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Faro de Vigo

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El temor a robos violentos en verano dispara la instalación de alarmas en viviendas

Las empresas de seguridad tienen cada vez más demanda en el rural | Propietarios de segundas casas siguen contratando vigilancia por el miedo a las okupaciones

Una casa en Coruxo con un sistema de alarma instalado. Marta G. Brea

La demanda de instalación de sistemas de seguridad en los hogares es un fenómeno marcadamente estacional. En períodos vacacionales como Semana Santa, Navidad y especialmente verano, cuando la gente pasa más tiempo fuera de casa, es cuando se preocupan más por proteger sus pisos, apartamentos o casas. Fe de ello dan las propias empresas de seguridad de la ciudad, que están recibiendo desde el inicio del verano llamadas diarias pidiendo información y presupuestos para la instalación de alarmas en viviendas.

“Lo que más nos están pidiendo ahora es la instalación de alarmas con cámaras para las primeras viviendas, especialmente por el temor a robos con violencia. La gente pasa mucho tiempo fuera de casa y tiene miedo a encontrarse cuando vuelvan con algún intruso en casa y salir herido”, explica Marcos Filgueira, gerente de la empresa viguesa de seguridad Cubesystem. Precisamente es necesario remarcar la contratación de alarmas por el temor al robo con violencia, porque normalmente el hurto de una televisión y otros objetos sin mediar coacción o agresión por medio está cubierto por el correspondiente seguro del hogar. Pero la violencia provoca importantes consecuencias psicológicas en el propietario, y por eso no quiere enfrentarse a ello y prefiere prevenirlo con la instalación de seguridad.

Las empresas del sector además están advirtiendo que ya no solo se están contratando alarmas y videovigilancia en las zonas del centro y de la playa, sino también en el rural. “Cada vez tengo más clientes de zonas que se pueden llamar obreras”, asegura Marcos Filgueira. Este profesional de la seguridad apunta que la presencia de policial en el rural es menor que en las zonas más pobladas, por lo que en barrios y parroquias como Matamá o Lavadores cada vez se están instalando más alarmas.

También se sigue demandando vigilancia en las segundas viviendas, es decir, las casas o pisos que están deshabitados buena parte del año, para evitar que sean okupados. En estos casos, también se instalan alarmas con cámaras. “El miedo a la okupación es un fenómeno que siempre está ahí”, reconocen las empresas de seguridad viguesas.

Y, tal y como avanzó FARO hace unos meses, cada vez son más las comunidades de vecinos que están instalando videovigilancia en las zonas comunes para evitar la entrada de intrusos: en el portal, en el garaje o en los distintos accesos peatonales. Pero los okupas no son el único motivo que lleva a una comunidad a poner vigilancia. También la proliferación de pisos de uso turístico preocupa al resto de inquilinos. La rotación constante de personas que provocan este tipo de alquileres vacacionales y el mal uso que en muchos casos hacen de las zonas comunes, al desconocer las normas básicas del edificio, también lleva a la instalación de cámaras de seguridad, que permitirían la identificación de las personas que provocan algún daño para una posible denuncia.

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