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Recolectar muestras de infectados de puerta en puerta

Parte del equipo de microbiología involucrado en la investigación

Parte del equipo de microbiología involucrado en la investigación FdV

La mayoría de las investigaciones en SARS-CoV-2 se están haciendo en pacientes cuya infección se agravó hasta tal punto de necesitar ingreso. Por dos motivos: era más acuciante darles una respuesta, pero también era más fácil recolectar las muestras para su estudio. Estaban en el propio hospital. En cambio, el proyecto que ha recibido la beca más cuantiosa de la Axencia Galega para a Xestión do Coñecemento en Saúde (ACIS) para investigar en COVID-19, se ha centrado en infectados con clínica leve o asintomáticos.

Microbiología del Chuvi recluta a cien pacientes COVID asintomáticos o leves para analizar cuánto tardan en eliminar el virus y su inmunidad

“Nos parece muy interesante este grupo porque los otros reciben más atención”

Sonia Pérez - Investigadora del estudio SARS-CoV-2 Inmod, del Servicio de Microbiología del Chuvi

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Claro que eso conlleva una importante dificultad logística: los participantes, en su mayoría –se siguió también a algún ingresado–, son personas confinadas en sus domicilios. La cosa se complica si tenemos en cuenta que el objetivo era reclutar a un centenar y que había que recoger muestras cada semana para esclarecer la primera pregunta que se plantea la investigación: ¿Cuánto tiempo se tarda en eliminar el virus?

Una enfermera, formada y entrenada por Medicina Preventiva y ataviada con el equipo de protección individual, acudía a de puerta en puerta para recoger estas muestras nasofaríngeas y de saliva que permiten observar cómo estos pacientes fueron excretando el virus. Se hacía mientras no diera negativo. Alguno, durante seis semanas.

“La primera dificultad fue conseguir a los pacientes sin molestarlos mucho”, señala la doctora Pérez. Sus dudas iniciales se disiparon con una “respuesta maravillosa” de la gente y han conseguido a esas cien personas –el 60% mujeres– de entre 18 y 50 años que eran las que no estaban inmunizadas en ese momento.

Los resultados del estudio, que cuenta con beca de la ACIS, estarán en diciembre

Con cuatro profesionales dedicados exclusivamente a este estudio liderado por el jefe de Microbiología, el doctor Benito Regueiro, y los microbiólogos Sonia Pérez y Xurxo Cabrera, hasta ahora, se han centrado principalmente en este reclutamiento, en la toma de muestras y en la puesta a punto de las técnicas que aplicarán con ellas. Este estudio, para el que cuentan también con la colaboración de más gente del servicio, así como de Medicina Interna y de Preventiva, tendrá los resultados en diciembre.

Si la primera respuesta que buscan es hasta cuándo contagia un positivo, la segunda es durante cuánto tiempo es inmune. Para esta fase planteaban recoger muestras de sangre al inicio, al mes, a los tres meses y a los seis porque, en un principio, los contagiados no se podían vacunar hasta pasado medio año. Como esta instrucción acaba de cambiar y participantes en el estudio empiezan a recibir el pinchazo frente al SARS-CoV-2. “De la mayoría de las personas tenemos hasta tres meses sin vacuna y, ahora, en los datos posteriores habrá que evaluarlos con este condicionante”, explica el doctor Cabrera. Incluso, este cambio, puede permitirles analizar otras cuestiones.

Analizarán dos tipos de inmunidad. Por una parte, la humoral, la que tiene que ver con los anticuerpos. Primero harán uno de los test serológico convencional para ver si los tienen o no. Pero no se quedarán ahí. Quieren saber si sirven, si protegen frente al SARS-CoV-2. Para ello están desarrollando y estandarizando un ensayo de neutralización. “Se ve si esos anticuerpos, al entrar en contacto de nuevo con el virus, tienen capacidad de impedir que se produzca una infección”, señala la doctora Pérez. Para ello, hacen un simulacro en el laboratorio: ponen u pseudovirus que expresa la proteína de superficie del SARS-CoV-2 –con la que se pega a las células humanas y permite que acceda a ellas– y lo incuban con el suero del paciente –donde están los anticuerpos–; tras un tiempo, ponen el virus en un cultivo celular simulando la infección respiratoria y se va viendo si con el suero se inhibe la entrada del virus. “Llegamos a saber con qué potencia” apunta. Pueden hacer el experimento con diferentes variantes.

“Hay muchos trabajos en los que han visto que aunque no detectes anticuerpos sigues teniendo inmunidad” explica el doctor Cabrera. Es la inmunidad celular: “Si el virus vuelve a entrar en el organismo, los linfocitos B lo detectarían y empezarían a responder”, señala Cabrera. También la estudiarán. Lo harán con una técnica comercial que se utiliza mucho para la tuberculosis y que en SARS-CoV-2 solo está aprobada para investigación. De las muestras de sangre de los pacientes extraen el plasma y, de este, los linfocitos. En una placa, los expondrán a cinco mezclas distintas de antígenos. Si los linfocitos reconocen esos antígenos exclusivos del SARS-CoV-2, liberarán interferón gamma, como parte de la respuesta inmune. Esto es lo que van a medir en el laboratorio. Si hay esa respuesta y cómo es de potente. ¿Y esta respuesta es capaz de contener la infección? “son las incertidumbres. Son cosas que iremos viendo poco a poco. Faltarán años”, responde el microbiólogo.

En una tercera fase de la investigación van a intentar cultivar los virus para hacer un repositorio que sirva para hacer pseudovirus y que valgan para otros investigadores.

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