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Sociedad

La cultura 'drag' en Vigo: una metamorfosis de transgresión y fantasía

Jose y Aitor, en pleno proceso de transformación de Lola Manta y Ketty Pinn, ayer en Vigo

Jose y Aitor, en pleno proceso de transformación de Lola Manta y Ketty Pinn, ayer en Vigo Alba Villar

Maquillaje, pelucas y plataformas que desafían la gravedad. Desinhibición, diversión, lentejuelas y fantasía. Cualquiera que haya visto una actuación drag, ya sean en directo o a través de una pantalla, utilizaría alguno de estos conceptos para hablar de la experiencia. Sin embargo, si algo define este tipo de espectáculos es arte y transgresión. Y como toda manifestación artística, no deja indiferente.

Cuatro horas de preparativos separan a Aitor y José de Ketty Pinn y Lola Menta, sus alter ego en el escenario | El humor, la provocación y la crítica, ingredientes de estos espectáculos en la ciudad

Para hablar de la historia del transformismo con verdadero rigor sería necesario hacer un recorrido de siglos. En la década de 1950 este tipo de shows experimentó un bum en locales vinculados al movimiento LGTBIQ+. Ya bien entrados los 2000 RuPaul, una de las drag queens más populares a nivel internacional, estrenó el ultragalardonado programa de telerrealidad Drag Race.

Aitor Martínez convirtiéndose en Ketty Pinn: 4 horas de maquillaje y vesturio

Desde su primera emisión el 2009, el movimiento cobró mayor protagonismo entre el público generalista. El formato llegó a España hace escasos meses, pero aquí la tradición drag tiene más solera. Los carnavales de Las Palmas de Gran Canaria incluyeron por primera vez en 1998 la Gala Drag Queen en su programa y desde entonces se convirtió en un referente indiscutible.

Aunque el acento canario resuene con fuerza en lo relacionado con estos espectáculos, no es el único. En Galicia, y más concretamente en Vigo, el arte drag también se ha hecho un hueco a base de talento y constancia.

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La cultura 'drag' en Vigo: una metamorfosis de transgresión y fantasía Alba Villar

Cristian de Samil es sin duda uno de los nombres propios del transformismo en Galicia. Natural de Elda, el trabajo de este vigués de adopción sentó en buena parte los cimientos de lo que es hoy el movimiento drag en la ciudad. Él mismo se define como “transgresor y provocador”.

“¡Desde los años 80 que comencé en el transformismo han cambiado tantas cosas que no se podrían resumir!”, explica. Lo que sí reconoce es la labor didáctica que se ha hecho con el público: “Siento que he hecho un trabajo de educación, antes estos espectáculos no estaban muy bien vistos, he demostrado que soy un actor que hace transformismo”. En este sentido, siempre se ha afanado en mantener separada su faceta artística de su vida personal y su orientación sexual. Además, no ha parado de adaptarse. “Estudié en Madrid arte dramático, baile, expresión corporal y sigo formándome, no me encasillo, aunque después de tantos años siempre hay números que el público reclama”.

El camino iniciado por estos precursores lo siguen labrando otros artistas. Entre tres y cuatro horas de preparativos separan a Aitor Martínez y José Pahissa de Ketty Pinn y Lola Menta, sus respectivos alter ego en el escenario. Y así, mientras se acicalan para su actuación del sábado en El Mono Vintage de Vigo, invitan a FARO a acompañarlos en el proceso.

Todavía encuentras quien te ofrece ir a actuar gratis o por las copas. Quien lo acepte es que no se valora y está tirando con su trabajo y el de los demás

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Aitor y José - Ketty Pinn y Lola Menta Alba Villar

Hace una década que Aitor comenzó en el mundo drag y desde hace tres años es su ocupación principal, aunque la complementa con sus facetas como peluquero y maquillador. Precisamente, en el espectáculo siente que conjuga todas las disciplinas que ama y disfruta: peluquería, maquillaje y baile.

De ello ha hecho su oficio y así la reivindica. “Todavía encuentras quien te ofrece ir a actuar gratis o por las copas, seguro que no lo hacen con los camareros. Quien lo acepte es que no se valora y está tirando con su trabajo y el de los demás. Esta es la profesión que quiero y quiero vivir de ella”, subraya.

El esfuerzo y los preparativos detrás de un espectáculo de drag queens no son peccata minuta como para regalarse. A esas cuatro horas de maquillaje y peinado hay que añadirle la preparación de la representación, la confección del vestuario, la búsqueda de zapatos… Y el desembolso no es solo de tiempo.

Comienzo de la actuación de Ketty Pinn y Lola Menta, ayer en Vigo Alba Villar

Cuando Lola Menta se sube al escenario lleva encima una importante inversión en dinero. José Pahissa comenzó hace 7 años en el mundo drag. Este showman se desenvuelve en diferentes disciplinas y fue a través de la magia como llegó al transformismo, un ámbito que ocupa ahora buena parte de su faceta artística.

