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Ángeles contra la soledad: “Ella cayó del cielo para mí”

Voluntaria y vecina van de compras por Teis.

Cuando Isabel Camba (89) dejó su A Estrada natal junto con su marido –enfermo de Alzhéimer– hace cuatro años, no se imaginaba que encontraría en Teis, una segunda familia. Una comunidad que nace del proyecto colectivo de la Fundación Grandes Amigos, cuya sede en Vigo, organiza programas gratuitos enfocados a ayudar a personas mayores que necesitan un acompañamiento afectivo en la ciudad olívica.

“Llevamos seis años con esta iniciativa, hemos ayudado a más de 100 mayores en Vigo a través de 90 voluntarios que los acompañan tanto en sus domicilios, residencias, presencial mente o través del teléfono”, apunta Olalla Álvarez, responsable de Desarrollo Social de la fundación. El objetivo principal es combatir la soledad que siente mucha gente mayor, pero en otras ocasiones, simplemente, conocerse y compartir planes con los que se tiene más cerca.

Isabel Camba y Ángeles García en su paseo matutino por el Mercado de Teis. | // ALBA VILLAR.

Por eso, Grandes Amigos, con el apoyo del Concello de Vigo y con la colaboración de la gerencia del Mercado de Teis –que les cede el espacio para ciertas actividades–, está poniendo en marcha estos días una nueva aventura comunitaria denominada “Grandes vecinos”, que tendrá su germen en Teis, pero la finalidad es extenderlo a todo Vigo. “Queremos recuperar ese trato vecinal de antes, donde todos los vecinos se conocían, compartían, se echaban una mano, eran esa otra familia”, matiza Olalla. Compartir un café, un paseo, una charla, y que “de ahí pueda nacer una amistad”.

Y para que la iniciativa se extienda al número máximo de personas, han creado una aplicación para el móvil, que básicamente, es un chat donde anunciar los planes o las quedadas. “Tenemos ya algunas personas que se han anotado, pero la idea es que sean más”, añade. El teléfono para inscribirse o pedir información es 650 18 24 56 o también al correo electrónico vigo@grandesamigos.org.

Isabel y su “petiño”

Cuando el alzhéimer del marido de Isabel alcanzó un estado más grave, preguntó hasta recalar en Grandes Amigos. Y así es como llegó Ángeles García –voluntaria de la fundación– a la vida del matrimonio. “Al principio iba para estar con él. Hablábamos de muchas cosas en sus ratos lúcidos, era muy interesante, tenía una conversación sosegada”, recuerda.

Constenla murió hace cuatro meses y aunque agradece que el servicio de Cuidadores de Barrio, dependiente del Concello, le ayudó mucho con su compañero de vida, cuando falleció no solo se quedó sin su compañía sino sin alguien con el que poder compartir sus pensamientos. “Tengo momentos muy bajos, y necesito hablar con alguien, echar lo que llevo dentro”, señala Isabel. Es así como Ángeles pasó a ser su confesora. “Me vino un ángel del cielo”, resalta. Su voluntaria se convirtió en un pilar fundamental en su vida.

Ángeles contra la soledad: “Ella cayó del cielo para mí”

Cada 8 años, Isabel tenía un hijo. El último y tercero, lo tuvo con 42 años en Venezuela. Decidieron hacer las “Américas” porque a su marido Manuel, se le metió en la cabeza”, y a ella le hacía ilusión. “Es que yo me di cuenta de que también tenía aspiraciones y quería intentarlo”. En 1958 embarcaron con el objetivo de todos emigrantes en aquella época. “Fuimos para 3 años y nos quedamos 39”. Al principio estuvo varios años de conserje y algunos de empleada de hogar, pero necesitaba probar algo que siempre le había corrido por las venas: el comercio. Decidió irse a Isla Margarita a comprar género para venderlo en Caracas. Toda una larga noche de viaje de ida y otra de vuelta y con tan solo unas horas para comprar lo máximo posible. Mientras su marido Manuel trabajaba en un taller de mantenimiento, ella ideaba la forma de crecer.

A veces tengo momentos bajos y necesitas echarlo para fuera

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De su cabeza salió ir “facendo un petiño” para adquirir hasta cuatro propiedades. “Constenla me decía: esa ‘cabeciña túa non para’, y aunque me costaba convencerlo, cuando las cosas se empezaron a poner feas en Venezuela, vendimos todo y volvimos para A Estrada, compramos vivienda, estudiamos a 3 hijos, ayudamos a nietos, y tuvimos una buena vida. De mucho esfuerzo, sí, pero buena”, asegura.

Entiende que los hijos trabajan mucho y que ella es completamente autónoma y que quiere hacer algo más que estar en casa y limpiar. Lo mismo le ocurre a su voluntaria Ángeles. Necesita crearse una red con la que compartir y ayudar. “No me cuesta nada. Tengo esa capacidad de empatizar con los dolores del alma. Si tragas y nunca lo cuentas, explotas. Hay que exteriorizarlo. Por eso me metí en el programa, porque no solo ayudo, sino también me ayudan”, destaca Ángeles. “Es tan importante lo que hace esta gente. Hace poco que la conozco pero estar con ella es como una terapia”, añade Isabel, visiblemente emocionada.

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