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Faro de Vigo

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Los microplásticos también amenazan al caballito de mar

Un estudio pionero del IIM-CSIC y el IEO demuestra la transferencia y retención de partículas en ejemplares juveniles

Microplásticos (puntos rojos) al final del intestino de un caballito.

Un estudio realizado por expertos del IIM-CSIC y el IEO constata por primera vez la incorporación, retención y acumulación de microplásticos en caballitos de mar a través de la ingesta de las presas que les sirven de alimento. Los resultados revelan que estas partículas llegan a formar agregados al final de su intestino, lo que podría provocar obstrucciones si se mantienen durante un tiempo prolongado y, como consecuencia, desórdenes alimenticios o alteraciones en el comportamiento.

“No había ningún trabajo previo sobre caballitos de mar y microplásticos y el nuestro aporta la primera evidencia de que se produce una incorporación a través de los copépodos, que están en la base trófica de muchas especies. Y también demuestra una relación proporcional directa entre la concentración de partículas en sus presas y en el tracto digestivo de los caballitos. Es un estudio preliminar que sienta las bases para poder seguir investigando los posibles impactos a largo plazo”, destaca Jorge Hernández Urcera, autor principal.

Los expertos eligieron la especie tropical Hippocampus reidi por sus facilidades para el cultivo y el copépodo Acartia tonsa, que se distribuye ampliamente por los océanos y forma parte de la dieta de muchos depredadores. Y como contaminante utilizaron esferas de polietileno, cuya presencia es muy elevada en el medio natural, con un diámetro de entre 1 y 5 micras (1 micra es la milésima parte de un milímetro).

Dos juveniles de "Hippocampus reidi", en el IIM. Jorge H. Urcera

Los caballitos pueden ingerir microplásticos en el medio salvaje de dos maneras. Una accidental o por confusión, ya que succionan agua mientras comen. Y la otra, por transferencia trófica, es decir, alimentándose de animales que contengan microplásticos.

Los experimentos del estudio se realizaron en las instalaciones del IIM y con la “gran ayuda” del Servicio de Acuarios, agradece Urcera. El primer objetivo era demostrar si los copépodos ingerían los microplásticos, así que fueron alimentados con dos concentraciones diferentes – de 10 y 100 microgramos por litro–, reproduciendo en ambos casos las condiciones que se han observado en el medio natural.

Una vez confirmado que sí se produce esta ingesta, los copépodos cargados de microplásticos fueron disueltos en los acuarios de ejemplares juveniles con diez días de vida y una longitud media de 1,8 centímetros. Estos ejemplares estaban divididos en dos grupos, con exposiciones de 20 y 60 minutos.

Gracias a la microscopía de fluorescencia, los investigadores pudieron seguir el rastro de los microplásticos, marcados previamente con un fluoróforo rojo, tanto en los copépodos como después en los caballitos.

Microplásticos (puntos rojos) en los copépodos.

“A los 20 minutos, los microplásticos se encontraban a lo largo de todo el tracto de los caballitos, desde la boca hasta el ano. Pero, una hora después, se localizaban principalmente cerca del ano y, en algunos casos, formando agregados. Son animales con una digestión muy rápida y enseguida evacúan lo que comen. Nuestra hipótesis es que si a los 60 minutos se forman esos agregados porque no son capaces de liberar los microplásticos al medio pueden llegar a causar una obstrucción”, detalla Urcera.

Sus hallazgos son “motivo de preocupación” para la conservación de los caballitos de mar, que también podrían utilizarse como posibles biomarcadores de la presencia por microplásticos en el medio marino, dado que los copépodos forman parte de la dieta de muchas especies.

Contaminantes adheridos

“Los resultados son importantes porque los microplásticos también pueden actuar como vectores de otros contaminantes que se adhieren a su superficie. Y esto, en el caso del caballito, supone una mayor problemática. Si acumulan microplásticos con contaminantes adheridos podrían sufrir efectos más graves”, plantea.

De hecho, los expertos han iniciado otro estudio, con la colaboración del IEO de Murcia, para estudiar por primera vez este impacto. Utilizan microplásticos cargados con clorpirifos, un insecticida organofosforado, con el fin de descubrir cómo afectan a los caballitos de mar. “Hemos hecho análisis de estrés oxidativo para ver si hay efectos a nivel molecular, pero todavía estamos trabajando con los datos”, comenta Urcera.

Los primeros resultados ya han llamado la atención de la revista de alto impacto Science of The Total Environment, que publica el artículo sobre esta investigación conjunta. Por parte del IEO ha participado el experto en contaminación marina Juan Bellas. Y desde el IIM-CSIC han colaborado Miquel Planas, jefe del grupo de Biología y Fisiología Larvaria, que aportó su infraestructura y conocimiento sobre el caballito de mar; y Lucía Sánchez Ruiloba, la responsable de la Unidad de Microscopía y Análisis de Imagen. También firma el trabajo Marta Domínguez López, que realizó esta investigación como trabajo final del máster internacional IMBRSea bajo la supervisión de Urcera y Bellas.

Urcera trabaja actualmente en el IEO, pero desarrolló estos estudios durante su estancia de dos años como investigador postdoctoral en el grupo de Planas. Precisamente, hace unos meses publicó junto a él otro artículo relacionado con los peces pipa, que pertenecen, como los caballitos de mar a la familia de los signátidos, en el Parque Nacional Illas Atlánticas.

Urcera pasó una temporada en el Bedford Institute of Oceanography de Canadá para desarrollar modelos estadísticos a partir de los que generar un mapa de predicción de la presencia y abundancia de peces pipa en el archipiélago de Cíes.

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