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Faro de Vigo

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Un colectivo vigués cultiva terrenos cedidos para conseguir su autosuficiencia

Un grupo de amantes del agro se asoció en plena pandemia con el propósito de conseguir “soberanía alimentaria” | Ahora ya son más de 150 personas en la comarca

Integrantes del colectivo Epona Terra en una de sus fincas cedidas por vecinos en la parroquia de Sampaio.

Comida y cobijo, lo demás es accesorio. Esa es una de las bases filosóficas que fundamentan Epona Terra, un colectivo vigués que cultiva terrenos cedidos por vecinos con el fin de conseguir su soberanía alimentaria. Es decir, ser capaces de autoabastecerse. Por lo menos, en lo que a la comida se refiere. Las otras ideas principales que defienden son fomentar los productos de proximidad y el cuidado escrupuloso del medio ambiente. Todo lo demás se podría resumir, grosso modo, en tres palabras: sachar, sembrar y disfrutar.

Así lo explica Andrés Santos, uno de los miembros fundadores de la asociación: “Todas esas ideas xa estaban en nós dende un tempo antes de crear Epona. En canto chegou a pandemia, acabou de florecer o proxecto”. Y qué mejor época para florecer que durante la primavera, a pesar de que fuese la del año 2020. Al poco tiempo de empezar a difundir sus mensajes por redes sociales, decenas de personas comenzaron a sumarse al proyecto. Algunas trabajando las primeras huertas y, otras, cediendo sus terrenos para que fuesen cultivados. Según explica Andrés, solo había una premisa: “Cadaquén que traballe o que poda”.

Antes de que todo esto fuese adelante, Andrés ya se había preguntado en muchas ocasiones una cosa: “Que necesito eu, realmente, para vivir?”. Ahora, la respuesta, tras casi dos años de vida de proyecto, parece evidente. “Só había un problema. Traballar o solo é moi esixente. Se te lesionas un mes, podes perder colleitas enteiras. Por iso é tan necesario que nos botemos unha man entre moitos. Cantos máis sexamos, menos traballaremos e máis colleitaremos”, reflexiona Andrés. Además, reconoce que entre las más de 150 personas que, a día de hoy, forman el colectivo Epona Terra, han surgido numerosas amistades: “Creouse unha rede de apoio bestial. Se ti pides algo que precises polo noso grupo de Telegram, a xente vaise mover e vaiche encontrar unha solución. Somos un grupo estupendo”.

Un molino restaurado

Otro de los colectivos que más ha ayudado a Epona Terra desde su nacimiento es la Comunidade de Montes de Saiáns. Una de las acciones más representativas ha sido la rehabilitación de un antiguo molino harinero de agua ubicado en la misma parroquia. Ahora, lo tienen a punto para trabajar y ya han molido sus primeros granos. “Este xesto dos comuneiros abriunos un mundo de posibilidades”, relata Andrés. La próxima temporada, ya planean aumentar sus cultivos de maíz con perspectivas de producir harina para que pueda disfrutarla todo el grupo. Y no solo eso. “Tamén temos plans de tentar aproveitar os froitos do bosque autóctono para facer fariñas diferentes”, añade. Andrés se refiere a las castañas y las bellotas de la comarca.

En paralelo, Epona Terra también ha construido un horno tradicional en uno de los cobertizos de la Comunidade de Montes en el Parque Forestal de Saiáns. La idea, explican, fue crear un espacio que sirviese como obrador para preparar pan y comidas para ellos y para los futuros eventos que el colectivo organice allí. Los resultados reconocen que han sido buenos: “Xa fixemos de todo. Pan, empanadas, e doces”. Además, cuentan con poder impartir algún taller allí.

Vecinos de la comarca ya les han ofrecido más de 40 fincas

En Epona Terra tienen ya a pleno rendimiento huertas de hortalizas, fincas de plantas aromáticas y medicinales, un bosque comestible y también parcelas de frutales. Casi cualquier modalidad de cultivo. Además, en todo este tiempo, vecinos de la comarca de Vigo -e incluso más allá- ya les han ofrecido más de cuarenta fincas. “Gústame imaxinar o bosque que poderiamos ter nesta cidade se cada un de nós plantase unha soa froiteira”, reflexiona Andrés Santos. Gracias a los cultivos de Epona y a su filosofía de vida, Andrés vive con apenas diez euros a la semana y la comida que compra son aceite y algunas legumbres. Eso mientras no desarrolle un buen cultivo de garbanzos, en el que reconoce que ya está trabajando.

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