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Los 'tuits' ilustrados que se posteaban desde el Vigo del siglo XIX

La plaza de España en Vigo, hace más de cien años y ahora. Marta G. Brea

¿Quién sigue mandando postales desde sus destinos de vacaciones, para felicitar la Navidad o simplemente para acordarse de alguien en un día especial? Esta bonita y antigua costumbre, ya en desuso, y que hoy en día goza de una práctica residual por la hegemonía de las comunicaciones tecnológicas, tiene sin embargo su lugar en el mundo del coleccionismo.

*Este reportaje incluye 15 montajes de las primeras postales ilustradas con rincones de Vigo, de finales del siglo XIX y principios del XX, a la venta o subasta en portales como Todocolección, Ebay o Wallapop, y su transformación en la actualidad, más de cien años después. Para visualizar este efecto "Antes y Ahora" basta con desplazar el cursor de la foto, a izquierda o a derecha.

Las postales eran las redes sociales de aquel entonces, salvando las distancias. No tan inmediatas, ni con tanto público potencial, pero sí con mensajes e imágenes que permitían "viajar" sin desplazarse, a aquellos que recibían la misiva ilustrada.

Existen verdaderos tesoros en forma de postal que sus propietarios coleccionan, venden o subastan por su valor romántico, histórico o estético. Pero, ¿cuándo empezó a utilizarse este método para comunicarse? En realidad, su origen nada tiene que ver con el significado más bohemio que se le daría con el tiempo. Y es que su inventor, el austríaco Emmanuel Herrmann las ideó para abrir mercado, pero sobre todo, por motivos económicos.

Por un lado, escribir cartas suponía seguir unas fórmulas de cortesía con textos complicados que no estaban al alcance de las clases menos alfabetizadas, así que esta opción, salvando las distancias, sería como el tuit del siglo XIX: servía para una veintena de palabras exentas de formalismos.

Postales antiguas de Vigo con fotos de Bouzas, A Guía o la calle Policarpo Sanz mataselladas y enviadas a Francia, Londres y Uruguay; La última corresponde a la misiva de la empresa viguesa de loza y porcelana Manuel Álvarez e Hijos a un posible cliente en Alicante.

Con estas postales, además se ahorraba el dinero en papel, sello y sobre, ya que las primeras tarjetas eran emitidas por las administraciones de correos y traían impreso el franqueo en una de sus caras.

Pero la otra cara estaba completamente en blanco para que se pudiera escribir en ella un mensaje. Estas primeras eran simples y poco atractivas, hasta que mejoraron los métodos de impresión. Entonces la industria privada vio un filón. Así, en la última década del siglo XIX, triunfarían las verdaderas tarjetas postales que hoy conocemos: ilustradas, impresas y editadas, bien con fotografía original o coloreada, o bien con un dibujo del lugar en cuestión.

Estas simples cartulinas atesoran algo excepcional: el pasado. Son testimonio de cómo han evolucionado los barrios, lugares, ciudades y habitantes de otros siglos, y su transformación casi irreconocible de hoy en día.

"Vigo. Muelle de Hierro", primera en Galicia

La primera postal oficial española se emitió en diciembre de 1873, sólo cuatro años después de su invención, pero la primera ilustrada según sostiene Carlos Teixidor en su libro "La tarjeta postal en España (1892-1915)", fue de 1892, impresa por Hauser y Manet. También asegura que la más antigua en Galicia está matasellada en agosto de 1899 y lleva por título "Vigo. Muelle de Hierro".

Tres versiones distintas de la postal "Vigo. Muelle de Hierro", imagen que ilustraba la primera misiva de este tipo enviada desde la ciudad olívica.

Así que su pasado es relativamente reciente, pero las que aún existen son un excepcional testimonio de la sociedad de cada década. Ya ha pasado un siglo y medio desde que el correo postal a través de estas pequeñas cartulinas era la única forma de viajar a los miles de rincones del país sin tener que desplazarse.

Eran las redes sociales de aquel entonces, salvando las distancias. No tan inmediatas, ni con tanto público potencial, pero sí con mensajes e imágenes que permitían "viajar" sin desplazarse, a aquellos que recibían la misiva ilustrada.

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Vigo, como en una postal de principios del siglo XX Casa Charles Alberty y Compañía SL-Arquivo Histórico Provincial de Lugo Loty

Pero esas postales con mensajes, noticias, avisos o saludos de sus remitentes también han viajado a lo largo de las décadas hasta hoy, y muchas de ellas se conservan en fondos bibliotecarios, museísticos o de organismos públicos, además de ser parte de colecciones privadas. Y es que estas simples cartulinas atesoran algo excepcional: el pasado. Son testimonio de cómo han evolucionado los barrios, lugares, ciudades y habitantes de otros siglos, y su transformación casi irreconocible de hoy en día.