“Mis plataformas de 30 centímetros me costaron más de 500 euros, pero las hay de 1.500 para arriba. Igual que las pelucas. En mi caso invierto unos 50 o 60 euros en cada una y luego las customizo yo mismo, pero pueden irse hasta los 300 y 500 euros”. José también confecciona su propio vestuario y los tejidos no son en absoluto baratos para estar a la altura del espectáculo. El presupuesto lo redondea el maquillaje, “ahí entre productos, herramientas y diferentes cursos y formaciones calculo haber invertido entre 5.000 o 6.000 euros”. Cada detalle cuenta, tanto cuando el look es más llamativo como cuando se apuesta por un concepto más sutil dentro de la fantasía drag.

La cultura 'drag' en Vigo: una metamorfosis de transgresión y fantasía Alba Villar

Desmontando mitos

Una de mis últimas actuaciones fue en el cumpleaños de una señora de 80 años, el espectáculo la sorprendió tanto que hasta por un momento se preguntó cómo estaba allí la propia Sara Montiel si ya había fallecido”. Con esta anécdota Gerardo Arias -Ge Drag sobre el escenario- comienza a desmontar algunos de los mitos más recurrentes en esta profesión.

Tras más de dos décadas de shows, Gerardo ha comprobado cómo se han democratizado estos espectáculos. “Cada vez encuentra más espacios, las redes sociales han ayudado a conocer diferentes estilos de vida y eso ha influido también en la ‘visibilización’ del drag”.

“Hay gente que sigue asociando el drag solo a la noche pero encaja en cualquier tipo de fiestas, con niños, cumpleaños, aniversarios..."

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“Hay gente que lo sigue asociando exclusivamente al mundo de la noche pero va mucho más allá. Forma parte de la animación en general, fiestas de cualquier tipo, con niños, cumpleaños, aniversarios…” añade Ketty Pinn en este sentido. Desde el punto de vista profesional, la popularidad de programas de televisión con Drag Race ha contribuido a abrir mentes “y a mostrar que somos mucho más que hombres que se visten de mujer y se ponen una peluca, existe mucha variedad, donde se conjugan drag queens, drag kings…”. Tanto así que la aceptación entre diferentes públicos crece día a día: “Desde niños a mayores, en pueblos más pequeños, muchas veces resulta increíble la aceptación, lo bien que se lo pasan y cómo interactúan”.

Una compañía de travestis

Entre toda esta diversidad se ha hecho un hueco Marinita y sus maromas, una compañía de teatro drag que se define como “grupo travesti”. Su fundador, Eduardo Domínguez, decidió explorar un concepto diferente al drag más clásico, ese que imita y recupera a las grandes divas. En su apuesta prescinden de pelucas llamativas y optan por maquillajes más sencillos. “Buscamos que se vea claramente nuestro género y la caracterización, damos más importancia a la comedia y a la crítica que a una estética en la que la transformación sea total”, explica Nicolás Martínez, uno de los cuatro miembros de la compañía.

Su esencia drag reside especialmente en el contenido de sus espectáculos. “Recurrimos al género de la revista y las variedades. Tenemos dos personajes tipo: por un lado Marinita, que es la diva que regenta un music hall, y por otro un patio de vecinas gamberras. A partir de ahí teatralizamos los diferentes números y creamos una comedia de enredos en la que el público también es protagonista”.

Esta receta les ha servido para acercarse a todo tipo de audiencia. “Hacemos teatro y la gente vienen a ver teatro. En la obra se encuentran con personajes travestis, pero también con historias fáciles de seguir sin dejar de lado la crítica. Nunca falta el humor, echamos mano del absurdo y mezclando el último éxito de K-pop con un clásico de Julio Iglesias”.

El mazazo del COVID

Desde la hostelería hasta las academias de baile pasando por todo tipo de espectáculos, la pandemia ha pasado factura a todo el sector del ocio, el entretenimiento y al arte en general. Las drag queen no han sido una excepción.

“Ha tocado readaptarse, nos ha pasado a todos” explica Aitor. En su caso, y en el de muchos compañeros, se apoyaron en actividades complementarias para mantenerse a flote, como por ejemplo el sector de la estética. Las redes sociales fueron esa ventana al público para seguir mostrando sus espectáculos. “Ha sido duro y sobre todo largo”, apunta Ge Drag.

Ahora, con la aparente nueva normalidad un poco más cerca, la experiencia de la pandemia ha venido para quedarse. En el caso de la compañía de Marinita, han priorizado los espectáculos en auditorios frente a salas; otros se han enfocado en eventos de menor afluencia.

A lo que no van a renunciar es a su vocación gamberra y transgresora ni a convertir los escenarios en ese lugar de ensoñación para encontrar el brillo y la diversión en momentos oscuros.

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