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Faro de Vigo

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Comerciantes ven en el apagón de escaparates más inseguridad para las calles peor iluminadas

Propietarios y empleados muestran su concienciación con el ahorro energético pero creen que el nuevo plan afectará a nivel económico

Pablo Alonso, propietario de Alfar Vigo, sito en la calle Hernán Cortés, tras su escaparate. Marta G. Brea

El nuevo plan de ahorro energético del Gobierno central, aprobado este lunes por el Consejo de Ministros y que estará vigente hasta el mes de noviembre de 2023, afectará a diferentes inmuebles –comercios, restaurantes, grandes almacenes, cines, hoteles o edificios públicos– que deberán adaptarse a las remodeladas directrices de consumo, entre las que destacan marcados topes en calefacción (hasta 19 grados) y ventilación (27 grados), así como la instauración de sistemas de cierre automático de puertas en los locales climatizados, o el apagón de los escaparates a partir de las 22.00 horas.

Desde Vigo, distintos comerciantes que atienden a FARO evidencian su concienciación a la hora de respetar las medidas, si bien son críticos con las mismas y remarcan –entre otros aspectos– que el bajón de luces en las calles se notará: haciendo que la gente se retire antes a sus hogares, no pase por aquellas que estén insuficientemente iluminadas, e incluso generando más inseguridad.

“Si apagan los escaparates, que es lo que le da un poquito de luz a la calle, yo por ahí no pasaría”, reconoce Beatriz Gómez, dueña de Informática Profesional Seis –situada en el 31 de la Calle México–. Aunque admite que en su negocio no notarán mucho los cambios, pues las bombillas que tienen en sus expositores dejan de brillar sobre las dos de la tarde, y además no tienen aire acondicionado –solo un pequeño ventilador– ni calefacción, la propietaria considera que se ennegrecerán los espacios públicos más pronto y generarán “mucha inseguridad”, especialmente en aquellas calles que ya de por sí oscuras. De igual modo, indica que las limitaciones pueden perjudicar económicamente a los pequeños empresarios, recordando que “el escaparate no es para adornar, sino para exhibir determinados productos”.

Desde Lienzo Decoración –en el 29 de Urzáiz–, María Luisa comparte que “si se apagan todas las luces de los escaparates la calle se quedaría completamente oscura”. Junto a su compañero Moisés Fernández, quien considera que a las tiendas no son a quien hay que dirigir estas medidas exclusivamente aún admitiendo que en los casos de derroche es normal que se apliquen, manifiesta que “a lo que más le puede afectar” el apagón de escaparates a que se incremente la inseguridad, haciendo la ciudad más “triste” y contribuyendo a que la gente se retire antes a sus hogares. También que podría afectar al turismo.

Para Pablo Alonso, encargado de Alfar Vigo –en el 4 de Hernán Cortés–, adaptarse a la eficiencia energética le parece bien y de hecho este martes compró unos temporizadores a fin de acondicionar su negocio a las medidas entrantes. Recalcando que en fechas como Navidad igual sería más conveniente que el apagón pudiese atrasarse un poco más –dice hasta las 23.00 horas–, recuerda asimismo que “si no hay luz no se puede vender”. “Algo de pérdidas de ventas tendremos, espero que no sea mucha”, incide, destacando que su calle apenas está iluminada y quizá ennegrecerla más podría hacer que aumentase la inseguridad: “Lo que sí hará es que la gente no pase por ella”.

“No” a la imposición

A ojos de Armindo Areal, propietario del restaurante Cúrcuma – en el 4 de Brasil–, el ahorro energético no debe pasar por la imposición. “Cada autónomo ya sabe lo que tiene que hacer porque nos va en el dinero”, indica, resaltando que no les hace falta que lo diga “Pedro, ni Josefa, ni nadie”. Sobre si la regulación térmica perjudicará al cliente, cree que no va a influir”, como sí lo hará “el menor poder adquisitivo”.

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