No son tesoros de valor incalculable, pero sí emocional, aunque algunos coleccionistas o personas que rescatan de su baúl de recuerdos estas misivas intenten hacer algo de caja. Curiosamente, con la llegada de las nuevas tecnologías y la consecuente globalización, el acceso a reliquias y antigüedades es más fácil, sobre todo por la proliferación de plataformas de venta o subasta de artículos de segunda mano en las que siempre hay algún departamento enfocado a coleccionistas.

En España, una de las más populares y destacadas es 'Todocolección', una web a la que acceden los usuarios por registro y bajo el pago de una pequeña y única cuota, para poner en este escaparate virtual sus artículos de colección. La dimensión de esta página, es de tal envergadura que cuenta con 2.052 secciones y más de 30 millones de lotes (en concreto, 31.487.827); en la sección "postales", las entradas alcanzan los 3.004.711.

Aquí los costes oscilan entre los 0,25 euros a los 20 euros, en su mayoría. Pero también hay colecciones completas con precios altos. El lote de postales más caro de Todocolección es el de un vendedor de Zaragoza que ofrece más de 10.000 postales de todo el mundo por 75.000 euros. Sin petenecer a un compendio de tarjetas y como venta única, la más costosa es la firmada desde el exilio por el escritor y periodista en lenguas catalana y española Josep Pla i Casadevall, y circulada de Paris a Vilanova i la Geltrú en 1925 al artista y pintor Enric C. Ricart i Nin: cuesta 1.600 euros.

Vigo, en postales

Sin especificar a qué época pertenece, el portal de coleccionismo atesora 16.668 lotes en su página correspondiente a la categoría de postales ubicadas en Vigo.

El lote más caro consta de cuatro cuadernos postales, imprimidos por Hauser y Manet, con diez unidades cada uno, a excepción de uno que sólo tiene nueve. Así que son en total 39, las cartulinas ilustradas de finales del siglo XIX y principios del XX que ofrece este vendedor a un precio de 450 euros.

Para encontrar la postal única de mayor precio aparece una del fotógrafo Pacheco. Se trata del "Equipo del Coya, Vigo - Pacheco, Vigo 1923. Coya, Decano del futbol Gallego. Muy rara" según reza la descripción de su vendedor. Cuesta 125 euros.

Equipo de fútbol de Coia, de 1923. Todocolección

Las que ya han completado su viaje y se guardan con mimo están en diferentes instituciones públicas, o en manos privadas que las atesoran como patrimonio particular. De la ciudad olívica hay ejemplares postales en el fondo del Archivo Histórico de Lugo o en el del Museo Provincial de Pontevedra que las conservan junto a otras tarjetas de rincones gallegos.

Pero Vigo también cuenta con un cartófilo 'oficial', coleccionista de fotografías y postales antiguas que logró aglutinar un relevante compendio de estas piezas, dando a conocer este patrimonio a través de varias publicaciones, diarios y revistas.

Suyos son los títulos Vigo y los tiempos vividos al trasluz de la postal antigua (2006), Vigo, días en blanco y negro (2011), y Vigo, setenta años para crear una ciudad, este último publicado en el año 2013 y del que elaboró un vídeo con algunas de las postales que recoge en el libro.

Mención especial merecen los fotógrafos que firman las instantáneas de esas postales, elegidas por sus remitentes para llevar a Vigo por todo el mundo. Y es que en Galicia proliferó su envío por el movimiento migratorio de su población, cuyos familiares acudían a estas tarjetas como uno de los pocos contactos con sus seres queridos, que buscaban un presente mejor en países de la Europa central, o en América. Un contacto ya de por sí emotivo por la palabra escrita, que se completaba con la imagen de su pueblo o villa natal impresos. Son Jaime de Sousa G. Pacheco, Luis Casado Fernández, alias Ksado, António Pedro Carreta Passaporte, Filippo Prosperi y su mujer Cándida Otero o Raniero Fernández, sin olvidar a Eugenio Krapf, editor helvético que, tras pasar por algunas ciudades españolas, llegó a Vigo en las postrimerías del siglo XIX, donde residió y fundó una papelería-librería muy afamada en la época por la colección de postales de la ciudad olívica y del resto de Galicia que puso en circulación.

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