Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Vigo, la nueva musa del trío de Devon

Muse supera las altas expectativas y pone el broche de oro a un verano musical para la historia

31

Muse, una descarga de rock en Balaídos (con himno británico incluido) Alba Villar

Dos grandes pantallas se encienden. Entre cálidos tonos y sonidos rocosos puede verse a través de ellas cómo varias personas consiguen derribar el monumental rostro de una escultura que pronto yace en el suelo. Miles de asistentes llevan su voz al límite cuando cae y a su paso sale la primera de las 22 canciones que ayer Muse hizo tronar en Vigo. “The will of the people, the will of the people, the will of the will of” da la bienvenida en cuatro ocasiones, mientras las llamas inundan un escenario con el termómetro más que roto: quién sabe si por la temperatura que allí hacía o debido a los metaleros acordes que explotaban como fuegos artificiales.

Al fondo, una estructura ardiendo con las letras WOP (acrónimo del tema que suena y la última gira de la banda británica). Más cerca, algo oculto por el humo que poco a poco se desvanece en el aire, el trío de Devon rockanroleando bajo las mismas máscaras y sudaderas (algo tétricas y tirando al lado más oscuro) que visten los rebeldes de su vídeo en Youtube. De los tres millones de visitas que llevan en tres meses, 17.000 al menos son de los espectadores que este jueves disfrutaron, gritando y saltando, del concierto organizado por la Xunta de Galicia en el Estadio Abanca Balaídos.

Así sonó Muse en Balaídos

Así sonó Muse en Balaídos Alba Villar / Jorge Garnelo

Muse, que superó expectativas y arrasó en el brutal show patrocinado por el Xacobeo, puso el broche de oro a un verano rítmico que pasará a la historia, después de que reconocidos grupos y artistas como Sting, C.Tangana, Dani Martín, Raphael, Hombres G, Leiva, Sebastián Yatra, Quevedo, Joan Manuel Serrat, Love of Lesbian, Quevedo o Tanxugueiras hayan visitado la ciudad olívica a lo largo de las últimas semanas.

Calcando el inicio de otras actuaciones por Europa, tan esperado como sorprendente, Matt Bellamy (voz y guitarra), Christopher Wolstenholme (bajo y coros), Dominic Howard (batería) pasaron de graves a agudos con su antojo como criterio, dando fe de la basta experiencia que acumulan: 28 años conduciendo esa gran montaña rusa de emociones que sube y baja al ritmo de su tremenda música. Cuando, donde y como ellos quieren.

Sonaba su segundo hit en el campo del Celta y las máscaras ya estaban fuera de juego. Un breve Interlude precedía a la Hysteria con un “Cause I want it now, I want it now, Give me your heart and your soul” que el vocalista de Cambridge proyectaba al público desde los casi 100 altavoces instalados en el inmenso recinto. Un espacio que brillaba bajo más de 470 focos de gran potencia por si las incontables deflagraciones que arreciaban no fuesen suficiente.

Sobre una tarima consagrada por mitos como The Rolling Stones, Metallica, Guns N’ Roses o Red Hot Chili Peppers, Muse hizo de las suyas y conquistó la ciudad olívica al compás de Psycho, Pressure, Thought Contagion, Supermassive Black Hole o Plug in Baby. También hubo tiempo para presentar su nuevo álbum (Will Of The People) y además del tema que abrió la velada del año pudieron escucharse ComplianceKill Or Be Killed  o Won’t stand down.

38

Aquellos maravillosos conciertos que pusieron Vigo en pie Hilda Gómez

Precisamente a raíz de esta última canción una siniestra máscara gigante surgía de la nada, acompañada de nuevos fogonazos que en primera fila no permitían distinguir la noche del día. Millares de manos en el cielo, agitadas violentamente por los espectadores, de arriba a abajo, coincidían entonces con el impresionante rango vocal de un Bellamy apoteósico.

