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Objetivo: frenar la polución tras el aviso de la OMS

Objetivo: frenar la polución tras el aviso de la OMS

Después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciase hace tan sólo unos días la actualización de los límites de polución –cuya última publicación a este respecto se aprobó en 2005– que pasan de los 40 a 10 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno (NO2), se despierta una alerta que lleva años siendo el caballo de batalla de administraciones, empresas y particulares. Es por eso que cada vez más cobran más importancia las propuestas que tienen como objetivo la reducción de las emisiones para mejorar la calidad del aire en las ciudades.

Las directrices que ahora anuncia el organismo son mucho más estrictas y no habían sido revisadas en 15 años. No es casualidad que lo haya hecho ahora. “En los últimos años han sido muchos los estudios científicos que confirman la relación directa de los niveles de dióxido de nitrógeno y otros componentes contaminantes con enfermedades severas”, señala Manoel Santos, representante de Greenpeace en Vigo.

Las partículas nocivas procedentes de la combustión fósil –como la de los tubos de escape de los coches– contribuyen a la aparición de diversas patologías respiratorias como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o el asma, entre otras. Además, el NO2 –un contaminante tóxico cuya principal fuente en las ciudades es el tráfico motorizado– provoca cada año en España alrededor de 7.000 muertes prematuras, según el Instituto de Salud Carlos III y la Agencia Europea de Medio Ambiente. “No solo provoca esta alta cifra de muertes sino que puede reducir hasta en 10 años tanto la calidad como la esperanza de vida”, advierte Cristóbal López, portavoz de Ecologistas en Acción en Galicia.

Con este contexto, se hace urgente tomar medidas “y con celeridad” en las grandes ciudades, que a tenor de las nuevas directrices de la OMS –pendientes del respaldo normativo de la UE– están lejos de poder cumplir. El intenso tráfico y en menor medida, las emisiones industriales que soporta Vigo cada día dificulta el camino hacia la consecución de una ciudad con bajas emisiones. Síntoma de que las alarmas que las entidades medio ambientales están causando cierto efecto, son algunas medidas que se están empezando a tomar. La Federación Española de Municipios y Provincias (FEAMP), que preside el alcalde de Vigo, Abel Caballero, presentó el pasado junio la primera guía técnica para la implementación de zonas de bajas emisiones (ZBE) en todos los ayuntamientos de España para actuar contra los efectos del cambio climático.

Sin embargo, la ciudad olívica encabeza la lista de las ciudades de España con más coches por habitante, según los datos del Instituto Galego de Estatística (IGE) de 2019. Las agrupaciones ecologistas reclaman actuaciones que son viables a corto plazo: “No queda otra, hay que reducir los coches en Vigo. Hay que bajar las emisiones de polución y diseñar otro modelo de ciudad que fomente el uso en transporte público y bicicleta”, coinciden ambos ecologistas. Aunque desde el Concello se está apostando por los carriles bici, “son insuficientes” para una movilidad real” que permita a los usuarios desplazarse sin necesidad de coger el coche.

Las zonas de bajas emisiones permiten rebajar los niveles de contaminación y se ha demostrado con datos en diversos casos como el de Madrid Central. “La peatonalización del Casco Vello, por ejemplo, permitiría convertirlo en una ZBE, pero es imposible si por debajo se construye un túnel (en referencia a la construcción del corredor subterráneo de Porta do Sol)”, aseguran. También el sistema de medición de calidad del aire no está siendo del todo eficiente. Existen en Vigo dos estaciones urbanas que miden los niveles de polución en la ciudad: una situada en Coia, en una zona donde los árboles ayudan a rebajar los niveles y no se produce una “medición real” , y otra en la calle Emilia Pardo Bazán, dentro del colegio Lope de Vega. “Son insuficientes para apreciar el alcance de contaminación que emite el alto tráfico que hay en Vigo”, agregan.

Según las mediciones practicadas tanto en el confinamiento como en la desescalada, donde existían las restricciones a la movilidad, los limites de dióxido de carbono y de nitrógeno se redujeron notablemente. Ahora toca esperar a que las nuevas medidas vayan a Europa y entren en vigor.

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