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La travesía mexicana de Ledicia Costas

La escritora viguesa, invitada a la FIL de Guadalajara, se lleva un viaje para el recuerdo

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La travesía mexicana de Ledicia Costas. Cedidas

Pese a llevar una semana en México, Ledicia Costas no logra adaptarse al cambio horario que inevitablemente trae consigo todo vuelo trasatlántico. Quizá por ello a las seis de la mañana ya estaba despierta en su hotel –donde se aloja junto a una expedición de autores gallegos impulsada por la Xunta– atendiendo a FARO. Desde la capital de Jalisco, a la que ha acudido como invitada a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, la escritora viguesa combina “ocio con moito traballo” entre lágrimas –de felicidad– por una gastronomía que impresiona y visitas a cementerios de lo más interesantes. El jet lag no le ha impedido vivir al máximo “unha experiencia emocionante”, enriquecida con anécdotas de lo más diversas. Mucho menos en tierras de la antigua Nueva Galicia, en las que busca “abrir camiño”.

La mayor sorpresa quizá llegó cuando aterrizó sobre la perla tapatía. Allí, al entrar en una librería, pudo ver como algunos de sus ejemplares habían cruzado el charco antes que ella. “Foi emocionante”, reconoce, como también admite que lo es su primera vez en el país lationamericano que dirige Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

En una travesía plagada de aventuras, la autora de Escarlatina, la cocinera cadáver, Verne y la vida secreta de las mujeres planta o La balada de los unicornios ha pasado del cielo a los infiernos. De las alas con las que no dudó en sacarse una foto en un restaurante tras visitar los campos azules de agave –culpables de bebidas tan conocidas como el mezcal o el tequila– a los camposantos que tanto le inspiran en una tierra de afanado culto a la muerte. Una tradición tan distinta como diferente su gastronomía y que la escritora viguesa no dudó en probar hasta saciarse.

Imagen a las puertas de un restaurante. Cedida

“Saltan as lágrimas”, dice sobre lo que sintió al probar diversos bocados mexicanos, seguramente en una doble referencia a su sabor: “Absolutamente espectacular” aunque a veces se disipe con tanto picante, para ella mejor a parte. Y aunque todavía tiene pensado probar un plato tan costumbrista como lo es la torta ahogada, afirma que por otros no tan apetecibles como los chapulines (esos grillos y que allí se venden aderezados para ser comidos como pipas) sí que no pasa.

En Jalisco, Ledicia Costas se ha sumergido bajo un México que poco o nada tiene de parecido con Cancún o Yucatán, zonas masificadas a nivel turístico y empresarial. Al contrario, la “inmersión” que reconoce haber vivido la ha llevado a espacios de lo más inusitados, como la Preparatoria de Amatitán: un colegio en el que dio una charla tras ser recibida por más de 200 niños y niñas en la plaza del pueblo.

Un evento colosal

De ese pequeño lugar a la gigantesca Feria Internacional del Libro de Guadalajara existe un paso tan grande como abismal es la cantidad de escritores que mueve anualmente. Invitada a esta celebración masiva que rinde homenaje a la literatura de todo el planeta, allí –entre cientos y cientos de metros cuadrados– pudo compartir sus impresiones con otros colegas de profesión, estableciendo “lazos persoais e comerciais” más que necesarios y apreciados en un sector dinámico y de constante movimiento. “Todos os editores foron moi xenerosos”, comenta Ledicia Costas al respecto, haciendo hincapié en la piña que se creó durante la convivencia de esas jornadas.

Impresionante camión de piñas en México. Cedida

Seguramente una de las anécdotas que más recordará una vez regrese –hoy acaba su viaje– sea cuando intervenía en dicho evento y, como de la nada, apareció la ministra de Trabajo y Economía Social y vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, que acompañada de la directora general de la FIL, Marisol Schulz, tomó asiento para escucharla atentamente. También haber coincidido con autoras como María Dueñas o Irene Vallejo. Y, cómo no, los 12.000 ejemplares vendidos de su thriller psicológico Infamia, noticia que recibió con los brazos abiertos desde la perla tapatía.

Costas interviniendo en la FIL, frente a Yolanda Díaz. Cedida

Era su primera vez en México, pero la autora viguesa –galardonada entre otros reconocimientos con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, el Premio de la Cultura de Galicia de Creación Literaria, o dos Premios Merlín– asegura que volverá. Y es que tras una visita de lo más provechosa –que también la llevó al mercado de Tonalá, Tlaquepaque o la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco– certifica que “aínda queda moito por ver”.

María Oruña sosteniendo una camiseta de los Leones Negros. Cedida

María Oruña y más gallegos en la expedición

Junto a Ledicia Costas, a la FIL también acudió la escritora María Oruña, articulista de FARO. La expedición de gallegos impulsada por la Xunta fue completada por otros reputados autores como El Hematocrítico, Víctor Mascato, María Maquieira y Xosé M. Figueiras. Oruña estuvo en un acto de la Universidad de Guadalajara (UDG) en la que recibió una camiseta del Club Deportivo Leones Negros como distinción.

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