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Faro de Vigo

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“Fue un saqueo, no una simple okupación”

Cristales y puertas rotas, cajones revueltos y heces son parte de los destrozos que se topó la familia de calle Progreso tras ausentarse de su vivienda dos semanas por vacaciones

Los destrozos se extendieron a todas las estancias de la vivienda de Progreso

“Se esconden bajo el perfil de okupas pero esto fue un saqueo, un robo, un allanamiento. La casa no estaba ni mucho menos abandonada, ahora lo que está es destrozada”. La viguesa E. –prefiere mantenerse en el anonimato– todavía no es consciente cuando habla para FARO de la magnitud de los daños con los que se encontrará en el regreso a su domicilio de la calle Progreso, en pleno centro de Vigo. Tanto ella como su hermana se fueron de vacaciones durante dos semanas y a la vuelta de esta última a la vivienda, este pasado martes 26 de abril, cualquier parecido con el piso que habían dejado a su marcha es pura coincidencia. “Llegó directamente del aeropuerto y cuando se disponía a entrar en casa ya vio que la llave no abría, que habían cambiado la cerradura. A la entrada la situación con la que se encontró fue horrible. Todo por el suelo, destrozado, heces, pis en varias zonas...”, describe.

Si algo quiere precisar esta joven es que su caso no concuerda con el clásico concepto de “okupación”. Lo ocurrido va más allá, insiste. “El piso está hecho un cristo, está completamente destrozado. Las puertas rotas, cristales por el suelo, habían robado además cadenas, zapatos y otras pertenencias que también desaparecieron... Esto no es una simple okupación, es un saqueo”, lamenta con rabia la afectada.

Los destrozos se extendieron a todas las estancias de la vivienda de Progreso. CEDIDA

Agentes de la Policía Nacional y Local se personaron a primera hora del pasado martes a requerimiento de la hermana de esta mujer tras conocer, de primera mano, la situación. Según precisaron entonces fuentes oficiales, uno de los okupas abandonó el inmueble sin oponer resistencia, si bien otros cuatro fueron detenidos y trasladados a comisaría. Tras su paso el día siguiente a disposición judicial, todos fueron puestos en libertad provisional. Los jóvenes aseguraron entonces que “allí” –en referencia al piso en el que entraron en Progreso– no vivía nadie “desde hace dos años como mínimo”. “Estuvimos un año vigilando y las ventanas estaban bajadas, las cartas se amontonaban en la puerta y no había luz”, alegaron en el juzgado.

La moradora de la vivienda lo desmiente. “Esa casa no está abandonada, es nuestra residencia, el único sitio donde vivimos. Nosotras estábamos de vacaciones. Los okupas eligen sitios y pisos donde no vive nadie o abandonados, pero este no es el caso. No son okupas, son delincuentes. Bandas que se dedican a cometer hechos delictivos metiéndose en piso y robando lo que pueden, destrozando las cerraduras. Sacaron los cajones buscando cosas de valor y se llevaron muchas cosas. Los cuerpos del estado procedieron de oficio y de la manera correcta”, esgrime.

La cerradura de la puerta fue cambiada por los okupas. CEDIDA

Herramientas

Este inmueble, relató la Policía Nacional, que es “propiedad de la misma persona”, tiene tres plantas con viviendas individuales que están “amuebladas” y “con los servicios de luz y agua en perfecto estado”. Cuando los agentes acudieron los intrusos manifestaron ser los “legítimos propietarios” de la casa y reconocieron que llevaban días residiendo allí. Habían cambiado las llaves de los distintos pisos del edificio, donde hallaron las herramientas que usaron para forzar y sustituir los bombines de las puertas.

Los cristales del balcón fueron rotos desde fuera. CEDIDA

La jueza de guardia atribuyó a los jóvenes una imputación inicial de delitos de usurpación y robo con fuerza, aunque estes deberán concretarse en el transcurso de la investigación judicial que se acaba de abrir. “El desastre que había en la casa era demasiado, el olor era putrefacto. Si eso no es vandalismo... Se bebieron hasta las botellas que teníamos guardadas y aún dicen era una casa abandonada”, manifiesta indignada una de las propietarias.

Actualmente, la familia está en el proceso de limpiar y reformar todo lo destrozado durante la okupación. El de la calle Progreso no es un caso aislado. Recientemente fueron desalojados, por una empresa especializada, otros okupas de un edificio de Pi i Margall.

¿Usurpación o allanamiento de morada? La diferencia es clave: entre multa y pena de cárcel

Una cuestión clave que se deberá dirimir en la investigación judicial iniciada por la okupación de la calle Progreso es la de la tipificación del delito. Al margen del robo, el atestado policial, las fotos de la vivienda y el relato de la familia apuntan a un delito de allanamiento de morada, el que se produce cuando se entra en una casa que constituye “morada”, es decir, que tiene residentes. La versión exculpatoria de los jóvenes ante la jueza fue que en el inmueble no residía nadie desde hacía tiempo, acomodando su relato al delito de usurpación.

Las consecuencias de uno y otro delito son muy distintas. El delito de allanamiento de morada está regulado en el artículo 202 del Código Penal y conlleva pena de cárcel. “El particular que, sin habitar en ella, entrare en morada ajena o se mantuviere en la misma contra la voluntad de su morador, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años”, dice el texto legal. “Si el hecho se ejecutare con violencia o intimidación”, se añade, el castigo puede llegar hasta los cuatro años de encarcelamiento y contempla también multa.

Mientras, el delito de usurpación en el que se escudan estos okupas, el habitual de las casas deshabitadas o abandonadas, solo está penado con sanción económica. Está concretado en el artículo 245: “El que ocupare, sin autorización debida, un inmueble, vivienda o edificio ajenos que no constituyan morada, o se mantuviere en ellos contra la voluntad de su titular, será castigado con la pena de multa de tres a seis meses”. Solo derivaría en prisión si se comete con “violencia o intimidación en las personas”, algo que en este caso no ocurrió.

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