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Triple escala para olvidar la pandemia

Vigo recupera su ambiente de cruceros Pablo Hernández

La crisis del turismo de cruceros parece que empieza a ser historia como lo demuestra el hecho de que las navieras del sector llevan semanas levando anclas y diseñando nuevas estrategias para la recuperación de una actividad que ha estado en modo reposo durante el último año y medio. Una de estas operadoras es la centenaria P&O británica, que el pasado 7 de agosto ha podido estrenar por fin el Iona, su nuevo y flamante buque insignia que había sido entregado por el astillero alemán Meyer Werft en mayo de 2020. El ansiado debut consistió en un circuito de itinerarios de corta duración desde Southampton, en los que el buque tan solo tenía permitido realizar recorridos por el litoral británico, o a lo sumo, adentrarse en aguas internacionales del golfo de Vizcaya, una especie de viajes a ninguna parte en los que el destino para el pasaje era el propio barco.

El crucero, atracado en A Laxe Pablo Hernández

Llega el Iona a Vigo este martes para ser admirado por primera vez en un puerto europeo del continente y exhibir todo el poderío de sus 184.089 toneladas de registro bruto y sus 345 metros de eslora por 42 de manga, en los que da cabida a 5.200 pasajeros y 1.762 tripulantes, aunque el barco llega con sus niveles de ocupación reducidos para asegurar el distanciamiento social. Serán 3.437 cruceristas y 1.594 tripulantes, según datos facilitados por Pérez y Cía., los que lleguen a Vigo para devolverle al entorno portuario el nutrido ambiente de las grandes ocasiones anteriores a la pandemia. El Iona es a día de hoy el sexto mayor crucero del mundo y el tercero más grande que haya recibido este puerto gallego en su historia, tan solo superado por los gemelos Oasis y Harmony of the Seas que vinieron en 2014 y 2016, respectivamente, y dejando pequeños a ilustres visitantes como el Independence of the Seas o el mismísimo Queen Mary 2. Será por otra parte, el primer crucero que llegue a Vigo movido exclusivamente por gas natural licuado, lo que agranda su carta de presentación como el crucero de los récords, al ser además el mayor construido para el mercado británico por una naviera de ese país.

El Iona, así bautizado por votación popular a través de las redes sociales en referencia a la isla escocesa homónima, arribó de madrugada a Vigo procedente de Southampton, en el marco de su primera travesía oceánica, un recorrido ibérico de dos semanas que completará con visitas a Gibraltar, Alicante, Barcelona, Valencia, Cádiz y Lisboa. Viajar en el crucero más moderno del mundo no supondrá para sus huéspedes ningún descalabro económico, ya que los precios arrancan a partir de 1.250 euros y tienen su techo en los 2.600 si se viaja en suite.

Durante la estancia de la nave en Vigo, la Autoridad Portuaria ha organizado un acto de bienvenida encabezado por su presidente, Jesús Vázquez Almuiña, que tendrá lugar a pie de muelle y en el que está previsto el tradicional intercambio de metopas con el capitán de la buque Robert Camby (sobrado conocedor del puerto vigués durante su etapa al mando del Oceana), acto en el que firma consignataria Pérez y Cía. también estará presente.

Como telonero de lujo del Iona y también por primera vez en la ciudad tendremos al Marella Explorer 2, un buque de menores dimensiones y capacidad y gemelo del que nos visitó por partida doble las dos últimas semanas. El Marella Explorer 2 ya había estado en Vigo en 1999 como Century bajo la gestión de Celebrity Cruises. También será homenajeado por representantes portuarios y miembros de la consignataria Incargo Galicia.

Y haciendo bueno el dicho de que no hay dos sin tres, junto a estas dos novedades se unirá una tercera en forma de superyate. Se trata del Al Lusail, de 123 metros de eslora, cuyo armador es el jeque catarí Abdullah ben Nasser Al Thani, rostro más que conocido en los noticiarios deportivos por ser el dueño del equipo de fútbol Paris Saint Germain. En este caso la escala del Al Lusail es de tipo técnico y su estancia será de varios días. El Al Lusail fue construido en 2017 por el astillero alemán Lürssen con un coste estimado en 500 millones de euros y cuenta con habilitación para 36 huéspedes. Su escala se suma a las de otros megayates de reciente visita, entre ellos el Azzam, de 180 metros de eslora y el mayor del mundo a día de hoy.

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