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El COVID “sangra” al Tren Celta

Tren Celta en la estación de Guixar. | // MARTA G. BREA

Malos tiempos para la conexión ferroviaria entre Vigo y Oporto. A pesar de que tanto España como Portugal han confirmado (y reconfirmado) su apuesta por un tren de altas prestaciones entre ambas metrópolis y de que el Ejecutivo luso incluso ha priorizado el corredor Lisboa-Galicia frente al Lisboa-Madrid, el actual servicio transfronterizo atraviesa momentos difíciles. El COVID lo ha golpeado doblemente. Y con fuerza. Ha laminado su oferta, dejándola al 50%; y ha desplomado –en parte a causa de esa menor operativa– la demanda.

Los datos que maneja Renfe muestran que en lo que va de año, entre enero y agosto, el bautizado como Tren Celta movió 7.400 viajeros. La cifra supone una caída del 87,7% si se compara con 2019, el último año libre del “efecto COVID”, cuando durante el mismo período los vagones amarillos del Tren Celta acogieron 60.300 pasajeros. El mazazo de la pandemia ya se había dejado sentir en cualquier caso en 2020, cuando Renfe contabilizó 11.200 usuarios, un 81,5% menos que el ejercicio anterior.

La sangría de viajeros responde a varios factores, todos relacionados con la crisis sanitaria. De entrada, el tren no ha operado con regularidad. Desde el inicio de la pandemia sus responsables se han visto obligados a suspender el servicio en dos ocasiones: la primera, del 15 de marzo al 16 de agosto de 2020; la segunda, del 31 de enero al 1 de mayo de 2021. De los ocho primeros meses del año, por lo tanto, sus vagones estuvieron sin salir de cocheras alrededor de 90 días.

El COVID también ha afectado en ciertos momentos a los aforos y ha dejado otra consecuencia con un impacto directo sobre la ruta: si a inicios de 2020 los usuarios del Celta disponían de dos frecuencias diarias, a día de hoy tienen solo una. Sus horarios impiden además ir y volver en el mismo día a Oporto, lo que resta atractivo a un ferrocarril que sigue siendo, todavía hoy, mucho más lento que el coche.

El coronavirus frena la evolución positiva que el Celta acumuló durante años. En 2014 Comboios de Portugal (CP) y Renfe contabilizaron 56.700 pasajeros, un año después eran ya 72.300, en 2016 el dato subió a 76.800 y en 2017 alcanzó los 91.600. En 2018 hubo un ligero retroceso hasta 81.400, pero el ejercicio siguiente la demanda había repuntad de nuevo a 85.700.

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