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Faro de Vigo

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Gran Vigo

La nueva ley educativa vacía las aulas de academias, con un 90% de alumnos menos

El gran descenso del volumen de trabajo, por la supresión de las pruebas de recuperación en la ESO, hace que los centros operen sin rentabilidad o incluso cierren en julio y agosto

Alberto Vidal, director de Academia Vidal, en un aula de su centro. JOSÉ LORES

Aulas prácticamente vacías, algunas incluso cerradas, y una significativa avalancha de despidos. Son las sensaciones que deja este verano la Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre por la que se modifica la LOE de 2006: conocida coloquialmente como Lomloe o Ley Celaá. La supresión de las recuperaciones en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y el adelanto de las pruebas extraordinarias de Bachiller y las de acceso a la universidad (EBAU) han provocado un déficit de alumnos en las academias que en algunos casos se dispara al 90%, destruyendo decenas de empleos y paralizando parte de la actividad formativa de Vigo... Ahora menos necesaria. O al menos demandada.

Los meses de julio y agosto están apretando con fuerza a un sector que antaño parecía intocable. Las pequeñas empresas que preparan a miles de jóvenes durante el descanso estival –a aquellos que han descansado de más durante el curso o que han tenido dificultades para sacarlo adelante– atraviesan una situación crítica, caracterizada por la escasa o nula rentabilidad que extraen de sus horas entre pizarras y libros.

Algunas ya se arrepienten de haber abierto, otras admiten sin tapujos estar cerradas. El nexo común es que todas critican la nueva legislación del Gobierno central que se ha llevado por delante, a sus ojos, la cultura del esfuerzo y el sacrificio que antes preponderaba en los institutos. A ello suman que la misma, en un país –como España– con uno de los mayores índices de fracaso escolar –el segundo de la Unión Europea en 2021–, está tapando de manera “fraudulenta” los malos datos nacionales a costa de una bajada en la calidad educativa.

Para Xosé Manuel Carrera, director de Academia Universitaria, la Lomloe o Ley Celaá es un intento de “maquillar cifras” que le está pasando factura a su negocio, pero también a los estudiantes. “Hemos pasado de 80 a 10... Si llegamos es un milagro”, comenta sobre el detrimento que han experimentado este verano respecto al anterior. Una caída de la que esperan recuperarse en septiembre: hasta este año paradójicamente el considerado “mes malo”.

Como consecuencia, el empleo ha sufrido de forma drástica en su centro. Si a lo largo de 2021 llegaron a tener entre ocho o nueve trabajadores, este 2022 están solo dos personas. “Los ingresos se reducen a la mínima expresión”, destaca, a la par que ha disminuido el interés de muchos padres a la hora de que sus hijos aprendiesen. “Al no tener una meta… ¿Para qué los van a matricular en una academia?”, se plantea el profesional en este sentido.

Igual que él piensa Agustín Acuña, director de Academia Atenas. “Llevamos 26 años trabajando y es el que más han descendido los alumnos”, reconoce. “La mayoría de la gente se ha quedado en casa”, agrega, apuntando que han tenido que mandar al paro a gran parte de su plantilla. También eran bastantes, entre nueve o diez, y ahora son dos. “Es una cosa que es triste pero es así”, sentencia sobre esta potente rebaja de estudiantes que sitúa en torno al 90 o 95%.

A su parecer, la Lomloe es “un desastre de ley” en la cual no se ha tenido en cuenta a las ANPAS y que fomenta el mínimo esfuerzo. “Al ser más fácil para ellos es mucho más complicado para nosotros”, dice, manifestando que están abiertos “para mantener las puertas” pero en verdad no les está compensando económicamente. En relación a los próximos meses, no obstante, se ve optimista. “De cara al curso retomaremos nuestro nivel habitual”, augura, evidenciando que peor que en estos momentos no podrá ser.

Solo entre ambos centros han perdido más de una docena de trabajadores de un verano a otro. “No es rentable. Si esto sigue así para el año habrá que pensar otras cosas”, dicen. El nuevo fenómeno también lo han sentido en la Academia Vidal. Su director, Alberto Vidal, reconoce que estos meses han sido más flojos de lo normal y nuevamente deposita su confianza en septiembre. “De ser una época fuerte ha pasado a ser la peor época del año”, resume. En su caso también han perdido a nueve de cada diez alumnos, pasando de tener las aulas completamente llenas (sobre 60 personas en cada uno de sus centros) a contar solo con seis o siete. El profesorado, por su parte, ha caído de cinco a dos.

Otros negocios vigueses, como Academia Abelardo, ya optaron por bajar la verja este estío ante el menor número de llamadas que registraron para contratar sus servicios. “Estaba a expensas de cómo iba todo y al final decidí cerrar”, cuenta el profesional, remarcando que no le compensaba permanecer abierto con los pocos estudiantes que quedaban. Según su opinión, la normativa impulsada por la exministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, “está facilitando dar más aprobados generales”, algo que afecta a su presente pero que también repercutirá en nuestro futuro.

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