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Faro de Vigo

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Veinte aniversario de una desaparición y muerte que conmocionaron a Vigo

“Nos robaron a la Déborah que hoy tendría 42 años”

Auténtica, de personalidad libre y creativa, así recuerdan sus amigas a la joven | Y “muy” divertida: “Con ella no podías parar de reírte”

Déborah, en varias imágenes, con la sonrisa que tanto la caracterizaba

“Una de las cosas que más me pesan es pensar en la persona que Déborah no pudo ser; la conocí como niña, la conocí como adolescente y la conocí como una joven que empezaba a ser independiente... Pero no tuve la oportunidad de conocer a la Déborah que habría sido madre, a la que habría desarrollado sus propias ideas... Nos la robaron”. Belén, amiga de Déborah, hace esta dolorosa reflexión al cumplirse los 20 años de la desaparición y muerte de una joven que hoy estaría a punto de cumplir 42 años. Como Belén, otras amigas y amigos la recuerdan y, entre sus cualidades, destacan sin dudarlo su “autenticidad”, su naturalidad, su creatividad y un gran “sentido del humor” que la hacía brillar en la pandilla.

A Belén, Nuria, Adela, Verona, Marta, Carolina, Olaya, Carmen, María, Cristina o Antonio la vida también les asestó un duro golpe cuando, tras desaparecer el 30 de abril de 2002 en Vigo, su amiga aparecía muerta diez días después a más de 40 kilómetros, en una cuneta de O Rosal. Déborah, la tercera de cuatro hermanos y estudiante de diseño gráfico, dejó un enorme vacío en todos ellos. “Era una de esas personas de la que nunca te cansabas”, describe Carmen en un texto facilitado por la familia de Déborah. Con ella compartió “grandes planes” y esos “viajes” que tanto disfrutaba la joven, pero también cosas más sencillas, como “días de sofá y peli”. Daba igual lo que fuese, “ella lo transformaba todo en algo especial”.

La joven, en una foto con varias de sus amigas en las navidades previas a su trágica desaparición y muerte. / CEDIDA

“Con nosotras permanecerá siempre tu fuerza, tu sentido del humor, tu sonrisa, esa carcajada tan tuya que nunca se borrará de nuestras cabezas”, escribe Verona. ¿Cómo era Déborah a ojos de sus amigas? Pues ese “sentido del humor” las deslumbraba. “Recuerdo un Interrail, nos pasamos tres semanas muertas de risa, le sacaba punta a todo”, afirma Belén, actualmente afincada en Francia, en conversación telefónica.

“Necesitábamos estar juntas, era un dolor tan grande que no podíamos compartirlo con otras personas”

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Era también, coinciden varias de estas mujeres, “fiel a sus ideas”, “fuera de normas”, de “personalidad libre” y enormemente creativa. “En todo veía arte, conseguía transformar lo más aburrido en fascinante”, concreta Carmen. Precisamente sus estudios, cuando en 2002 le truncaron la vida, estaban enfocados hacia ese campo. “Nos hemos quedado sin saber qué habría sido profesionalmente, me gusta pensar que quizá se hubiese dedicado a algo que mezclase su pasión por el arte con la sostenibilidad, porque en aquella época ya era una pionera en eso... Tenía una pegatina en la bañera que ponía no uses mucha agua”, relata Belén, que cuando desapareció su amiga estaba de Erasmus en Suecia y rápidamente hizo las maletas y se presentó en Vigo. Mantuvo la esperanza hasta el final – “todas las hipótesis que armé en mi cabeza tenían un final feliz”, rememora–, por eso cuando apareció el cadáver de Déborah el mundo se le vino encima. A ella y al resto de las amigas. Aquella noche durmieron todas juntas. “Necesitábamos estar juntas, era un dolor tan grande que no podíamos compartirlo con otras personas”, confiesa.

Dolor y rabia

Al principio, tras la muerte de la joven, todo fue muy difícil. Algunas amigas de Déborah incluso se fueron de Vigo. Otras aún hoy no son capaces de pasar por la “curva del matadero” de Alcabre, el último lugar donde se la vio con vida. El dolor y la rabia no daban tregua. Una tristeza así nunca se diluye del todo, pero gracias al paso de los años ya son capaces de recordarla con una “sonrisa”. De rememorar aquellos momentos tan divertidos que pasaban con ella y volver a “reírse a carcajadas” como lo hacían entonces: “Lo que nos ha dado el paso del tiempo es conseguir disfrutarla con los recuerdos”.

