El público vigués ya la escuchó como Sena en El holandés errante y como lady Macbeth en Macbeth, en el Otoño Lírico de 2018. La soprano Maribel Ortega regresa hoy al escenario del Teatro Afundación –a las 20 horas– para estrenar la temporada de Amigos de la Ópera de Vigo, otra vez, con Richard Wagner. Explorará la presencia de las figuras femeninas en su obra con el concierto “Wagner. Mujeres y diosas” .

–Cuando vino en 2018 con El holandés errante contaba que se estaba conociendo con Wagner, un autor con el que se sentía cómoda. ¿Cómo es su relación ahora?

–En medio de estos cuatro años, hemos tenido dos de poca actividad y poca relación con cualquier compositor. A Wagner siempre le tengo respeto, voy a acercándome muy lentamente. En España no hay muchos sitios donde se programe. Es precisamente en Galicia y Asturias donde he tenido mis encuentros más importantes con él. Me gustaría que mi relación fuera más intensa.

–¿Cómo es la figura femenina en la obra wagneriana?

–Wagner trasladaba a sus heroínas todo aquello que él anhelaba en la vida real. Él aspiraba a una felicidad y a sentir un amor puro como el de una madre a sus hijos o el divino. Tuvo muchas relaciones, era un romántico. De hecho, del idilio que mantuvo con Mathilde Wesendonck salieron estos lides [”Wesendonk Lieder”, que interpretará hoy]. Para él era la máxima pasión y lo trasladaba a lo que escribía en ese momento. La figura femenina en su obra es su relación personal con la mujer trasladada a la música. Las mujeres están caracterizadas por esta entrega total, ese amor puro. Casi todas son muy muy valientes, son como guerreras. Por ejemplo, cantaré “Dich teure halle”, de Tannhäuser, inspirado en Santa Isabel de Hungría. Es un ejemplo de mujer integra, entregada, que muere por hacer justicia. Un amor místico que se refleja casi siempre en la mujer y el sacrificio. Él plasma el amor que ansía vivir en sus heroínas. Es idílico como él lo proyecta. Maneja mucho conceptos como la redención, morir por amor, la liberación...

–Entre todas estas figuras femeninas, ¿sería capaz de escoger una como su favorita?

–Complicado [se ríe]. A nivel vocal me gustaría interpretar alguna vez en mi vida a Sieglinden de La valquiria, porque la música es muy bonita, pero lo que para mí es una obra suprema es el final de Tristán e Isolda, la muerte de Isolda. Es de poner el bello de punta, de llorar. Hay una filosofía y una profundidad que está muy relacionada también con ese amor profundo que ansía. Todas tienen algo, pero igual me quedo con Senta [de El holandés errante] que se adapta muy bien a mi voz. Más que a nivel vocal, admiro a Wagner por la música orquestal, esos ambientes que crea que te zambulles en olas de pasión. Te transporta, es una música muy elevada.

–¿Cómo podría resumir la esencia de lo que le espera al público vigués en esta cita?

–En primer lugar oiremos tres piezas que son poco conocidas [”Trois mélodies”]. Son melodías muy pegadizas, muy livianas, que se contraponen mucho a lo que viene después, muy profundo, para lo cual hay que estar muy concentrado y cerrar los ojos [Los “Wesendonck Lieder”]. Empezaremos a entrar en ese universo que representa Wagner en sus óperas porque fue una época en la que él escribió el final del primer acto de La valquiria y estudios sobre Tristán e Isolda. En la segunda parte hay una representación de tres heroínas: Elizabeth de Tannhäuser; Brunilda de Siegfried, la diosa hecha mujer, un personaje semihumano; para acabar con la sublimación extrema que es Isolda. Creo que lo más profundo, lo más difícil o lo más denso a nivel filosófico y emocional son los lieder.