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Celso Arango Presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría

“Que nadie piense que la pandemia ha provocado la saturación de Salud Mental”

“No puede volver a repetirse un segundo confinamiento tal y como lo hemos vivido”

Celso Arango en el hall del Hospital Álvaro Cunqueiro. MARTA G. BREA

Uno de los mayores expertos en Psiquiatría Infanto-Juvenil de España y presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, Celso Arango, visita Vigo para participar en las jornadas que la Asociación Gallega de Psiquiatría organizó en el Hospital Álvaro Cunqueiro, coincidiendo con el Día Mundial de Salud Mental, que se celebra hoy. Esta entrevista se realizó un día antes del anuncio del Plan de Salud Mental, emitido ayer por el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Arango hace un repaso por la situación actual de la psiquiatría en niños y adolescentes, tanto de Galicia como de España.

–¿Cuáles son los problemas actuales en psiquiatría Infanto-Juvenil en España?

–El problema que nos estamos encontrando ahora es en la atención primaria, y, sobre todo, secundaria, que se ven muy afectadas por la pandemia. Porque son los médicos de familia y educadores los que detectan las primeras señales de alarma y estuvieron durante mucho tiempo volcados en la lucha contra la COVID. Entonces, tengo mucho miedo de que se nos venga abajo todo lo que habíamos trabajado en materia de Salud Mental y Psiquiatría. Estamos muy preocupados por cómo la pandemia puede afectar a la prevención.

–Desde que se decretó el estado de alarma, ha aumentado el número de pacientes que han sufrido síntomas compatibles con trastornos mentales ¿Hasta que punto esto es real?

–¡Ojo! No todas las personas, o jóvenes o adultos, que han manifestado síntomas de ansiedad, de tristeza o apatía tienen un trastorno. Es perfectamente normal y natural que, ante una crisis de cualquier índole, y una extrema y desconocida como la que hemos vivido, reaccionemos con preocupación, incertidumbre o dormimos peor. No podemos confundir los síntomas esperables ante la pérdida de un trabajo como es sufrir insomnio o estar alicaídos. Eso es una respuesta natural, no una depresión.

–Entonces los datos del incremento no son exactamente de nuevos casos diagnosticados tras el estallido de la pandemia.

No podemos psicologizar las respuestas humanas. Claro que como también sucedió en la crisis económica del 2008, se esperaba un incremento de algunos trastornos como la depresión y la ansiedad, que en la mayoría de los casos van a ser transitorios. A día de hoy, ha sido un 20% en adultos y un 25% en jóvenes. Pero la mayoría de las enfermedades mentales graves como la esquizofrenia o el autismo no aumentaron con la pandemia. Y ese moderado incremento lo que ha hecho es desnudar las carencias estructurales de un sistema deficitario y no comparable al resto de Europa. Que nadie piense que la pandemia ha sido la causante de la saturación en nuestro sistema de salud mental. No.

–¿Cuál es el siguiente paso que habría que dar?

Pasar de la palabra a la acción. No necesitamos leyes de salud mental. El gasto en el los presupuestos generales tiene que ser, por lo menos, el de la media europea. Estamos muy en la cola. En España, poco más de 4 euros del total que se invierte en Sanidad por persona, van destinados a la salud mental. Ya no digo que lleguemos a los 12 de Alemania, pero por lo menos a los 6, y situarnos en la media de Europa. Estamos en la cola del continente.

–Si nos tuviésemos que enfrentar a otro confinamiento ¿Qué medidas preventivas se deberían tener en cuenta con niños y jóvenes con dificultades?

–Primero, reducir el confinamiento al máximo. Segundo, no puede hacerse de forma lineal para todos. Quedó demostrado que la población más vulnerable está más expuesta a sufrir las consecuencias, por lo tanto, ese encierro para ellos tiene que ser el menor tiempo posible.

– El estado de excepción que se ha vivido ¿Qué riesgos tiene para la salud mental volver a vivirlo exactamente igual?

