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Faro de Vigo

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Los “espejos” para las joyas industriales de la ciudad

Tabakalera de San Sebastián; Azkuna Zentroa, en Bilbao y Matadero, en Madrid.

Matadero, en Madrid, Tabakalera, en San Sebastián, o el Azkuna Zentroa, en Bilbao, son ejemplos de éxito de recuperación de edificios que marcan el camino de Alfageme o La Artística

Regalar una segunda juventud a los elementos del patrimonio industrial dotándolos de nuevos usos para que vuelvan a tener vida y no se deterioren hasta convertirse en ruinas. Es el objetivo que se ha fijado el Concello de Vigo para entregarle a los vecinos y visitantes La Panificadora –junto con Zona Franca–, La Artística y la conservera Bernardo Alfageme. Se trata de una de las líneas estratégicas que han seguido administraciones públicas de diferentes partes del mundo. Y es que, como defiende el Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG), y apoyan historiadores y expertos en materia de urbanismo, “la sociedad tiene la responsabilidad de conservar el patrimonio tanto histórico como contemporáneo que atesoran las ciudades”, es decir, hay que protegerlo, darle uso y, sobre todo, difusión entre los ciudadanos para que lo conozcan y aprecien su alto valor.

COAG: “La sociedad debe conservar el patrimonio y darle uso y difusión”

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Uno de los ejemplos más cercanos es el edificio de Tabakalera, en San Sebastián. Fue la fábrica de tabacos de la urbe donostiarra durante 90 años, desde 1913 hasta 2003. Vivió su época de esplendor en los años 20: en 1925, sumaba en su plantilla más de 1.000 trabajadores, sobre todo, mujeres. Tras privatizarse la explotación de tabaco en España, la nueva empresa –Altadis– cerró ocho de sus fábricas, entre ellas, la de la ciudad de la Concha, en 2003. Ante esta situación, el Ayuntamiento de San Sebastián, la Diputación de Gipuzkoa y el Gobierno vasco compraron el edificio para convertirlo en un centro internacional de cultura. Entre abril de 2011 y septiembre de 2015, estuvo en obras.

Los cambios más evidentes, según indican sus responsables en la página web oficial, se produjeron dentro del edificio. “En gran medida, la fachada principal se ha mantenido como estaba para poder preservar el carácter del edificio. Para convertir la antigua fábrica de tabacos en centro de cultura contemporánea, se abrió el edificio a la ciudad, eliminando verjas o muros circundantes y creando una calle interna de libre circulación. Se construyó un prisma de vidrio para dar una mayor visibilidad al edificio y aportar un nuevo punto de vista de la ciudad”, detallan.

Sin salir del País Vasco, encontramos el Azkuna Zentroa, también conocido como La Alhóndiga, el nombre que llevaba cuando funcionaba como almacén de vino, aceite y encurtido. Durante seis décadas, fue uno de los puntos comerciales álgidos de la ciudad. Ricardo Bastida proyectó un gran edificio industrial, funcional, avanzado y de estilo modernista, uno de los primeros en los que se utilizó el hormigón, además de la piedra y el ladrillo. Cerró en los años 70 por el declive de su actividad. En posesión del Ayuntamiento, se produjo su reapertura en 2010, convertido en un centro de ocio y cultura.

“Esta acción se enmarca en el proceso que inició Bilbao en los años 90 para reconvertir el modelo de urbe industrial en una ciudad de servicios, en la que la cultura es uno de los motores fundamentales de la transformación”, se explica en la web del Azkuna Zentroa. El edificio, del que se han mantenido y rehabilitado sus fachadas, es de estilo modernista. A lo largo de estos años, Azkuna Zentroa ha tenido diferentes etapas como centro de ocio y cultura hasta llegar al momento actual: se ha propuesto ser el conector de la sociedad con la cultura contemporánea, añadiendo valor al contexto cultural, artístico y social de la ciudad.

En la capital española, hay un claro ejemplo: Matadero, de arquitectura industrial. Como su nombre indica, antaño, albergaba el matadero y mercado de ganados de la ciudad de Madrid. Creado en 2006, es un centro internacional de cultura y de creación artística del Ayuntamiento de Madrid que desarrolla en sus naves una extensa programación: incluye exposiciones, teatro, festivales, música en vivo, cine, proyectos audiovisuales, conferencias, conversaciones, talleres, residencias para artistas, programas educativos y actividades para familias.

Su punto final como matadero llegó en el año 1996. Desde ese momento, se fueron sucediendo propuestas de usos para que volviera a latir –un museo de arquitectura, cines, la televisión regional o el hogar de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)–. En Matadero, también está la sede del Ballet Nacional de España y el invernadero del Palacio de Cristal de Arganzuela. Y es que el complejo madrileño es inmenso: más de 180.000 metros cuadrados.

En Portugal, existe otro espejo en el que fijarse. En mayo de 2008, abrió al público el Museu de Portimão, instalado en la antigua fábrica de conservas de Feu Hermanos, edificio datado de finales del siglo XIX. Fue sometido a una minuciosa restauración y a una rehabilitación adecuada para adaptarlo a sus nuevas funciones museológicas y culturales: funciona como centro de difusión cultural y espacio para descubrir los orígenes y evolución de la comunidad, así como su territorio y los aspectos más destacados de su historia marítima e industrial. En 1996, la necesidad de preservar este elemento motivó su adquisición por parte del Municipio de Portimão.

Otros ejemplos más allá de las fronteras de la península: el Museo del Patrimonio Industriale de Bolonia (fue un horno de ladrillos) o la siderúrgica de Völklingen (ahora es un centro cultural).

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