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Faro de Vigo

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Gran Vigo

“Las Cíes son una hermosa prueba de la importancia de proteger los espacios naturales”

Anne Lise Sorensen, la redactora de viajes que incluyó las Cíes en el listado del “New York Times”, ve Galicia como un “highlight” dentro de España

La redactora Anne Lise Sorensen sobre las islas de Montefaro y San Martiño Marta G. Brea

Su contribución a la proyección de Vigo está a la altura de la de Julio Verne, según los expertos, aunque pocos vigueses sabrían responder quien es Anne Lise Sorensen. Esta periodista causó furor con la inclusión de las Islas Cíes en su listado anual del New York Times la semana pasada.

De padre danés y madre catalana destaca que su primer viaje fue con tan solo dos semanas de vida a las pirámides, aunque fue la arquitectura de Gaudí la que la cautivó antes de estudiar en la californiana Berkeley.

Sus reseñas y reportajes llevan más de 15 años ocupando las páginas especializadas del New York Times, CNN, Rough Guides o la New York Magazine. Y después de analizar emblemas de los cinco continentes, encontró en Galicia uno de los ejemplos más claros para su última encargo.

La emergencia climática y los retos en el sector turístico le hacían cambiar el enfoque en su lista de 52 destinos imprescindibles para este año: ¿y si los turistas no fueran un problema y aportaran beneficios?

Con este nuevo paradigma, el archipiélago vigués entraba junto a la isla volcánica del Hierro como únicos representantes españoles en los que “el cambio está sucediendo” gracias a sus iniciativas sostenibles.

Muchos otros destinos han contactado con ella para agradecerle su inclusión, aunque solamente siete cuentan con el privilegio de hacerlo tras ser visitados.

Durante su etapa viviendo en Barcelona, Sorensen recorrió la costa gallega “de A Coruña hasta Baiona”, considerando a Galicia como uno de los highlights de toda España. De ella destaca su “fascinante historia, su medio natural y litoral” así como uno de los elementos claves para los turistas: la gastronomía.

Apasionada del vino –las denominaciones desde Monterrei a las Rías Baixas merecen reseña aparte– se muestra encantada también por probar el pulpo “en el mejor lugar para hacerlo”.

Aunque califica al Parque Nacional de las Illas Atlánticas como un “tesoro natural vital”, la periodista se centra en Cíes ya que son “una hermosa prueba de la importancia de proteger estos espacios".

También ironiza con que “practicaban la distancia social antes de la distancia social” con protocolos válidos para durante y después de la pandemia y destaca la importancia de limitar sus visitantes para proteger el medio ambiente y guardarse de la sobreexplotación turística; línea compartida por su director, José Antonio Fernández Bouzas.

También detiene su mirada en el puerto que sirve de embarque o la calle de las Ostras, “un bonus extraordinario para los visitantes por su cocina y vino”. Cataloga a las Rías Baixas como una “parada clave”.

La estela de Soichi Noguchi

No es el primer caso –ni será el último– en el que un reconocimiento internacional a la ría de Vigo revolucionaba a toda la ciudad. Aunque en la anterior ocasión, llegó desde un lugar aún más exterior.

Vistas aérea de la ría de Vigo fotografiada por Soichi Noguchi desde la Estación Espacial Internacional en 2010

Vistas aérea de la ría de Vigo fotografiada por Soichi Noguchi desde la Estación Espacial Internacional en 2010 Soichi Noguchi

Soichi Noguchi lanzó el 11 de marzo un juego desde su puesto en la Estación Espacial Internacional: ¡Nombre de esta ciudad en Europa!.

Y aunque por aquel entonces Twitter no era como hoy, entre las miles de respuestas que ubicaban la bahía en Estambul o Montenegro hubo quien reconoció el puerto –lo que más le llamó la atención– y el puente de Rande para acertar nombrando a Vigo.

Rápidamente se formó un grupo de Facebook en el que solicitaba que el ingeniero nipón pisara la ciudad en una visita con honores, algo que agradeció gustosamente pero lamentó “no tener fondos para hacerlo”.

Más de una década después, Noguchi sigue orbitando la tierra a más de 350 kilómetros de altura y fue uno de los “privilegiados” que sobrevoló la ciudad durante el encendido de las luces de Navidad el 20 de noviembre.

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