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Gran Vigo

Madres en cuarentena: “Tiene que cambiar la normativa”

Vanesa Figueroa junto con su hija mayor, confinadas, mientras teletrabaja . | // FDV

10:40 de la noche del pasado domingo. Llega un mensaje de la Escuela Infantil comunicando que en la clase de su hija mayor ha habido un positivo. Por la política de protección de datos no se informa si el niño infectado está dentro de la burbuja de su hijo o no. La cuestión es que Vanesa Figueroa (40) ya había casi acostado a sus hijos –de 1 y 5 años–, había preparado la ropa para vestirlos al día siguiente y la merienda para el cole. Probablemente cuando estaba a punto de recibir la noticia que rompería su rutina y la de su familia en dos, hizo un poco de espacio en su cabeza para recordar aquello pendiente que quedó del viernes en la empresa de transportes para la que trabaja y que tendría que reanudar al día siguiente.

Vanesa no pensó que no volvería al trabajo en diez largos días ¿Y ahora qué hago? Se preguntó aquella noche que rozaba las 11. “Después de terminar de hablar con el el resto de madres, tuve que llamar a mi jefa y es cierto que en mi caso son muy empáticos, abogan por la conciliación, y tengo la posibilidad de teletrabajar, pero no todos pueden”, matiza. Si bien hace un año empezaba una vuelta al cole con todos sus actores –padres, madres, niños y profesores– sumidos en la incertidumbre y con una situación epidemiológica muy distinta a la actual, con alta incidencia y con los brotes acumulándose a las puertas de los centros educativos, la vuelta al cole de 2021 ha cambiado más bien poco. Las medidas se han relajado en los bares, en los centros comerciales, pero no en los colegios o escuelas infantiles en los que “el contacto del contacto que pudo estar con el positivo” sigue siendo una línea roja inflexible que no permite excepciones, ni casos de estudio particulares. “Deberían relajar las normas con los menores o encontrar una fórmula intermedia”, agrega.

No es un asunto menor. Vanesa y su familia representan a un gran número de padres frustrados, impotentes y temerosos ante la llegada del mensaje o llamada informativa del colegio en la que a partir de “ya” la vida cambia. “Si mi hija no tiene COVID tenemos que estar aislados por posible contacto, no tenemos derecho a baja laboral”, apunta. Es la espada de Damocles o la pescadilla de que se muerde la cola. Aunque las pruebas diagnósticas al resto de la clase han dado todas negativo, las cuarentenas siguen su curso. No hay cobertura legal para aquellos padres cuyos hijos no son positivos, pero deben permanecer aislados sin poder teletrabajar.

Es el caso de madres y padres que trabajan en fábricas o desempeñen tareas que requieran de presencialidad. Tampoco pueden dejar a sus hijos al cuidado de nadie más, pues supone un riesgo, además de cometer una infracción. Un año después de la pasada vuelta al cole, la normativa no se ha movido ni una coma. Otra casuística común es la de los pequeños que presentan síntomas compatibles con el virus y que tampoco pueden llevarlos como cada día a su escuela. La maquinaria se pone en marcha: llamada al pediatra, convocatoria en el centro de salud para hacer un test de antígenos a toda la familia y llamada a la empresa.

El limbo del miedo

La pervivencia en el limbo legal de las familias que deben hacer cuarentena igualmente aunque no estén afectados por un positivo directo, las conduce en muchas ocasiones a mentir sobre sus situaciones: progenitores que no dicen toda la verdad sobre sus contactos en las últimas 48 horas o a fingir malestares para obtener una baja por enfermedad que les permita estar al cuidado de sus hijos ante la imposibilidad de ir a trabajar “y reducir el riesgo de perder el puesto” , sobre todo, en aquellos casos en los que se lleva poco tiempo en la empresa: “Parece que todo depende del tipo de trabajo tengas, si puedes hacerlo desde casa o no. Porque tu jefe puede decirte que te busques la vida pero que tienes que ir a trabajar, y entonces ¿qué se hace?”, zanja Vanesa.

Trabajo de noche para rendir de día

Ni el teletrabajo es la panacea ni el cuidado de dos niños pequeños es compatible con casi ninguna tarea profesional. Vanesa es administrativa de 8 a 15 horas. No puede hacer toda su jornada continua con un bebé y una niña pequeña. “Es imposible, ellos comen en el colegio y en la escuela infantil, no puedo darles de comer tan tarde. Tienes que parar, poner a uno a dormir y sentarte con el otro. Uno llora y otro quiere merendar y así continuamente. No me queda otra que parte de mi trabajo hacerlo de noche”. La prolongación de la sensación de que el día no acaba nunca es acusada por muchos progenitores que tienen que compaginar las tareas de la empresa con su rol como padres. “Es volver al confinamiento. Voy al súper y cuando vuelvo ya tengo una mano en el teclado y la otra el biberón”, añade.

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