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Clínicas privadas de la ciudad practican unos 25 abortos quirúrgicos mensuales

Una mujer embarazada se somete a una ecografía Shutterstock

La interrupción voluntaria del embarazo ha vuelto al debate político en las últimas semanas. Es algo periódico: siempre sale a la palestra en algún momento del año y normalmente son los propios partidos los interesados en sacarlo para obtener rédito electoral y atacar al rival de uno u otro bando.

La cirugía ronda los 680 euros si es con sedación | El Sergas deriva a un centro vigués mujeres de Pontevedra, Ourense y Monforte | Las menores de edad, una “minoría”

De lo que no se suele hablar es de la dificultad del proceso o lo mal que lo pasan muchas mujeres, algunas incluso influidas por la presión social para tomar su decisión. Y legalmente tampoco hay dudas: abortar es algo voluntario y libre (al menos hasta la 14ª semana de embarazo), y es una práctica más o menos normalizada y también extendida. En la sanidad pública viguesa se cubre tanto la intervención quirúrgica para la interrupción voluntaria del embarazo (algo que se hace aproximadamente a partir de la séptima semana), como desde hace unos meses la pastilla abortiva, un método farmacológico que se plantea para las primeras semanas desde el inicio de la gestación y del que se encarga el Centro de Orientación Familiar de Vigo.

La cobertura del aborto en la sanidad pública en Vigo es por tanto total. Sin embargo, la clínica privada Castrelos, que es la que actualmente tiene licencia de la Xunta de Galicia para la interrupción del embarazo hasta la decimocuarta semana, continúa haciendo un importante volumen de abortos, especialmente quirúrgicos. Concretamente realizan una media de unas 25 cirugías abortivas mensuales. El coste de esta operación es variable en función de distintas variables, pero por ejemplo se sitúa en unos 680 euros si es necesaria la sedación de la paciente. La pastilla abortiva se ofrece en estos centros privados a algo más de cuatrocientos euros.

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¿Y por qué hay mujeres que acuden a abortar a clínicas privadas si la sanidad pública viguesa cubre de forma gratuita esta práctica? “Una de las circunstancias es que consideran que consiguen más discreción. Es lo que percibimos”, apunta María José García, trabajadora social de la clínica Castrelos. Pero hay que señalar que a esta clínica viguesa también acuden mujeres procedentes del norte de Portugal y, además, gracias a un convenio con la Xunta de Galicia, el Sergas le deriva mujeres de Pontevedra, Ourense y Monforte de Lemos, que acuden a esta clínica privada a realizarse la interrupción del embarazo pero el coste lo asume la sanidad pública.

En los últimos días se hicieron virales unas declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz de Ayuso, alertando de que había mujeres que abortaban varias veces. La realidad que viven en esta clínica viguesa es bien diferente.

“Hay alguna que puede que haya repetido, pero son muy pocos casos. En cuanto a las edades, he de decir que nos llegan muy pocas chicas menores de edad, como mucho una o dos al mes "

Trabajadora social

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“Hay alguna que puede que haya repetido, pero son muy pocos casos. En cuanto a las edades, he de decir que nos llegan muy pocas chicas menores de edad, como mucho una o dos al mes (hay que recordar que en estos casos necesitan la autorización de sus padres o su tutor legal). Más allá de eso, vienen embarazadas de varias edades: veinteañeras, treintañeras y también alguna mayor de cuarenta años. Y hay que tener en cuenta que hay mujeres que por temas de salud no pueden utilizar métodos anticonceptivos, y eso puede provocar embarazos que no son deseados”, apunta esta trabajadora social.

Los motivos para abortar, obviamente, son anónimos y ninguna mujer tiene que explicar la razón de su decisión cuando acude a la clínica o le dice a su médico que quiere interrumpir voluntariamente el embarazo. “Cada caso es un mundo y no tienen que alegar ningún motivo, pero lo que percibimos si hacen algún comentario es que en muchos casos el aborto se produce porque la mujer ya tiene la familia deseada, el número de hijos que pretendía y decide no tener más”, explica María José García.

“Cada caso es un mundo y no tienen que alegar ningún motivo, pero lo que percibimos si hacen algún comentario es que en muchos casos el aborto se produce porque la mujer ya tiene la familia deseada, el número de hijos que pretendía y decide no tener más”

María José García

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El proceso que se realiza en los casos de intervención quirúrgica es en primer lugar una consulta con el ginecólogo del centro, y a la mujer se le practica una ecografía para determinar con exactitud el número de semanas de gestación. La operación es ambulatoria, es decir, no requiere de hospitalización y únicamente se permanece en la sala de recuperación unas dos horas mientras la sedación va desapareciendo. Lo que se hace concretamente durante la intervención es dilatar el cuello del útero para proceder posteriormente a su vaciado. Quince días después se realiza una ecografía de revisión para comprobar que todo esté bien. La cirugía por tanto es sencilla, y los efectos secundarios suelen reducirse a las primeras horas posteriores a la operación: vómitos o náuseas, dificultades para orinar, alguna molestia en la zona...

Colectivos “provida” ponen velas encendidas en los centros

Según la actual ley, el aborto es libre dentro de las 14 primeras semanas de gestación, es decir, la mujer no tiene que alegar motivo alguno y basta con que manifieste su decisión. En todo caso, debe ser informada previamente sobre los derechos, prestaciones y ayudas públicas que tiene la maternidad. No obstante, se puede ampliar el plazo para abortar hasta la semana 22 de gestación por causas médicas si existe un grave riesgo para la vida o salud de la embarazada, si se perciben anomalías graves en el feto o si se detecta en éste una enfermedad incurable en el momento del diagnóstico. La actual ley garantiza la interrupción voluntaria del embarazo siempre y cuando se realice por un médico especialista, ya sea en un centro sanitario público o privado acreditado. Existe una red de clínicas privadas acreditadas que están en coordinación con los servicios públicos de salud que garantizan el ejercicio de esta prestación.Sigue habiendo, no obstante, un importante movimiento que se autodenomina como “provida” que está rotundamente en contra de que las mujeres puedan interrumpir voluntariamente su embarazo. Es más, en la clínica Castrelos de Vigo rara es la semana en la que estos colectivos no dejan durante la noche velas encendidas en la puerta.

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