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Faro de Vigo

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Familiares de represaliados vigueses en campos nazis reivindican su memoria

La historiadora María Torres guía una charla sobre deportaciones de gallegos durante la Segunda Guerra Mundial y el Franquismo

La historiadora María Torres, en la charla con los familiares de los vigueses deportados. Ricardo Grobas

La historiadora María Torres tiene un objetivo: hacer justicia sobre la memoria colectiva en torno a la participación de España en la Segunda Guerra Mundial y a los cientos de miles de represaliados por el régimen franquista. “Históricamente se nos vendió que España no había tomado parte en el conflicto bélico, pero nada más lejos de la realidad. Al menos medio millón de personas cruzó la frontera francesa en el 1939 y muchos acabaron en campos de concentración que algunos han intentado blanquear como campos de refugiados”, explica Torres, que ayer guió una charla del Ateneo Atlántico a propósito de los deportados vigueses a campos nazis.

Según la documentación que ha recabado en los últimos años para su próximo libro, al menos quince vigueses fueron deportados a campos de exterminio. Alrededor de 42 en la provincia de Pontevedra y en torno a 200 en toda Galicia. Entre ellos, explica Torres, se puede hacer una catalogación de tres tipos diferenciados. Algunos de ellos estaban ya en Francia luchando contra la invasión alemana cuando fueron detenidos por los nazis. Otros eran guerrilleros maquis detenidos en torno al 1944 por acciones de resistencia. Entre ellos, “hay historias impresionantes”. En aquella resistencia en Francia, un grupo en el que estaban integrados vigueses “volaron por los aires una cisterna de combustible de un convoy nazi o sabotearon los sistemas eléctricos de fábricas”. Por último, existen registros documentales que cuentan cómo dos menores llamados a filas por el bando golpista acabaron deportados por ser “indisciplinados”. Entre todos ellos, también destaca la figura de una mujer que consiguió infiltrarse como cocinera en el cuartel general de la Gestapo (la policía secreta de la Alemania nazi) en la ciudad de Carcassonne (Francia).

Todas estas historias tienen un denominador común y no solo es la ciudad de Vigo. Son historias silenciadas o, al menos, relatos que escapan a la versión oficial. No es casualidad, el régimen franquista tuvo contrastadas connivencias con Hitler: “Cuando los nazis los detenían, de entrada iban a prisiones de guerra. Gracias a la Convención de Ginebra, sobrevivían con cierto cuidado”, explica Torres. El problema llegó tras la “reunión del ministro de exteriores de Franco, Ramón Serrano Suñer, con Hitler y Himmler en Berlín”, ahonda María. Allí se firmó una carta en blanco para los nazis. “Alemania le preguntó a España qué podía hacer con aquella cantidad de prisioneros de guerra y la Dictadura dio el visto bueno para enviarlos a campos de concentración”, explica la historiadora especializada en las deportaciones de vigueses.

Maena, futbolista deportado // Cedida do arquivo familiar

Muchos de aquellos represaliados –también los vigueses– acabaron en el campo de Mauthausen-Gusen. Uno de ellos fue José Ferradás, natural de Beluso. Su sobrino, José González, también intervino ayer durante el acto en recuerdo de las víctimas: “Esta es la lucha de mi vida. Desde que era niño, mi madre hablaba muy poquito de su hermano. Yo recuerdo una foto en un cuarto oscuro donde estaba ella y sus tres hermanos. A dos los conocía, pero al del medio, por el que llevo el nombre de José, no”, recuerda González. La versión que le contaban era la de que había muerto en la Guerra Civil. Un día, jugando en el atrio de la iglesia, vio en la fachada un montón de nombres de fallecidos junto a simbología franquista y le preguntó a su madre “por qué el tío Pepe no salía allí”. Su madre le contestó: “O tío era dos outros”. Aquellas palabras no se le olvidaron y, años después, siguió indagando en la historia de su tío: “Al final descubrí que había acabado asesinado en Mauthausen”. “Me duele muchísimo que no se honre la memoria de toda esta gente. En Francia son héroes, están condecorados y aquí ni siquiera se sabe quiénes fueron”, lamenta González.

De aquel silencio es sintomático el caso de Pablo Barreiro, sobrino nieto de otra persona deportada. Hace apenas cuatro o cinco años que este vigués se entero de la historia de su tío abuelo: “Meu tío avó foi chamado a filas polo exército franquista, pero desertou e foise co bando republicano”, explica Barreiro, que nunca imaginó que su “familia labrega” de Beade tendría detrás esta historia que desconocía por completo. Su tío abuelo también acabó asesinado en Mauthausen.

Existen decenas de ejemplos. Ricardo Rodríguez, alías “Meana”, era un futbolista vigués de la selección gallega que iba a participar en la Olimpiada Popular de Barcelona. Acabó deportado a Mauthausen en enero de 1941 y fue asesinado en el Castillo de Hartheim en 1942 (centro de eutanasia nazi) cuando ya no resultaba útil para el trabajo.

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