Cristo de la Victoria 2021
Una irrenunciable devoción al Cristo

Los nuevos cofrades, ayer en la Colegiata / Marta G. Brea
Pocas fechas están marcadas en el calendario vigués de forma tan intrínseca como el primer domingo de agosto, donde todo el municipio sale a la calle con motivo de la celebración del Cristo de la Victoria. Algunos por tradición familiar, u otros por devoción, los cofrades que la integran son el alma de la hermandad, el sustento de la misma, un hombro sobre el que apoyarse. La pandemia no ha hecho sino acentuar todavía más esta pasión por el Santo y pese a que la procesión ha tenido que volver a ser suspendido, por segundo año consecutivo, son numerosos los fieles que han decidido no solo ser partícipes de forma espiritual sino también activamente.
Tanto es así, que ayer tuvo lugar la imposición de medallas a los 30 nuevos cofrades del Cristo de la Victoria en la Colegiata. Consolidad una devoción familiar, arropar el amor al Santo tras un año de pandemia o la propia religiosidad son alguna de las razones que llevaron a querer formar parte de la hermandad.
Pablo Álvarez, vigués de nacimiento pero residente a caballo entre España y Estados Unidos, recuerda como en su familiar, ya desde pequeño, le han inculcado este amor por el Cristo. “En mi familia ya no se hacía planes el primer fin de semana de agosto. Sabíamos que estaba ahí la procesión y ya no organizábamos ni vacaciones, ni íbamos para a aldea ni nada”, relata Álvarez.
“Ser cofrades del Cristo de la Victoria es una forma de consolidar la devoción familiar”
Tras muchos años siendo partícipe de esta adoración ha decidido este año dar un paso más en esta creencia. “Al haberme instalado en Vigo he querido retomar la tradición y por eso decidí, con toda la mi familia, ser cofrade del Cristo. Mi mujer también lo conoció por sus abuelos, fueron muchas generaciones de adoración al Cristo”, cuenta este vigués. Con esta acción, Pablo Álvarez considera que es la forma de ser “consecuente con el día a día”.
“Creo que Vigo no se podría entender sin el Cristo; llevo más de 68 años en la procesión”
Como él se encuentra Manuel Suárez, fiel devoto del Cristo desde hace más de 68 años, cuando hacía el recorrido todos los años junto a su madre. “Para mí esta procesión es sinónimo de paz y tranquilidad”, reconoce. Por ello, en la actualidad, le gusta hacer la procesión en solitario y ya luego encontrarse con sus amigos. “Tanto yo como mi mujer acudimos todos los años, pero por separado. Ella sí prefiere hacerlo con sus amigas y yo solo, al final sí me reencuentro con ellos, pero es mí momento”, explica Suárez.
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