–No puede volver a repetirse. Y ahora con muchas menos excusas porque hemos visto lo dañino que es

– La atención en psiquiatría, en el seguimiento de un paciente las citas están espaciadas en intervalos de hasta 7 meses ¿Cómo se resuelve esta situación?

–En este momento, complicado. El que puede se va a la privada y el que no, ante una patología grave, se incrementa el riesgo de suicidio, por ejemplo.

– ¿Cómo está Galicia en materia de Psiquiatría Infanto-Juvenil?

–Galicia siempre ha tenido una deficiencia mayor que otras comunidades. En el último libro que hemos publicado en 2014, sobre la situación en el área de Psiquiatría Infanto-Juvenil en España , Galicia estaba a la cola.

– ¿Qué consejos daría a los profesionales que integran el primer Hospital de día Infanto-Juvenil, que se encuentra en el Nicolás peña de Vigo?

–Creo que han acertado con esta actuación. Va a posibilitar atajar los trastornos en su fase intermedia de una forma más personalizada. Los ingresos son necesarios cuando ya se alcanza un agravamiento severo de la enfermedad, pero para no llegar a esa situación, los Hospitales de Día van a ser ese recurso del medio para poder actual a tiempo. Deben estar a caballo entre Sanidad y Educación (jóvenes con acoso escolar, sin ganas de ir al colegio, por ejemplo). Lo ideal es que estuvieran integrados en los centros educativos, pero sí, son un gran avance.

–¿Cómo valora el anuncio de la incursión de la especialidad infantil en la carrera de Psiquiatría?

–Muy positivo. Era una deuda histórica de Sanidad con la sociedad española. A día de hoy, al terminar la residencia, el período mínimo de formación con niños es de cuatro meses. Pasará a ser de cuatro años. Creo, que con eso, lo digo todo.

–¿Deberían existir en los centros de salud, al menos, un especialista en Salud Mental?

–Efectivamente. Sería importantísimo que se trabajase de forma transversal. Como mínimo en los centros de salud debería haber psicólogos clínicos y enfermeros o enfermeras de Salud Mental. Es capital. Y que trabajen de forma coordinada con los sistemas de Salud Mental. Servir de primer filtro para la detección temprana, es algo fundamental y, que además, sucede en otros países de nuestro entorno. Añado más. Debería extenderse esa premisa también a los centros educativos.

– El suicidio en estas primeras etapas vitales ¿Se puede prevenir?

–Por supuesto. Todos los trastornos se pueden prevenir. Países como Dinamarca ha puesto en marcha un Plan Nacional de prevención de suicidio, después de una serie de políticas de inversión. Ha disminuido su tasa de suicidios a menos de la mitad. Está demostrado que la intervención en edades tempranas en la atención primaria y, sobre todo, en el sistema educativo, tiene un gran retorno beneficios al sistema público.

Consecuencias psíquicas del COVID en jóvenes: “El problema real está en la desigualdad”

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–¿Cómo y por qué les ha afectado tanto a los niños y adolescentes las consecuencias de la pandemia?

–No les ha afectado mucho más que al resto. Y no les ha afectado por igual. Cualquier crisis pone al descubierto la problemática real, que en este caso ha sido la desigualdad. Evidentemente, los que tenían un trastorno mental previo lo han pasado mucho peor. Pero lo que se ha puesto de manifiesto es la capacidad de resiliencia económica o intelectual. Han encontrado el camino para afrontar mejor o peor el confinamiento. Por ejemplo, no es lo mismo hacer un confinamiento en una casa con piscina y jardín que hacerlo en un piso de 50 metros con un padre con demencia senil y un hermano con discapacidad intelectual.

– ¿Qué se encontraron en las urgencias psiquiátricas durante este tiempo de pandemia?

–Detectamos que muchos de los problemas que hemos atendido en adolescentes no tienen que ver con la pandemia, sino con el confinamiento, que vino a cortarle la necesidad de rebelarse, una conducta natural en esa etapa. No era negociable poder salir. Y fue entonces cuando aparecieron la frustración, los trastornos alimentarios y las ideas suicidas. Son conductas que tienen que ver con no ser capaz de pensar más allá de lo inmediato.

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