“Lo que nos ha dado el paso del tiempo es conseguir disfrutarla con los recuerdos”

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Decepcionadas con una investigación policial y judicial que afronta su prescripción y que da sus últimos coletazos, las amigas de Déborah claman, igual que la familia, por que se sepa la verdad. También su amigo Antonio, que ayer, en el aniversario, escribía un emotivo texto. “Queridísima Deboritah, 20 años después de que nos dijeran que habías desaparecido seguimos aquí. Hoy dejas de existir para la Justicia, pero estarás siempre en nuestros corazones. Lucharemos por ti y apoyaremos a tu familia siempre”, afirma. Quienes querían a Déborah nunca se rendirán.

¿Otro capítulo judicial en torno al misterio del borrado de datos del disco duro del ordenador?

El ordenador de Déborah ha adquirido protagonismo en los últimos meses. Este viernes estaba previsto que la empresa Lazarus Technology, especializada en informática forense y que colaboró en otros mediáticos casos como los de Diana Quer o Marta del Castillo, entregase su informe definitivo en torno a uno de los discos duros, dispositivo del que en un primer análisis ya se determinó que había sido manipulado. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Quién? Estas preguntas podrían dar lugar a un nuevo capítulo judicial en un caso ya plagado de interrogantes.

En el estudio preliminar los informáticos de Lazarus ya pudieron constatar que el disco duro, que la Policía Nacional tenía guardado desde hacía años, había sido manipulado. El borrado de datos afectó al correo electrónico y a la mensajería de Messenger, lo que impedirá recuperar el contenido de las conversaciones que la joven mantuvo en los últimos meses antes de su fallecimiento con las personas de su entorno. Esta circunstancia afecta de lleno a la investigación por la desaparición y muerte de Déborah, ya que impedirá, si es que en esos mensajes había alguna pista, arrojar luz sobre lo ocurrido. Sí se podría saber quiénes son los autores de los mensajes, pero sin su contenido la prueba pierde fuerza.

Pero, condicionado a lo que arroje la pericial definitiva, los abogados podrían pedir que se investigue ese hackeo en una pieza judicial separada. “Es un hecho muy grave”, afirman. Lo que esperan es que el informe pueda determinar “a partir de qué momento” se hizo ese borrado y qué programa o programas se usaron para ello. En función de la fecha que se fije de dicha manipulación, si los plazos de prescripción del delito que tipifica este tipo de conducta no expiraron, podrían abrirse otras pesquisas ya en torno a estos concretos hechos. La pericial del disco duro fue muy compleja por esta manipulación y por la antigüedad del dispositivo.

O Ceao, un crimen ocurrido otro 30 de abril de hace 28 años que llega a juicio

Déborah desapareció un 30 de abril de 2002. Se cree que su muerte se produjo ya ese mismo día. Y, cosas del destino, el momento clave que vive ahora el caso, abocado a la prescripción aunque aún con un investigado, coincide en el tiempo con el paso fundamental que acaba de dar otro procedimiento judicial que se instruye en Galicia, el de un doble crimen ocurrido también un 30 de abril, pero de 1994. Se trata de los asesinatos del Cash Record, en los que que una cajera y un reponedor de un establecimiento ubicado en un polígono de Lugo murieron tiroteados. Transcurridos ya 28 años, esta semana la Justicia confirmó el procesamiento del presunto autor de aquel sangriento atraco. El caso, que fue reabierto, llegará a juicio. Pese a superarse las dos décadas máximas que contempla el Código Penal para este delito, interrupciones en la prescripción permitirán sentar en el banquillo al sospechoso.

Igual que ocurrió con el caso de Déborah, la lucha de los familiares de las víctimas de O Ceao fue esencial para que la causa no acabase olvidada en un cajón. Una hermana de la cajera, a la que ya se conoce como “hermana coraje”, llegó a protagonizar una huelga de hambre para que se reactivasen las pesquisas y se evitase así su prescripción. Elena López, que estaba casada y tenía dos hijos de corta edad, y Esteban Carballido, un joven de 26 años de edad, fueron las víctimas de aquel doble crimen en el que el autor, tras matar a las víctimas, se llevó un botín de cinco millones de las antiguas pesetas. Casi tres décadas después, el presunto asesino se enfrentará a una pena de prisión y a un tribunal.

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