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Un “amarre de amor” que terminó en denuncia

Un vigués lleva a juicio a su tarotista por un delito de estafa al afirmar que era una máquina quien lo atendía y no funcionar su ‘magia’

Las cartas del tarot. // Aguete

Después de celebrar una vista con un gato –literal– como testigo, los juzgados de Instrucción vuelven a ser escenario de otro inusual juicio. Un vigués llevó ante los tribunales a su tarotista acusado de un delito de estafa al afirmar que era una máquina BOOT (una máquina virtual, tipo centralita) la que lo estaba atendiendo en lugar de una persona de verdad, motivo por el que su ‘magia’ no habría funcionado. El Juzgado de Instrucción 4 de Vigo acogió ayer la vista oral que terminó en una sentencia absolutoria al no presentar acusación el Ministerio Fiscal.

Un ritual por 370 euros

Todo comenzó tras una ruptura de pareja. El denunciante tras sufrir este desengaño amoroso, decidió acudir a una empresa de tarotista o videntes por internet donde contrató por 370 euros un amarre de amor,” un ritual con los que se quiere solucionar un problema en la relación de pareja y que incluso, lleva asociadas una serie de oraciones, tal y como se hizo referencia en el acto de juicio. 

Una centralita

Al no haber surgido el efecto deseado con el hechizo, el varón se sintió estafado por el tarotista, afirmando entonces que se encontraba ante una centralita y no ante un vidente de verdad. Ante esta situación, optó por proceder a la interposición de la denuncia, llegando ayer a juicio.

Conocimiento de los servicios

En sala, y tras la declaración de las partes, la Fiscalía no presentó acusación al entender que el hombre en todo momento sabía los servicios que estaba contratando, no dando lugar al tipo penal de estafa. Por lo tanto, el magistrado decretó su absolución.

Otros juicios

Este no es el único caso llamativo que tuvo lugar en estos órganos en las últimas semanas. Como se hacía referencia, el Juzgado de Instrucción 5 de Vigo celebraba el pasado día 1 de octubre una vista contra una joven que fue denunciada por una vecina quien asegura que ésta robó a su mascota.

Los hechos habrían sucedido hace meses, cuando la denunciante sufrió la desaparición de su gato atigrado. Pasadas unas semanas, y tras encontrarse con su vecina, aseguró que ésta tenía a su mascota, afirmando que se lo había robado. Tal fue el convencimiento de la joven que no dudó en presentar una denuncia. Junto a fotografías del animal, la prueba clave del mismo fue el propio felino, cuya dueña no dudó en traer en una cajita de cartón hasta el juzgado para demostrar que no había robado al animal, sino que era suyo. 

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