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Faro de Vigo

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El juez imputa robo con sumisión química en el caso de los falsos médicos del COVID de Vigo

Cuatro ladrones drogaron a un matrimonio de ancianos: el posicionamiento de su teléfonos y el ADN los delatan | También les engañaron para que retiraran 33.800 euros del banco

Foto de archivo de sanitarios en la época dura de la pandemia . // FDV

El estricto confinamiento al que obligó el COVID tras estallar la pandemia provocó un desplome de la criminalidad en Vigo. Uno de los delitos que más cayó fueron los robos en viviendas. Con los ciudadanos encerrados en sus domicilios para protegerse del virus y con las calles repletas de policías para controlar el cumplimiento del estado de alarma, los ladrones quedaban fuera de juego. Pero hubo un grave asalto en el que los delincuentes se aprovecharon precisamente de la crisis sanitaria para hacerse con un buen botín. Se trata del caso de los asaltantes que, simulando ser médicos y ataviados con batas blancas y mascarillas, lograron entrar en el piso de un matrimonio de ancianos de la Travesía de Vigo. Una vez dentro drogaron a las víctimas con pastillas, maniataron con cuerdas a una de ellas y lograron hacerse con valiosas joyas –dos relojes de oro Cartier, pulseras y anillos– y 5.000 euros en efectivo.

La investigación de este caso, que aún tendría una enrevesada segunda parte, acaba de llegar a su fin. El titular del Juzgado de Instrucción 2 de Vigo ha dictado un auto en el que ordena continuar la tramitación de las diligencias contra cuatro de los investigados, dos de ellos hermanos, a los que se atribuye la presunta comisión de un delito de robo con violencia mediante sumisión química en casa habitada. El juez concluye que todos ellos actuaron de “común acuerdo” mediante un “plan preconcebido” para cometer el asalto, dando traslado a la Fiscalía y a las acusaciones particulares para que formulen sus escritos de acusación de forma previa a que se decrete la apertura de juicio oral.

Ocurrió el 8 de abril de 2020. Los ladrones, relata la resolución, llamaron a la puerta del piso del matrimonio y se hicieron pasar por médicos, “simulando ser los profesionales sanitarios que anteriormente habían llamado para comunicarles que les llevarían una medicación a casa”. Vestían batas blancas y las mascarillas cubrían parte de su rostro. Aprovechándose de la “vulnerabilidad” de estos ancianos de casi 80 años de edad –el hombre padece además deterioro cognitivo–, lograron su objetivo: a la mujer la drogaron con unas pastillas y a su marido, tras maniatarlo, le exigieron que les dijese “donde guardaba el dinero”. Tras darle la víctima la información que querían, también le obligaron a ingerir fármacos sedantes, por lo que quedó “totalmente aturdido”. De esta manera, los asaltantes se apoderaron de joyas y dinero, así como de una cartera con documentación personal.

Las pruebas

El magistrado resume que hay distintas pruebas que constatan tanto el “acercamiento previo” de los investigados hacia las víctimas, como su ubicación “en un radio cercano” al piso en el momento de la comisión de los hechos: se trata de los informes de ADN, el análisis del posicionamiento geográfico de los teléfonos móviles de los imputados y archivos que había en la memoria de estos terminales.

Pero el robo no es el único delito que se atribuye en este caso. El juez considera que dos de estos ladrones, los que son hermanos, también cometieron presuntamente un delito de estafa continuada, una cuestión que enredó jurídicamente este procedimiento. Y es que desde un mes antes del robo y hasta tiempo después –enero de 2021– estos individuos engañaron a uno de los ancianos –al hombre–, “aprovechándose de su edad y de su estado de salud”, para que realizase un total de 14 reintegros de dinero en el banco que sumaron 33.800 euros, procedentes de la cuenta y de fondos de inversión de ahorros del septuagenario.

La denuncia del director de la entidad bancaria, a la que aquello le parecía bastante sospechoso, permitió sacar a la luz los hechos. A raíz de esto se descubrió que los delincuentes estuvieron “vigilando” el establecimiento de antigüedades y numismática que regentaba la víctima para establecer relaciones con él. El caso está ahora a la espera de que se presenten los escritos de las partes personadas antes de que llegue por fin a juicio.

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