Las viguesas que congelan sus óvulos para tener hijos en el futuro lo hacen a edad límite: 36 años

Es el máximo al que es probable obtener gametos femeninos de calidad | Las mujeres que deciden “parar” su reloj biológico mediante este técnica crecen un 145% en un lustro

Laboratorio de vitrificación de óvulos de la clínica de fertilidad IVI de Vigo.

Laboratorio de vitrificación de óvulos de la clínica de fertilidad IVI de Vigo. / Marta G. Brea

Hasta hace aproximadamente trece años, la congelación de óvulos era una técnica muy poco desarrollada y eficiente. A las mujeres no les compensaba apostar por ello porque solo uno de cada diez ovocitos sobrevivían y por tanto no podían utilizarlos en un futuro para ser madres. Afortunadamente, la técnica se ha ido desarrollando en la última década hasta llegar a lo que se conoce como vitrificación, un procedimiento realizado en el laboratorio que permite conservar en el tiempo los ovocitos de la paciente.

Con la vitrificación, los óvulos se conservan a 196 grados bajo cero en vapor de nitrógeno, garantizando su misma calidad en el momento en que vaya a hacerse uso de ellos, es decir, preservando la misma edad biológica que cuando fueron congelados. Esta técnica permite a las mujeres congelar sus propios óvulos para utilizarlos en un futuro y ser madres más tarde, es decir, “paran” su reloj biológico hasta que se sientan preparadas para tener un hijo.

El problema es que, tal y como confirman desde la clínica de fertilidad viguesa IVI, uno de los centros de referencia en Galicia de este tipo de procedimientos, la medida de edad de las mujeres que vitrifican sus óvulos en Vigo alcanza ya los 36 años, la edad límite a la que es más probable obtener óvulos de calidad, lo cual repercutirá por tanto en el futuro en el resultado de los tratamientos reproductivos si se decide hacer uso de estos gametos femeninos vitrificados.

Este dato precisamente confirma que el retraso en la edad de maternidad también se está haciendo patente en el aumento en las cifras de mujeres que recurren a la vitrificación de óvulos para contar con ese “seguro de fertilidad” que les permita ser madres en un futuro sin renunciar a serlo sin sus propios óvulos. Las viguesas que han apostado por preservar su fertilidad mediante la congelación de sus propios gametos ha experimentado un crecimiento anual del 38% y, en el último lustro, ese incremento fue del 145%, lo que demuestra la importancia que ha ido adquiriendo este procedimiento. Pero los profesionales advierten: es importante congelar los óvulos a la edad más temprana posible para optimizar los resultados, porque a partir de los 37 años, la fertilidad se va agotando.

Hay que tener en cuenta que todos estos datos se refieren a la vitrificación de óvulos por motivos sociales, es decir, aquellas mujeres que deciden congelar sus gametos para posponer la maternidad por temas económicos, porque todavía no han encontrado la pareja ideal o porque no tienen la estabilidad laboral necesaria. Pero hay que tener en cuenta que esta técnica también es muy recomendada en mujeres que padecen cáncer y que quieren ser madres. Antes de enfrentarse a un tratamiento de quimioterapia o radioterapia que pueda dañar su fertilidad, pueden vitrificar sus óvulos. En este sentido, las mujeres que padecen cáncer sí pueden congelar sus gametos en el hospital Álvaro Cunqueiro, pues el Sergas ha incorporado esta técnica recientemente a su cartera de servicios.

Respecto a las técnicas tradicionales de reproducción asistida, en las clínicas privadas viguesas, tal y como ha informado recientemente FARO, han advertido que cada vez son más las mujeres mayores de 40 años que recurren a la fecundación in vitro, pero precisamente a los 41 años alguien que quiere ser madre produce menos de un 20% de embriones cromosómicamente sanos y ese porcentaje se reduce al 13% en mujeres mayores de 42.

Todos estos datos, apuntan los especialistas vigueses, indican que la edad de la mujer es una variable “importantísima” a la hora de conseguir un embarazo evolutivo. La fecundación in vitro continúa siendo una de las más utilizadas, un proceso cuyo coste puede oscilar entre los 3.000 y los 5.000 euros, en función de múltiples variables, como la edad de la mujer, su estado de salud y, obviamente, la clínica en la que se realice el tratamiento.

Mínimo histórico de recién nacidos en la ciudad

La evolución demográfica de la ciudad ha marcado tendencias muy claras en las últimas dos décadas. Los datos han ido cambiando en función de los momentos sociales, culturales y económicos de cada época hasta llegar a 2021, cuando se han pulverizado todos los récords poblacionales tanto por abajo como por arriba. En primer lugar, nunca en la historia ha habido una cifra tan baja de recién nacidos en la ciudad: únicamente 1.722, casi mil menos que hace únicamente diez años.

Esto confirma uno de las grandes preocupaciones de estos tiempos: el desplome de la natalidad. Cada vez son más las parejas que deciden no tener hijos, tardan más en concebirlos o tienen un número menor que por ejemplo en los años setenta, década en la que se puede considerar que tuvo lugar el último baby boom que marcó un antes y un después a nivel demográfico. Desde entonces, todo ha cambiado: es muy raro ver familias con más de cuatro o cinco hijos.

Ya no es solo que la cifra de mayores de 64 años haya ido creciendo constantemente en los últimos tiempos, sino que Vigo ha marcado un récord de ciudadanos con 85 años o más: 11.862. Por poner un poco en perspectiva esta cifra, a finales del siglo pasado este guarismo no llegaba a 4.000. Y según apuntan los especialistas todo hace indicar que esos casi 12.000 mayores de 85 años que viven en Vigo hoy en día vayan a más.

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