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Veinticinco años no son nada para el "Hidria Segundo"

El único barco español con motor de vapor en activo se convierte en museo flotante en el puerto de Vigo

El "Hidria Segundo".

El "Hidria Segundo". / F.D.G.

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Veinticinco años pueden parecer un suspiro o una eternidad. Todo es cuestión de perspectiva y del contexto en el que se pongan. Veinticinco años en la historia de una embarcación que ha superado el medio siglo de existencia pueden dar a entender que ya ha cubierto media vida, o, quién sabe si todavía está en plena adolescencia.

Ese cuarto de siglo ha sido el que han esperado los armadores del "Hidria Segundo" para devolver a su venerado barco al lugar donde nació en 1966 como buque de servicios portuarios, para suministrarle hasta 260 toneladas de agua potable de manantial por aguada a las embarcaciones que arribaban a Vigo para abastecerse del preciado líquido y cubrir así las necesidades de a bordo, ya fueran para consumo humano, limpieza o producir vapor.

Sesé Otero y Jacobo Costas, la entrañable pareja armadora de este aljibe que rezuma historia por cada una de sus cuadernas, no han cejado en el empeño en una demostración de fe y perseverancia sin límites que finalmente ha llegado a buen puerto. Ahora, Sesé y Jacobo ya pueden respirar tranquilos. Echando la vista atrás, seguro que estos días, mientras disfrutan de su copa de licor café en el salón del barco, rememoran desde aquel día de 2007 en que, empeñándose hasta los dientes, rescataron del desguace a un maltrecho "Hidria", hasta el paso por Cartagena a donde el barco, como buen gallego, tuvo que emigrar para ganarse la vida.

Después, ya de regreso a casa, vinieron nuevos tiempos de ilusión y zozobra en su O Grove natal y las interminables gestiones burocráticas para devolver la embarcación a su lugar de origen, donde por fin ya luce, rebosante de esplendor en su antiguo lugar de trabajo, aunque ahora bajo un retiro más que merecido, donde los visitantes podrán disfrutar de las explicaciones didácticas de la pareja del nuevo museo flotante con el que Vigo recupera con dignidad una parte importante de su memoria marítima. Parafraseando al inolvidable Carlos Gardel en su tango "Volver", se puede decir que “veinte años no es nada”. Y en este caso veinticinco, si el barco llega a buen puerto, tampoco.

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