Vigo suma ya 30.000 motos y es la cuarta gran ciudad del país con más matrículas por vecino

Un motorista saliendo de un parking para motos en el centro de Vigo / Ricardo Grobas
Ni la meteorología, especialmente adversa durante los meses de invierno; ni la crisis de stock que vive, en general, el sector de la automoción. El amor de Vigo por las motos se revela a pruebas de dificultades. Y crece, crece al margen de crisis económicas, pandemias o modas. El último balance de la DGT, con datos de septiembre, muestra que en Vigo hay matriculadas ya 30.021 motocicletas.
El dato es significativo por dos razones, ambas igual de elocuentes: por primera vez la ciudad alcanza la barrera simbólica de los 30.000 vehículos, nivel que no manejan otros municipios más poblados del país –e incluso con “mejor” clima–, como Bilbao, Las Palmas o Valladolid; y, segundo, esa marca se logra tras una escalada continua y prolongada que arrancó hace años.
Los propios datos de la DGT muestran que hace un lustro, en 2017, el parque de motos estaba en 24.600 vehículos. Si se echa la vista aún más atrás, con las tablas del IGE, se ve que en 2010 apenas pasaban de 20.800 y en 2000 se quedaban en 9.700. Conclusión: en una década su número aumentó un 37% y en lo que va siglo un 208%. Un boom en toda regla.
Más allá de los números en bruto, los datos de la DGT muestran cómo ha calado la pasión motera en la ciudad, la profundidad de su huella. Si se toman los datos de población oficiales del INE, que en 2020 registraba en la ciudad 296.692 personas, la proporción de motocicletas por vecino se sitúa en 10,1 por cada cien vecinos. No hay muchas ciudades con más de 250.000 habitantes con una proporción similar. Es más, según los datos de Tráfico solo habría tres con un nivel de penetración mayor: Barcelona, donde es posible localizar 15,2 motos por cada centenar de vecinos; Palma, con una docena; y Málaga, donde la proporción es de 11,4 motos cada cien habitantes. Vigo aventaja incluso a otras localidades con climas, a priori, algo más favorables para los amantes de las motos, como Alicante (9,8), Hospitalet (8,7) o Sevilla (9,2).
¿A qué se debe el “boom” motero que se ha vivido en la ciudad a lo largo de los últimos años? La claves son las facilidades que ofrecen. Facilidades a nivel práctico, en la conducción por la ciudad, a la hora de desplazarse y sobre todo aparcar. Y facilidades, también, en el capítulo administrativo. A lo largo de los últimos años el Concello ha aplicado una serie de ventajas para los vehículos de dos ruedas, menos contaminantes y que favorecen también un tránsito más fluido. Entre todas, la más atractiva es la reducción del impuesto de circulación.
A mayores, la administración municipal ha habilitado carriles especiales para vehículos de motos y ciclos, les ha permitido circular por algunos de los carriles bus y taxi que se reparten por la ciudad, usado pintura antideslizante en los pasos de cebra para evitar accidentes y sustituido viejos guardarraíles que suponían un riesgo para los conductores. En mayo el Consistorio anunciaba aún su intención de colocar barreras protectoras en medio centenar de puntos, a lo largo de casi cuatro kilómetros.
A las más de 30.000 motos inscritas en la ciudad se suman los 11.666 ciclomotores que la DGT contabilizaba en el municipio, si bien su tendencia es opuesta: poco a poco su número va decreciendo.
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