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Vigo pintado con líneas y colores

Pablo Galdo dejó su trabajo como arquitecto y ahora se gana la vida con sus ilustraciones de la ciudad

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Vigo pintado con líneas y colores

Se le puede ver sentado frente a la Colegiata, el Nadador o delante de casi cualquier oasis que aflora dentro del impetuoso urbanismo vigués. Esos pequeños rincones inspiran la mente y la pluma de Pablo Galdo, un joven arquitecto afincado en Vigo que, hace unos meses, decidió dejar su trabajo en un estudio de arquitectura y que, ahora, apuesta por la visión original de sus ilustraciones como principal vía de sustento. Aunque su partida de nacimiento está rubricada en Ferrol, Galdo reconoce que vive en Vigo desde que tiene uso de razón. Una ciudad que lo vio crecer y que, ahora, llena la práctica totalidad de las hojas de sus cuadernos de dibujo.

Su historia de vida, además, resulta singular.

“Siempre me gustó el dibujo y se me daba bien la física. Eso, unido a la presión que a todos nos llega para hacer una carrera, me llevó a estudiar Arquitectura”

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La facultad que escogió fue la de A Coruña, que a pesar de tener “fama de técnica” despertó en él más aún una predilección por el diseño. Gran mérito de esa eclosión, explica, fue del profesor Fernández-Albalat, hijo de uno de los máximos exponentes de la arquitectura moderna gallega.

 

Vigo pintado con líneas y colores

Vigo pintado con líneas y colores

En el ecuador de sus estudios, Galdo se fue a Eslovenia con un programa de Erasmus: “Allí se me abrió la mente en muchos sentidos”. Cautivado por la arquitectura brutalista que sobrevivió a la disolución yugoslava, aquel paisaje forjó todavía más su amor por el dibujo urbano. A su vuelta, Galicia seguía como la había dejado, pero su enfoque vital había cambiado: “La mejor prueba de ese giro mental es mi expediente académico, que mejoró bastante”. En cuanto acabó la carrera, su colegas de promoción comenzaron a buscar trabajo de lo suyo, pero él quería “algo más alternativo”. No lo encontró, pero, en su lugar, consiguió un voluntariado en la República Checa que le sirvió para aclarar sus ideas. Pablo aprovechó aquel tiempo para recorrer ese y otros países con su libreta en la mochila. De Bruselas a Budapest. Aquel fue el germen de lo que hoy se ha convertido en su apuesta por comenzar una carrera artística: “Decidí aprovechar el viaje para dibujar paisajes urbanos. Una ilustración al día. He de decir que me moría de frío sentado en la calle en pleno otoño (ríe). La gente hasta me hacía fotos”.

Vigo pintado con líneas y colores

Volvió de Praga de nuevo a Galicia, pero la realidad de la precariedad laboral juvenil le dio de bruces:_“Estuve tres meses medio deprimido buscando trabajo sin éxito, hasta que, por un golpe de suerte, me llamaron de otro voluntariado para dar clases a unos niños en una favela de Brasil”. Apenas lo dudó y, quince días después, ya estaba instalado en Salvador da Bahía. “Allí me di cuenta de que podía ganarme la vida con mis ilustraciones y otras artesanías. Los brasileños se sacan las castañas como pueden. Me acuerdo que había un hombre que, con una regadera, se ganaba la vida aclarándole los pies a la gente que salía de la playa”, recuerda Galdo.

Vigo pintado con líneas y colores

Gracias a una amiga, volvió de aquel voluntariado con trabajo asegurado en un estudio de arquitectura en Vigo. Y allí pasó algo más de tres años. “Como nos pasa a todos, por desgracia, empecé de becario. Lo que cobraba no me daba para sobrevivir y seguí vendiendo dibujos y artesanías por las calles. Ganaba más con aquello que con la arquitectura”, lamenta Pablo. Aunque, poco a poco, fue mejorando sus condiciones laborales, en esos tres años nunca llegó a la categoría laboral de arquitecto. Eso, unido a la frustración de un trabajo “excesivamente burocrático”, lo llevo a abandonar el estudio y emprender un nuevo camino: “¿Cómo es posible que en tres años no haya pasado de la categoría de delineante? Los jóvenes estamos absolutamente precarizados. Por eso prefiero elegir otro camino”. Además, este nuevo giro lo llevó a anotarse a una Formación Profesional en Carpintería en el centro Valentín Paz Andrade: “Mis compañeros alucinan cuando les digo que vengo de estudiar Arquitectura, pero me he tomado esta etapa con una gran pasión”, remata Galdo.

 La exposición en A Praza dos Ratos

Gracias al apoyo de la nueva taberna A Praza dos Ratos, ubicada en el cruce de la calle Cánovas del Castillo con Teófilo Llorente, Pablo Galdo ha podido dar salida a sus ilustraciones, de las que ya ha vendido más de la mitad de la primera edición en apenas dos meses. Incluso el columnista de FARO, Fernando Franco, le ha dedicado unas líneas de su Mira Vigo “por su indiscutible dominio del trazo y lo sorprendente de su exposición”. Ahora, Galdo está trabajando en ampliar todavía más su catálogo y, así, seguir creciendo como ilustrador.

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