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Faro de Vigo

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Crimen de Rosalía de Castro

Certezas y sospechas en torno a un crimen en revisión

Manuel Salgado fue asesinado en 2004 en un acto “premeditado y posiblemente concertado” | ¿Intervino un sicario? Esta hipótesis planea de nuevo sobre una investigación que prescribirá en 2026

El asesinato de Manuel Salgado ocurrió el 2 de abril de 2004 en un garaje de Rosalía de Castro. S. S.

Diligencia de constancia. En Vigo, a dos de abril de dos mil cuatro. La pongo yo, el Secretario Judicial, para hacer constar que siendo las 09:55 horas se recibe llamada telefónica de la Comisaría de Policía Nacional de esta ciudad, participando el hallazgo de un cadáver en la calle Rosalía de Castro, 46, de esta ciudad. Paso a dar cuenta a S.Sª [a la magistrada] Doy fe.

Esta es la primera comunicación judicial que consta en el sumario de un crimen que hoy, 18 años después, tiene una segunda oportunidad. Tras esa escueta diligencia la entonces titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Vigo ordenaba sin demora la constitución de una comisión judicial para proceder al levantamiento del cadáver y a la inspección del lugar de los hechos. Una vez allí, en el garaje de un edificio de la céntrica Rosalía de Castro, se toparon ante el cadáver de Manuel Salgado Fernández quien en la actualidad, si una bala no se hubiera cruzado en su camino aquel día y la buena salud le hubiese acompañado, tendría 74 años. Extrabajador de banca de vida metódica y ordenada, por aquel entonces trabajaba en una asesoría, la misma a la que se dirigía cuando pusieron fin a su vida un viernes a primera hora de la mañana. Fue víctima de un crimen “premeditado” ejecutado con un certero disparo. Un tiro efectuado a bocajarro con una pistola del calibre 22 que le impactó en la parte posterior de la cabeza. No había signos de lucha. No tuvo la oportunidad de defenderse. El hallazgo en ese mismo aparcamiento, una semana antes, de un cartucho percutido no disparado evidenció que aquello no tenía nada de casual: ya habían intentado matarlo en una primera ocasión sin éxito.

Desde que se conformó aquella comisión judicial que se trasladó al garaje de Rosalía de Castro hasta que la Audiencia Provincial de Pontevedra archivó la causa provisionalmente en marzo de 2006 a propuesta de la segunda jueza instructora que tomaba las riendas del caso –por un cambio en la titularidad del tribunal– transcurrieron casi dos años. Dos años en los que las sospechas se acumularon en una única dirección, en torno a los dos únicos investigados que, hasta el momento, hubo en la causa: la exmujer de Manuel Salgado y su entonces compañero sentimental. A ojos de la Policía Nacional y de la Justicia había “indicios más que racionales” a la vista de lo que declararon los múltiples testigos y la abundante información que se pudo recabar de antiguas diligencias policiales y pleitos judiciales. La “mala relación” de la víctima con la que había sido su esposa estaba sustentada en un sinfín de denuncias, en dos “posibles móviles” relacionados con un caso de escuchas ilegales y con el millonario patrimonio que debía volver a manos del fallecido y en el “marcado temor” que sentía la víctima a que atentaran contra su vida tras haber sido víctima de “seguimientos” y “amenazas de muerte”.

En el escenario del crimen había huellas de zapato y perfiles de ADN anónimos

Los sospechosos presentaron coartadas y no se encontraron pruebas “objetivas” contra ellos, así que la causa se sobreseyó provisionalmente en ese 2006. “De aparecer nuevas pruebas respecto de estos imputados o de terceras personas partícipes en los hechos, procedería la reapertura de las investigaciones”, se decía en uno de esos autos que cerró cautelarmente el caso. Y fue a finales de este pasado 2021 cuando el magistrado que hoy está al frente del juzgado instructor, Juan Carlos Carballal, decidió reactivar el procedimiento. Un nuevo grupo policial está revisando el caso, reexaminando al detalle el sumario y tomando declaración a viejos y nuevos testigos. El juez ha dado a los agentes de plazo hasta junio para que completen la nueva investigación. Unas pesquisas en las que, según fuentes cercanas al caso, vuelve a planear una hipótesis que se manejó desde casi el principio, la del crimen por encargo.

