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La vida cotidiana de la Gallaecia, a través de sus lareiras

Un estudio de la Universidad de Vigo que cataloga por primera vez 40 cocinas romanas y analiza siete casos, entre ellos, Toralla y Armea, revela el día a día de nuestros antepasados

Recreación de una cocina de la "cibdá" de Armea. Iago Araújo

La bibliografía histórica sobre grandes guerras, pandemias o casamientos reales es abundante, pero desde hace algunos años los estudios también tratan de revelar cómo era la vida cotidiana de nuestros antepasados. Y las cocinas, a las que habitualmente se presta poca atención, atesoran mucha información aún por descubrir. Investigadores del Grupo de Estudos de Arqueoloxía, Antigüidade e Territorio (GEAAT) de la UVigo han catalogado por primera vez 40 espacios culinarios en las viviendas romanas de la Gallaecia y analizado en detalle siete de ellos, algunos de forma inédita, para establecer sus características.

“Se trata de poner en valor un elemento arqueológico al que no se le suele dar mucho valor cuando estás excavando. Pero, si le dedicas tiempo, puede ofrecer una información muy interesante sobre la vida cotidiana en la Antigüedad. Y, a igual que ocurre hoy en día, sobre todo, en las casas tradicionales, en las cocinas de la Gallaecia se desarrollaba gran parte de la actividad diaria. No solo estaban ligadas a la elaboración de la comida, sino también a la molienda de cereal, la cocción del pan y las labores textiles”, destaca Alba Rodríguez, una de las autoras del trabajo de GEAAT publicado en Cuadernos de Estudios Gallegos.

Excavación de la cocina de la “Domus” do Hexáscele, en Armea. GEAAT

La primera parte del estudio reúne por primera vez todos los datos, fotos y planimetrías procedentes de diversas fuentes sobre 40 cocinas localizadas por toda Galicia, representativas de distintos tipos de yacimientos y que abarcan un periodo desde el cambio de era hasta el siglo V d.C.

Los expertos de GEAAT, asociado a la facultad ourensana de Historia, también profundizan en siete casos ubicados en varias domus urbanas de la capital Lucus y de la cibdá galaico-romana de Armea (Concello de Allariz), de carácter más rural, así como en la villa tardoantigua de Toralla y en la mansio (posada de carretera) Aquis Originis (Lobios).

A la luz de sus resultados, las cocinas de la época romana en Galicia serían espacios “oscuros, en penumbra y llenos de humos de la lareira y el horno”, pero también “especializados y multifuncionales” , donde se concentraría una intensa actividad diaria.

Horno, mortero y lareira en la cocina de Armea. GEAAT

“Se asemejan a otros modelos romanos en que suelen estar separadas de la vivienda. Es una cuestión de seguridad en caso de que se produzca un fuego. Y en algunos casos también están asociadas a almacenes o incluso espacios termales, pero siempre formando un espacio más funcional y aislado. Y que muchas veces está separado físicamente de la zona de habitaciones y salones por un patio abierto”, explica la arqueóloga.

Su tamaño no suele variar aunque estén ubicadas en diferentes tipologías de viviendas ni tampoco la forma, la planta más habitual es cuadrada o rectangular. El pavimento es de tierra pisada y están construidas con piedra local, granitos o xistos, y con una o dos tégulas (teja plana) boca abajo. “Tienen una o varias lareiras de suelo y en algunos casos se combinan con un horno, cuya cúpula no suele conservarse”, añade.

En las cocinas o culinas había recipientes cerámicos para almacenar vinos, agua o cereales y la carne y el pescado se conservaban en salazón o ahumados. Además de platos y bandejas, también se han hallado restos como las cadenas de un trípode metálico que se utilizaría para colgar las ollas en Toralla, cuyo yacimiento ha sido excavado por GEAAT.

Cocinas en los dos edificios de la villa de Toralla. GEAAT

Y en Aquis Originis se tiene constancia de la aparición de una pieza única en el noroeste peninsular, un sello para el pan con una figura mitólogica: “Estos moldes se asociaban a las panaderías, pero lo inusual de este caso es que apareció en un ambiente doméstico”.

Las cocinas de esta provincia romana también tendrían muchos elementos de madera como las artesas de pan, pero los suelos gallegos no favorecen su conservación. Los arqueólogos de la UVigo sí detectaron niveles negros marcados por los materiales utilizados para encender el fuego y originados durante las continuas limpiezas de hogares y hornos.

Las fusaiolas o pondus (contrapesos) de telar localizados en Toralla evidencian los otros usos de las cocinas. “Eran un lugar interesante para estar, cálido y agradable. De hecho, hemos podido constatar que las lareiras eran espacios muy usados y que se iban reparando cuando se desgastan. Las tégulas nuevas se colocan en los mismos lugares”, destaca.

Incluso las estancias de los soldados en los campamentos de Aquis Querquenis y Ciadella (Sobrado dos Monxes) tenían su propia lareira y horno para cocinar y calentarse.

La cibdá de Armea

Las culinas de Armea, excavadas por la propia Alba Rodríguez, han permitido incluso constatar una caída de las temperaturas que sus habitantes combatieron con la construcción de más lareiras.

El yacimiento galaico-romano, todo un referente en la arqueología gallega y peninsular que GEAAT excava desde 2014, permite estudiar “la transición entre la Edad de Hierro y la época romana”, lo que Alba Rodríguez hizo en su tesis a través de las cerámicas.

“Es una joya. Es una ciudad en medio de un bosque y no paramos de encontrar cosas muy relevantes. La población va adquiriendo nuevos hábitos sin perder los suyos. Es una ciudad romana, pero mantiene elementos identitarios, “do país”. Y en las cocinas se ve muy bien. En las casas castrexas redondas formaban parte del conjunto, pero en Armea ya ocupan una habitación separada”, apunta Rodríguez, que firma el estudio con Adolfo Fernández, Patricia Valle, Fermín Pérez, Roberto Bartolomé y Nerea Ruanova.

“Una parte de nuestro trabajo es devolver a la sociedad parte de la información sobre su pasado. Hay muchas cosas con las que podemos sentirnos identificados o establecer paralelismos, por ejemplo, en el uso de las cocinas. No son muy diferentes de las de nuestras abuelas en las aldeas. Cuando la gente identifica estos elementos como parte de su pasado, de su identidad, los protege y los cuida. Lo vemos en Armea, la gente está entusiasmada con el yacimiento”, celebra la arqueóloga.

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