En un día triste para los británicos por el fallecimiento de la reina Isabel II, la banda se impuso a las peores noticias y, tras tocar su himno nacional para recodarla, logró sacar adelante un concierto inigualable al que asistieron personas de todos los perfiles. Desde mayores a jóvenes, pasando por gallegos e incluso gente de Portugal y otras partes del mundo que se desplazó hasta Vigo para disfrutar de esta exclusiva cita. Una velada mágica con un ambiente festivo más propio de agosto que de septiembre.

Las capuchas negras con las que había comenzado el trío de Devon hacía tiempo que no les acompañaban sobre el escenario. En su lugar, los rostros y gestos de una banda enamorada con lo que hace. Ya fuera con los ojos cerrados o miradas concisas, agarrando el micrófono o la guitarra, percutiendo o haciendo sonar el mejor bajo que ha escuchado Vigo este año, los asistentes se embriagaron de la acústica musiana. Esa que hace casi tres décadas nació en un pequeño pueblo del sur inglés (Teignmouth) y hoy es conocida en todo el planeta.

“Bury it, I won’t let you bury it, I won’t let you smother it, I won’t let you murder it”, gritaba el líder de la banda, mientras el tiempo se acababa con Time is running out y el público coreaba “You can’t push it underground, You can’t stop it screaming out”. En pleno ecuador del concierto, Madness también se hizo un hueco para instalar la locura entre la M-m-m-m-m-m-m-masiva cantidad de gente allí repartida. Cuando quisieron darse cuenta, Muse ya había tomado a Vigo como su particular musa, usando la ciudad para dar un recital melódico que quedará en el recuerdo de muchos.

21

Así se vivieron las horas previas al concierto de Muse en Vigo Alba Villar

Con las agujas del reloj en continuo movimiento –como todo Balaídos al unísono– llegó Uprising, que no hizo más que levantar a unos oyentes ya de por sí entregados. Y por si con la sensacional puesta en escena no bastase, Bellamy tiró de futurismo y la improvisó con un guante más parecido al puño de Thanos que a cualquier instrumento. El artilugio, propio del videoclip de Behold, The Glove, canción con la que se inicia antes en este nuevo paradigma musical, duraría lo justo hasta ser reemplazado al rato por un micrófono con el que despuntaría en otro clásico como Starlight.

El concierto de la banda británica, vieja rockera del 94, culminó –como algunos pronosticaban y muchos deseaban– con Knights of Cydonia: un final feliz de más de seis minutos para deleite de pista y gradas. “No one’s gonna take me alive, Time has come to make things right, You and I must fight for our rights, You and I must fight to survive”, sonaba en las que eran las últimas frases que pudieron escuchar los cientos de espectadores a los que arropaba el estadio del conjunto celeste.

Tras ello, un combo acústico despertó aplausos agradecidos que llegaron por parte de los aficionados, que se despedían entre chirridos eléctricos de guitarra, las cuerdas de Wolstenholme y el rompedor estruendo de los platillos que aporreaba magistralmente Howard. Se hizo el silencio y con él llegó el adiós del grupo, que ondeó la bandera de Galicia por lo alto de la pasarela que conectaba escenario y público. Habrá que ver cómo se supera esto el año que viene.

Ritmo anglo-olívico para calentar el ambiente

Antes de que diese comienzo el esperado concierto de Muse, que arrancó a las 22.15 horas, calentaron el ambiente dos grupos que, a base de ritmo anglo-olívico, fueron llenando Balaídos según se acercaban los de Devon.

Por separado, primero fue el turno de las extravagantes Killer Barbies, banda de punk rock formada en Vigo por Silvia Superstar (antigua cantante de Aerolíneas Federales) y Billy (exbatería de Los Cafres). Después de su brillante actuación tocó Years & Years, un trío británico de música electrónica formado en Londres y que es liderado por Olly Alexander.

Compartir el artículo

stats