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El cariño de perros y gatos para potenciar la autoestima a reclusas

Olga Costa, directora del refugio de Cambados, durante una sesión con las reclusas de A Lama FdV

Cuatro perros –tres cachorros– y tres gatos –los tres, cachorros– del refugio de Cambados para mejorar la autoestima de las internas del Centro Penitenciario de A Lama y permitirles mostrar su emotividad. Es la iniciativa que ha llevado a cabo la Fundación Érguete con 12 mujeres durante los meses de agosto y septiembre –cinco sesiones de dos horas cada una–, enmarcada en el proyecto EVA (empleo, visibilidad, autonomía), que comprende actividades para facilitar su incorporación al mercado de trabajo al finalizar la condena y mejorar sus condiciones mientras están en prisión. Desde 2015, la entidad viguesa desarrolla esta actividad –a excepción de 2020 por la pandemia–: este año, fue el primero en el que participó exclusivamente el colectivo femenino. Y la valoración que hacen los implicados es “magnífica”.

“Fue una experiencia muy positiva. La veterinaria del refugio les impartió clases de primeros auxilios a animales y la respuesta fue bastante buena. Más tarde, con la educadora canina, empezamos a trabajar las emociones a través del animal, que no juzga, pero desprende muchos sentimientos. Con los perros y los gatos, se sintieron muy acompañadas y pudieron mostrar ternura y afecto, algo de lo que carecen en la prisión”, destaca Olga Costa, directora del refugio de Cambados, antes de dejar claro que el objetivo principal de esta actividad es demostrar a las reclusas que, al igual que los animales han tenido una segunda oportunidad, también ellas la merecen y pueden lograrla.

Costa señala que les vino “muy bien” a las reclusas cuidar a seres vivos: cepillarlos, jugar con ellos, enseñarles a sentarse cuando se les manda o acostumbrarlos a que no mordieran. “Sería interesante que pudieran tener contacto a diario con animales pequeños. Cuando se preocupan por ellos y los atienden, se abren al exterior, se rompe el caparazón duro que tienen para protegerse. El resultado obtenido en A Lama nos hace ver que los animales son grandes terapeutas: las mujeres se abrieron, mostraron sus emociones y miedos. Los primeros días, eran más reticentes; luego, ya pedían consejos y nos contaban por qué estaban allí, incluso hicieron un equipo, fueron una piña, se apoyaban unas a otras. Había dramas, muchos dramas. Como mujer y madre, empaticé muy rápido. Creo en la rehabilitación de los animales y en la segunda oportunidad para personas que no tuvieron tanta suerte a lo largo de sus vidas”, añade.

“Creo en la segunda oportunidad para las personas”

Olga Costa - Directora del refugio de animales de Cambados

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La directora del refugio de Cambados indica que esta iniciativa, además, contribuye al bienestar de los animales. “Una de las perras que llevamos fue rescatada cuando estaba atada a una cadena de un metro de largo. Les tiene miedo a los hombres. Para ella, estar con mujeres fue idóneo. Cuando se acercaba un hombre, la perra cambiaba”, apunta, a la vez que detalla que una gran parte de las reclusas que participaron en la actividad habían sufrido episodios de violencia de género, por lo que la conexión con el animal, en este caso, todavía era más intensa. En total, impartieron las sesiones una agente de igualdad, una educadora social, una criminóloga, dos educadores caninos, una terapeuta y una veterinaria. “La familia que hemos formado la Fundación Érguete y el refugio de Cambados es impresionante”, apostilla Costa.

Una de las ventajas de esta actividad para las reclusas es que les permite “romper la monotonía” y estar en contacto con la naturaleza, ya que la sesiones se desarrollaron en una zona ajardinada al aire libre. Lo explica Maite Pena, técnica de Igualdad de la Fundación Érguete y técnica de empleo del programa de prisiones –Itínere–. “Fue importante para ellas porque pudieron trabajar las emociones positivas. La actividad de terapia asistida funcionó muy bien; es clave colaborar con el refugio de Cambados porque su filosofía es similar a la de Érguete, no se trata de una empresa de terapia canina”, anota.

María Rodríguez, responsable del programa de prisiones en Érguete, concreta que, desde 2015, han participado un total de 50 reclusos y 12 internas en la actividad de terapia con animales. Hasta este año, la iniciativa se centró en hombres jóvenes con patrones de exclusión “muy severos y comportamiento poco social”. “Intentábamos enseñar a estos chicos que su actitud virulenta era muy similar a la que podía tener un animal abandonado por hechos que le habían ocurrido en el pasado, experiencias… En su caso, sobre todo, por falta de hogares funcionales. Empezamos por ahí, pero lo extrapolamos a mujeres porque, quizás, son el colectivo más marginal dentro de una prisión: su conducta se escapa de su rol como mujer, ya que, en la sociedad, no se contempla que ellas cometan delitos”, argumenta.

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