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La UVigo colabora en proyectos internacionales sobre basura marina en Portugal y Colombia

El grupo Geoma participa en un estudio que mapea las playas lusas con drones y en otro que analiza el origen y la ruta de los residuos en la Reserva Seaflower, en el Mar Caribe

Basura marina en una de la playas lusas estudiadas.

La UVigo aporta su conocimiento sobre morfodinámica de playas a dos proyectos internacionales sobre basura marina que se desarrollan en el Atlántico norte y en el Caribe. Ángela Fontán Bouzas, investigadora del grupo Geoma, adscrito al CIM (Centro de Investigación Mariña), colabora en sendas iniciativas lideradas por expertos de Portugal y Colombia. Sus objetivos son, en el primer caso, la optimización del uso de drones para la detección de desechos en las playas y, en el segundo, conocer la distribución y posibles fuentes de los residuos sólidos en la Reserva de la Biosfera Seaflower, la segunda área marina protegida más grande de América latina.

“Desde Geoma participamos en distintos proyectos internacionales en los que se analiza la distribución de la basura en el litoral y la gestión costera. Mi especialidad es la morfodinámica y el estudio de la erosión por efecto de los temporales y estos aspectos también están muy relacionados con la contaminación. El cambio climático está relacionado con un aumento de estos eventos extremos, lo que afecta a la basura marina. El actual contexto de cambio global hace necesaria la colaboración de oceanógrafos, matemáticos e ingenieros para avanzar en el mismo objetivo”, destaca Fontán, investigadora postdoctoral de la Xunta.

La investigadora Ángela Fontán, de campaña en una playa portuguesa.

El proyecto UAS4Litter está financiado por el plan nacional de investigación de Portugal y liderado por el INESC (Instituto de Engenharia de Sistemas e Computadores de Coimbra) y el MARE (Marine and Environmental Sciences Centre) de Lisboa.

Durante los últimos tres años, un equipo de investigadores liderado por Gil Gonçalves y Filipa Bessa ha utilizado drones para mapear macrobasura en tres playas con sistemas dunares del Atlántico norte –Quiaios, Cabedelo y Leirosa– y descubrir qué factores influyen en la aparición y distribución de la contaminación.

Entre otros resultados, han podido constatar que las principales cargas de desechos marinos están asociadas a la pendiente de las playas y la dinámica del nivel agua, así como una relación entre la abundancia de restos y el nivel de urbanización de la zona.

Pero el proyecto también ha servido para demostrar el potencial de los drones y poner a punto soluciones más eficientes a la hora de monitorizar la erosión y la basura.

Un dron explora una playa portuguesa e imagen de basura en la playa obtenida por el dron

En uno de los últimos artículos publicados este año dentro del proyecto, dieciséis investigadores de diferentes especialidades y nacionalidades –Portugal, España, Italia, Grecia, Colombia y Japón– aplicaron sus respectivas metodologías y experiencia a la identificación de basura a partir de las imágenes tomadas por drones.

“Los del Atlántico reconocíamos muy bien las redes y otros restos de la pesca, pero a los italianos no les resultaba tan sencillo. El proyecto ya parte de unos protocolos establecidos, pero trata de mejorarlos y estandarizarlos para contar con bases de datos globales que nos permitan comparar y analizar lo que ocurre en todo el mundo. El uso de  las metodologías de remote sensing (detección remota) crece de forma exponencial y tiene una capacidad de análisis muy interesante para monitorear zonas muy amplias”, destaca Fontán.

Basura marina en una playa portuguesa

Dentro de UAS4Litter, la experta de la UVigo ha participado en varias campañas y colaborado en dos artículos científicos y en dos congresos, uno de ellos la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias. “Los investigadores del INESC estudian los algoritmos que permiten identificar en las imágenes los plásticos y otras basuras marinas. Y los expertos de otras áreas tenemos que interpretar los resultados”, apunta.

"Hay restos de todo tipo, pero gran parte están relacionados con la pesca: redes, nasas, boyas y material de todo tipo”

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“Yo colaboré en el marcaje de las coordenadas de referencia para el dron y también en los estudios morfodinámicos. La costa del Atlántico norte es muy energética y el oleaje influye en la distribución de la basura. Cuando hay temporal aparecen residuos en la zona alta de la duna y comparamos la variación de la erosión con la de la distribución de la basura. Hay restos de todo tipo, pero gran parte están relacionados con la pesca: redes, nasas, boyas y material de todo tipo”, explica.

Por su parte, el estudio desarrollado en las islas de Providencia y Santa Catalina, que acaba de publicar la revista Science of the Total Environment, se basa en los muestreos realizados manualmente durante la cuarta expedición en la reserva de Seaflower, financiada en 2019 por la Comisión Colombiana del Océano y la Dirección General Marítima.

Fontán colabora desde hace años con los dos investigadores principales, Luana Portz y Rogério Portantiolo, y en este caso analizó los datos recopilados para tratar de desvelar el origen de la basura y cómo se transfiere entre los distintos ecosistemas de las islas en función del oleaje, los vientos y las corrientes.

“Las islas actúan como sumideros, son centinelas de la contaminación”

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La reserva es uno de los ecosistemas colombianos más aislados de las amenazas antropogénicas, sin embargo, los investigadores hallaron basura en todos los ambientes: “Las islas actúan como sumideros e incluso en zonas sin turismo los residuos llegan por influjo de las corrientes oceánicas y los vientos. A igual que ocurre en la costa portuguesa, los desechos proceden de zonas muy alejadas”.

Manglares y vegetación

El estudio es el más detallado realizado hasta la fecha sobre la basura marina en las islas y arroja luz sobre su impacto en ambientes costeros diferentes a las playas, donde se han centrado hasta ahora la mayoría de investigaciones.

La vegetación de la parte trasera de la playa y los manglares son zonas cruciales de acumulación de basura, siendo estos últimos puntos críticos de depósito de plásticos. “Se quedan retenidos durante años, incluso siglos y se van transmitiendo a otros ecosistemas”, apunta Fontán.

La expedición también muestreó el arrecife de coral, el mayor de Colombia y uno de los más grandes del Atlántico, y se encontraron fragmentos de plástico: “La densidad no es significativa pero podría ir en aumento”.

Aunque parte de los residuos son originados por las actividades locales del turismo y la pesca, muchos se deben a fuentes externas. Unos resultados que podrían extrapolarse a otros ecosistemas insulares del mundo. “Las islas son centinelas de la contaminación. La basura, el plástico en particular, tiene la capacidad de llegar a zonas muy distantes, donde puede no haber presión antrópica y, al mismo tiempo, estar sufriendo una contaminación que afecta a los ecosistemas. Por eso son tan importantes estos estudios de monitorización”, concluye.

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