Francisco Paz es de Padrón, pero hace unos años se mudó a Vigo de donde es su pareja. El amor le trajo a la ciudad olívica, y en concreto al barrio de O Calvario, una zona en la que había muchas mascotas, "pero en la que faltaban servicios para ellas", asegura este gallego, amante de los animales. Así que decidió abrir un establecimiento de alimentación, accesorios y complementos para cubrir las necesidades de estos seres de compañía.

La tienda de Francisco Paz está en O Calvario.

Interzoo Vigo abrió sus puertas hace tres años en la calle Sagunto, "y enseguida, la relación con los clientes fluyó hasta el punto de convertirse en amigos, casi en familia", asegura. Él está muy a gusto en el barrio y con respecto a la rentabilidad de su negocio, "para los tiempos que corren, no me quejo". Cuando abrió, estaba él solo al frente de la tienda, pero en verano de 2020 incorporó a la plantilla a un nuevo y especial compañero: el loro Álex.

Álex es uno más en la tienda de productos para mascotas.

"Fue adoptado. Era de un amigo, pero el entorno en el que vivía no le favorecía, y tenía un problema de estrés", recuerda Francisco. Debido a esta afección "se arrancaba las plumas, y cuando llegó, parecía un pollo de supermercado desplumado", se lamenta. Dos años después, este Yaco Africano -que así se llama la especie- ya ha recuperado casi todo su plumaje, "aunque aún tiene alguna zona calva, por ser animal muy sensible", apunta.

Álex es un loro gris, de cola roja y pico negro, y tiene siete años, "aunque viven hasta los 50 ó 60", matiza su compañero de tienda. Además de esos rasgos físicos, este tipo de aves se caracteriza por su elevada inteligencia y por su capacidad de memorización y repetición de palabras. En este aspecto, Álex, que debe su nombre al primer loro de la historia domesticado, cumple a la perfección con las particularidades que se le atribuyen a su familia.

Álex es la alegría del barrio de O Calvario.

EL PRIMER ALEX

En junio de 1977, ALEX, un joven loro gris africano (Psittacus erithacus) de 13 meses llegó a la Purdue University, en West Lafayette, Indiana. El yaco había sido escogido de un aviario de las cercanías de Chicago no por sus cualidades, sino completamente al azar. Nada más llegar al laboratorio recibió el nombre de ALEX, cuyas iniciales se corresponden con Avian Learning EXperiment (Experimento de Estudio Aviario). Estaba a punto de comenzar una de las más apasionantes experiencias ocurridas en el ámbito de la ciencia que se dedica al estudio de la inteligencia animal. Este loro gris africano fue objeto de experimento durante treinta años (1977-2007) por parte de la psicóloga animal Irene Pepperberg, inicialmente en la Universidad de Arizona y más tarde en la Universidad de Harvard y en la Universidad Brandeis. Irene Pepperberg compró a ALEX en una tienda de mascotas ordinaria, cuando el loro tenía aproximadamente un año de edad.​ Antes de su trabajo con ALEX, la comunidad científica creía que los loros no eran inteligentes y solo podían usar palabras por imitación, pero los logros que alcanzó durante el experimento concluyeron que los loros podrían ser capaces de decidir a un nivel básico, y utilizar palabras de uso frecuente creativamente. Pepperberg escribió que la inteligencia de ALEX estaba a la par con la de los delfines y la de los grandes simios. También dijo que tenía la inteligencia de un niño de cinco años y que no había utilizado todo su potencial hasta el momento de su muerte. Aseguró además que el loro tenía el nivel emocional de un niño de dos años en el momento de su muerte.

"Se deja acariciar por todo el mundo"

Pero, en lo que se refiere a la relación con los demás, este peculiar vecino de O Calvario se sale del patrón que suelen seguir los de su especie. "Su comportamiento es contrario al habitual de los loros, que solo respetan el vínculo que tienen con su humano de referencia, y rechazan cualquier interacción con el resto de la gente", asegura Francisco. Y es que Alex reclama la atención de cuanto cliente cruza la puerta de la tienda, y no para hasta que acude a su llamada. "Es muy cariñoso, sobre todo con los niños, y le encanta que lo acaricien, algo muy raro en este tipo de animales. Se deja acariciar por todo el mundo. Si entras en la tienda, es obligatorio acercarse a él, porque no parará de avisarte hasta que lo hagas". Según el dueño de la tienda, a veces se forman colas de pequeños vecinos del barrio solo para ver al loro, "y yo les doy un cacahuete a cada uno para que se lo den a comer. Es un juerguista y viene gente de toda Galicia solo para verlo", asegura.

Alex es casi un dependiente más de la tienda.

Cuando adoptó al loro, éste ya decía algunas palabras, como el grito que más se escucha cada jornada de Liga en Balaídos: '¡Celta!' . Un camino recorrido que Francisco aprovechó para "jugar con él y picarle un poco". Así que, un día decidió decirle 'Dépor', "y, ahora cada vez que lo hago, me responde '¡Celta!'; podemos estar así un cuarto de hora seguido", asegura. Así lo demuestra en los vídeos que grabó a su inteligente mascota, y que acompañan a esta información, en los que además de mostrar su pasión celeste, imita el sonido de varios animales, como el del perro, el gato, la gallina, el caballo o la vaca.

"Es muy cariñoso, sobre todo con los niños, y le encanta que lo acaricien, algo muy raro en este tipo de animales. Se deja acariciar por todo el mundo. Si entras en la tienda, es obligatorio acercarse a él, porque no parará de avisarte hasta que lo hagas"

El repertorio sonoro de Álex va desde los silbidos rítmicos cuando escucha una canción que le gusta, mientras menea su cuerpo para bailar -se muestra en el vídeo-, hasta palabras sueltas que ha ido aprendiendo como buen relaciones públicas que es. Cualquier visita, sea de algún cliente, curioso, niño, jubilado o vecina, la recibe con un '¡Hola!' o un '¡Guapo!', algo que ha encandilado a todo el barrio. Eso sí, "los días de lluvia no está muy animado", puntualiza su dueño, que asegura que a Álex solo le gusta el sol.

Lejos de lo que ocurre con los animales de su especie, al loro Alex le encanta que la gente se acerque y lo acaricie, como demuestra esta imagen en la que posa con una vecina del barrio.

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Su próximo reto, para el alcalde

En los momentos muertos, Francisco comparte tiempo con su 'compañero de trabajo' para enseñarle más palabras. Sus esfuerzos ahora se centran en esta expresión: "¡Feliz Navidad!'. Aún no la sabe decir, "porque cuando se trata de frases, tarda tiempo en aprenderlas. Yo le pregunto: '¿qué dice Abel?' (en alusión al alcalde), y en cuanto aprenda a responderme, invitaré a Caballero para que lo conozca en persona", anuncia su dueño, orgulloso.