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Faro de Vigo

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Un titán de hormigón: la presa de Eiras cumple 45 años

A la izquierda, la presa en obras en 1976 y en la actualidad

Más de 32.000 metros cúbicos de hormigón, una inversión de 217 millones de pesetas de la época y dos años de trabajos. Estas son solo algunas de las cifras que permiten acercarse a la magnitud que supuso la construcción de la presa de Eiras, hace justamente ahora 45 años. Fue un día como hoy de 1977 cuando el ministro de obras públicas, Leopoldo Calvo Sotelo, y el alcalde de Vigo, García Picher, inauguraron el embalse.

El colosal dique encierra un laberinto de conductos y tuberías que desde su puesta en marcha libraron a Vigo de los frecuentes cortes que interrumpían el suministro. Aporta, aproximadamente, el 80% del suministro de la ciudad. Aprovechando el cauce del río Oitavén, un túnel de unos 200 metros atraviesa la montaña para dejar salir el agua justo enfrente de la estación de bombeo. Su capacidad total asciende a 21,5 hectómetros cúbicos, once veces más que el embalse de Zamáns. En total, la presa suma 23 kilómetros de costa y su amplia cuenca ronda los 143 kilómetros cuadrados. Dispone de dos grandes válvulas de chorro en el fondo del embalse que, al abrirse permiten desaguar 50 metros cúbicos por segundo que se suman a los 500 metros cúbicos que desbordan a través de los aliviaderos.

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La construcción de la presa de Eiras, un titán de hormigón Hilda Gómez

Pero todos estos datos abrumadores comenzaron a fraguarse en diciembre 1973. Fue entonces cuando se aprobaron los presupuestos extraordinarios para levantar este titán de hormigón. Dos años fue el tiempo necesario para levantar este colosal muro con bóveda de doble curvatura y labio fijo. La tecnología utilizada para su construcción le otorgan también a la obra de Eiras cierto carácter épico. Una inmensa grúa hizo posible las labores de hormigonado de la presa, cuyos cimientos fueron levantados sobre la montaña frontal mientras la roca viva sirvió de base para el embalse.

La estructura dispone de una “torre de toma”, una estrecha y característica torreta que permite a los técnicos conocer el estado del agua. El cilindro cuenta con cuatro ventanas que se reparten a diferentes niveles y esas aperturas posibilitan tomar agua a varias profundidades.

La cara b de la obra y los cambios en el paisaje

La cuenca del río Oitavén, de la que se abastece la presa, comprende los municipios de A Lama, Fornelos de Montes, Ponte Caldelas y Soutomaior. La aldea de Eiras fue la que tuvo que pagar el peaje al quedar sepultada. Cuando la sequía arrecia, llaman poderosamente la atención aquellos restos que emergen, puentes, casas o carreteras que recuerdan lo que un día fue. Sin duda, el embalse supuso un cambio en el paisaje, una metamorfosis que, según la crónica de Faro de la época se traducía en que "lo que ha perdido en belleza natural lo ha ganado merecidamente en lo que cabría llamar la belleza de lo útil, de lo práctico".

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