un geriátrico o, en todo caso, contratar a un cuidador, pues hay que tener en cuenta que en la actualidad Vigo no cuenta con ninguna plaza disponible en residencias ni públicas ni privadas y que todas tienen lista de espera (algunas, como El Rocío, incluso de un año).

Y aunque las pensiones hayan empezado a subir (ya se ha comenzado a aplicar el incremento del 8%), el sector de las residencias advierte que será necesario hacer un ajuste de las tarifas para hacer frente al importante aumento de los costes al que están teniendo que hacer frente en los últimos tiempos. José Manuel Pazos, vocal de la Sociedad Galega de Xerontoloxía e Xeriatría y presidente de la Asociación Gallega de Residencias de la Tercera Edad (Agarte), asegura que “si se quiere dar buenos servicios, el coste es alto, y hay que tener en cuenta que es muy costoso tener médicos, enfermeras... El personal se lleva aproximadamente el 60% del presupuesto de los centros, y con el aumento del IPC, del coste de los suministros o de la calefacción, estamos encaminados a que sea complicado ofrecer una plaza en una residencia por menos de 4.000 euros”, apunta. Es decir, la situación se podría agravar y lograr vacante en un geriátrico privado podría ser todavía más exclusivo para personas de un gran poder adquisitivo. “Es necesario que la gente mayor reciba más ayudas”, añade.

Las residencias también se enfrentan a otro problema, y es la falta de personal. Se encuentran con que, especialmente desde lo sucedido en la pandemia, hay muchos profesionales que no quieren trabajar en los geriátricos. “Un gran número de personas ha abandonado el sector. Nos cuesta encontrar auxiliares, enfermeros, médicos... Prefieren trabajar en hospitales u en otros ámbitos antes que en las residencias. La pandemia fue muy dura y muchos de los que estaban se acabaron marchando”, relata José Manuel Pazos.

“Nos cuesta encontrar personal: mucha gente no quiere trabajar aquí tras la pandemia”

José Manuel Pazos

— Presidente de la Asociación gallega de Residencias

Respecto a la falta de plazas en residencias, tal y como informó FARO, DomusVi planea abrir su nuevo geriátrico en Vigo, en el entorno de Fátima, el próximo 2 de mayo, tendrá 153 plazas divididas en un total de 111 habitaciones, de las que 69 son individuales y el resto dobles, que están repartidas en las ocho plantas con las que cuenta el edificio, además de cinco camas de enfermería.

El envejecimiento poblacional dispara las personas que cobran una prestación más de un 14% en la última década

Mucho se ha hablado en los últimos tiempos si es sostenible el actual sistema de pensiones, especialmente después de que el Gobierno decidiese subir todas las prestaciones un 8,5% para ajustarlas con el incremento del IPC. Los vigueses, como todos, han visto aumentadas las pensiones que perciben del Estado, un aumento que ha sido progresivo en los últimos años, pero nunca había dado un salto tan grande. Lo que más llama la atención, no obstante, es precisamente la evolución del número de personas que perciben una prestación, aumentando por tanto la presión sobre el sistema. En el año 2011 había 56.584 vigueses que vivían de una paga del Estado. Esa cifra ha ido aumentando progresivamente hasta llegar a los 64.558 actuales. Es decir, el número de pensionistas ha aumentado más de un 14% en una década. El motivo es evidente: el envejecimiento poblacional aboca a las arcas públicas a tener que afrontar durante más años las pensiones de jubilación de las personas, pues la esperanza de vida ha ido creciendo con el paso del tiempo.

El importe medio actual que cobran los pensionistas vigueses, antes de que llegue esa última subida del 8,5% anunciada por el Gobierno, es de 1.205,23 euros, casi trescientos más que hace más de una década. La evolución ha sido continuada a lo largo de los años, y hay que tener en cuenta que para hacer esa pensión media se toma en consideración tanto los que más cobran como los que tienen prestaciones no contributivas y apenas superan los seiscientos euros.

Pero lo que continúa siendo dramático es la brecha de género. Porque pese a que el número de hombres y mujeres que cobran una pensión es prácticamente el mismo, la diferencia entre ellos y ellas es abismal. Mientras la prestación media masculina es de 1.400,77 euros, la femenina es de 1.024,22, es decir, una diferencia de casi cuatrocientos euros. El motivo sigue siendo porque hay muchas mujeres que cobran pensiones de viudez o no contributivas, notablemente menores que las de jubilación, porque no han cotizado los años suficientes, ya que durante años lo tuvieron mucho más difícil que los hombres para hacerse un sitio en el mercado laboral. Y es también otra prueba de la desigualdad que tiene lugar en tantos ámbitos sociales y económicos.

Relacionado con esto, precisamente, son “ellas” las que ejercen en muchos casos puestos de trabajo sin ningún contrato laboral y que por tanto no permite cotizar a la seguridad social, como por ejemplo el cuidado de personas mayores a domicilio o la limpieza de hogares, donde en muchos casos los “empleadores” prefieren no establecer una relación contractual para ahorrarse las cuotas que hay que pagar a la Seguridad Social por estas trabajadoras.

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