¿Fue un sicario –o sicarios– quienes pusieron fin a la vida de Salgado? La sospecha vuelve a estar sobre la mesa. ¿Fue un crimen “posiblemente concertado” como se cree? Por el momento, el caso aún no entró en tiempo de descuento, por lo que el juzgado y la Policía Nacional cuentan con un holgado margen para tratar de hacer justicia. El plazo de prescripción del delito de asesinato es de 20 años. Dos décadas que empezaron a correr en 2006, cuando se paralizó provisionalmente el procedimiento tras decaer las dos imputaciones iniciales. Así que, condicionado a lo que ocurra en esta nueva fase judicial, el asunto no prescribiría hasta dentro de cuatro años, concretamente en 2026.

A la espera de lo que deparen las pesquisas, lo que está claro es que Manuel Salgado no fue asesinado de forma fortuita. Ni estaba en el lugar equivocado ni fue víctima de un casual robo. El reloj y la cadena que conservaba en su cuerpo inerte así lo evidenciaron. Vainas metálicas, cartuchos, colillas con ADN anónimo o unas facturas en las que se dibujaban unas huellas de zapato aparecieron en torno a su cadáver. ¿Podrá alguna de estas pistas, u otras distintas, llegar a delatar el autor? El tiempo lo dirá.

El asesinato de Manuel Salgado ocurrió el 2 de abril de 2004 en un garaje de Rosalía de Castro. / S. S.

Una carta anónima, un detective privado, una armería y otros elementos que rondaron la causa

Interrogatorios a investigados y testigos, inspección del lugar del crimen, registros domiciliarios, autopsia al cadáver, exámenes forenses complementarios, análisis de balística, informes genéticos, periciales relacionadas con teléfonos móviles... El crimen de Rosalía de Castro, como procede en un caso así, obligó a realizar todo tipo de diligencias encaminadas a intentar resolver el asesinato. Todo consta en el sumario y todo está siendo revisado por el nuevo grupo policial que, con base en Madrid y que recientemente se trasladó a Vigo, tiene sobre sus espaldas el peso de tratar de poner nombre y apellidos al responsable o responsables de la muerte de Manuel Salgado.

En su día, relacionadas con la hipótesis principal de trabajo, los agentes trabajaron en varias pistas. Una de ellas, una carta manuscrita anónima dirigida días después del crimen al entonces comisario de la Policía Nacional de Vigo. La misiva decía que quien había matado a Manuel Salgado “lo trajo de fuera”, concretando “América”, algo de lo que sabía “mucho”, ahondaba el autor del texto, “un brujo de Vigo”.

El inspector jefe del grupo que se encargó el caso y otro policía llegaron también a entrevistar en prisión a un detective privado condenado por las escuchas ilegales que había sufrido años antes el fallecido. Este hombre entró en la cárcel días después del homicidio de Salgado, pero declaró a los agentes que no tenía nada que ver con los hechos. Les dijo que “no ganaba nada con ello” y que al contrario, le había “perjudicado” en su reputación por haber salido en la prensa relacionado con el caso. Los agentes también investigaron una armería. 

Investigación a contrarreloj en el caso Déborah al faltar solo 14 días para la prescripción

Este próximo 30 de abril se cumplirán 20 años desde la desaparición de la joven Déborah Fernández-Cervera. Una fecha clave a efectos de la prescripción del caso. La caducidad de la causa ha quedado interrumpida para el exnovio de la víctima tras haber adquirido la condición de investigado. Pero esa suspensión no se extiende a todo el procedimiento. Un hipotético cómplice o encubridor o cualquier otro sospechoso en este caso criminal quedarían a salvo de cualquier tipo de acción penal contra ellos si no se ejercita en las dos semanas que restan antes de la prescripción. A partir del 1 de mayo ya no se podrá perseguir judicialmente a nadie salvo al actual y hasta ahora único imputado.

Esta situación obligan a la Policía Nacional y al juzgado a trabajar a contrarreloj. La propia jueza instructora dictaba recientemente un auto pidiendo celeridad en los informes pendientes ante la proximidad de ese 30 de abril. Entre esas periciales se encontraba el examen del disco duro del ordenador de Déborah encargado a la empresa Lazarus Technology –no trascendió si dicho informe ya ha sido entregado en sede judicial en los últimos días– u otros análisis que corresponde hacer al Instituto Nacional de Toxicología de Madrid. Recientemente se lograba uno de los grandes avances en el caso, tras hallarse ADN masculino bajo una de las uñas de la víctima –a raíz de su exhumación–. Pero para que esa pista resulte verdaderamente útil, la clave sería tratar de encontrar un perfil genético coincidente.

Junto a esos informes técnicos o biológicos pendientes, los abogados han solicitado en las últimas semanas la realización de nuevas diligencias. El tiempo apremia ahora más que nunca en esta importante causa judicial reabierta en 2019.

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