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EL RINCÓN QUE MARCÓ A...
High Paw

Liñares, música más allá del centro

Una de las cantantes gallegas actuales con mayor proyección ensarta el relato de su infancia y reflexiona sobre los temas más candentes en el mundo del arte

La cantante de reggae y rap High Paw, en el torreiro de Liñares. / MARTA G. BREA

En la casa familiar de Paula Herrero (Vigo, 1993) siempre se han cantado los cumpleaños a voces. No a gritos, sino con armonías más complejas que su madre, su padre, su hermano y su hermana elaboran con sus cantos. Los discos de Getz y Gilberto, Otis Redding, Marisa Monte, María Callas, Miguel Ríos o Bob Marley también ayudaron a construir, en su infancia, un imaginario sonoro que hace que le resulte complejo señalar un antes y un después en su vinculación a la música. Gracias a la visita a Castrelos en 2003 del famoso saxofonista de James Brown, Maceo Parker, uno de sus discos cayó de rebote en sus manos: “Tiña dez anos e, claro, quedei flipada. A min sempre me moveu algo para escoitar música. Ter todos estes proveedores de referencias dende pequena foi fundamental para ser hoxe quen son”. ¿Y quién es? Una de las jóvenes voces gallegas llamada a liderar la escena underground y que está cómoda tanto en lo jamaicano como en el hip-hop, sin olvidarse de cualquier música negra.

Recuerda que la guitarra de su padre ocupó siempre un lugar importante en aquella casa de Liñares (San Miguel de Oia) que habitaron durante doce años. Al margen de la voz, que la lleva siempre puesta, aquel fue el instrumento al que le sacó su primer sonido y sobre el que empezaría a componer sus propios temas.

Paula Herrero cantando con su madre en una de sus primeras fotos de la infancia. / CEDIDA

Pero antes de todo eso, High Paw fue “unha nena afortunada” que, a pesar de haber nacido en la ciudad más populosa de Galicia, creció “entre campos de millo” y disfrutando en una de las parroquias genuinamente rurales de Vigo. Quizás esos valores y la libertad que promueve la vida en el campo hayan influido en su actitud contestataria frente a un mundo posmoderno. Como persona y como artista, algo difícilmente divisible en su caso: Envoltas no fume católico / cheira a masacre o seu rigor histórico / especialmente tóxico é nas aulas. / Cal é o futuro ensinando así? / Tiven que desfacer o que aprendín, dispara a bocajarro en una de sus últimas letras junto a los Elephants.

"A responsabilidade social do artista non pode ser esixida. Ten que saír das persoas ”

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Y es que su voz virtuosa no lo es solo en la forma. Su visión crítica de la vida la llena de un contenido que pretende romper marcos mentales. Delante y detrás del micrófono. Muchos de estos temas humanos atraviesan sus letras. La responsabilidad social del artista, por ejemplo, es uno del que le gusta hablar: “A quen temos un micrófono diante esíxesenos máis. Creo nesa responsabilidade, pero ten que nacer das persoas. Todas deberiamos selo, non só as que nos subimos a un escenario. Como artista só tes que ser responsable coa túa arte”.

La artista viguesa en uno de los primeros conciertos en los que actuó. / CEDIDA

Sobre esto último, High Paw ha reflexionado bastante. Aunque también se reconoce como rapper, su escena por antonomasia es la de la música jamaicana. En este punto, la pregunta brota por necesidad: ¿Cómo se hace música del Caribe a siete mil kilómetros de distancia sin desvirtuar su esencia? El concepto de apropiación cultural, dice, es, de entrada, subjetivo, pero apunta sus claves para entenderlo y capearlo: “Como persoas brancas pertencentes a unha cultura hexemónica, temos que ser conscientes de que non podemos formar parte dese relato único. Se invisibilizamos todos eses elementos dos que nos apropiamos ou os empregamos só na estética sen entender de onde veñen, somos parte activa na construción desa historia única”.

“Interésame todo o que vai medrar das identidades disidentes na arte”

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En ese sentido y sobre la escena en la que se mueve, Paw tampoco se guarda las críticas: “Para ser underground está a beber demasiado dunha industrialización máis propia dos Estados Unidos cando deberiamos ver o noso propio contexto, que é ben diferente”. Pero en la crítica también construye esperanza. Le parece interesante todo el arte latente. Todo lo que es en potencia: “Xente que aínda non fixo cousas. Como un montón de mulleres, identidades disidentes ou, sinxelamente, persoas que non encaixan na norma”. Pone de ejemplo la expansión de la música de O Rabelo: “Está a remexer a escena do hip-hop porque mestura rap, reggaeton e tradición. Pero logo tamén fai vídeos de divulgación sobre as estruturas das violencias sistémicas e de como se castigan certas actitudes e outras se premian. Iso incomoda moito á xente normativa. Consegue sacudir todo iso”.

La cantante de reggae y rap High Paw, en el torreiro de Liñares MARTA G. BREA

La reflexión de Herrero retrotrae a Gramsci y desemboca en la necesidad de elaborar un nuevo abanico de referentes contrahegemónicos. Condición sine qua non para seguir la construcción de ese relato cultural e histórico disidente del que forma parte. Si ella no hubiese visto nacer en su propia ciudad a figuras como_Wöyza o Seilaesencia, quizás nunca hubiese cogido una guitarra, escrito una letra o cantado una canción.

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