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Los hoteles de Vigo plantan cara al COVID a las puertas de un agosto clave

Visitantes en el Casco Vello de Vigo.

Visitantes en el Casco Vello de Vigo. Marta G. Brea

Aun con el microclima de la ría y el tirón de las Cíes de su parte, lo habitual, en verano, es que los directores de hotel de Vigo desayunen día sí y día también pendientes del parte meteorológico. Que una semana sea regular, buena o directamente de diez lo decide a menudo algo tan básico –e incontrolable– como una borrasca a destiempo o una caída brusca de temperaturas. En tiempos de pandemia a esa preocupación por el clima se suma sin embargo otra, incluso mayor: la evolución de los contagios.

Jaime Pereira, presidente de la Asociación de Hoteles de Vigo (Ahosvi), explica cómo –coincidiendo con el alza de infectados por COVID– se ha registrado en los alojamientos un goteo de anulaciones. “Es diario e incluso hubo una jornada, la semana pasada, con más cancelaciones que reservas”, lamenta. Aunque su volumen es mayor de lo “habitual”, el sector da por buena la marcha de un verano que se adivinaba prometedor hace meses, amenazó con nublarse cuando la quinta ola cogió altura y ahora –casi en su ecuador y con la experiencia de julio– empieza a dejar buen sabor de boca. Sin llegar a niveles “pre COVID”, la campaña, de momento, insufla oxígeno a un colectivo que ya vio mermadas las Navidades y Semana Santa.

Aunque es solo una valoración aproximada, Pereira calcula que en julio la ocupación media ha podido rondar el 70 o 75%. “Es un poco menos de lo que esperábamos, pero a pesar de todo ha sido un buen mes”, explica el presidente de Ahosvi. El dato mejora al de 2020, pero no alcanza aún los valores “prepandemia”. De entrada la caja de la hostelería sigue marcada por la crisis sanitaria y los negocios se ven obligados a lidiar en un escenario peculiar. Con el turismo extranjero prácticamente desaparecido, los destinos nacionales ponen el foco en el caladero turístico del que habitualmente se nutren las Rías Baixas: el mercado nacional.

De cara a la primera quincena de agosto, quitando el arranque del mes –de transición, habitualmente–, Pereira espera que se pueda alcanzar una media de ocupación del 80-85%, porcentaje que podría incrementarse durante el fin de semana de O Marisquiño. En una línea parecida apunta ya el buscador online Booking que ayer informaba de que tiene reservadas el 92% de las plazas de Vigo para el viernes 6 y el 93% para el sábado 7. El fin de semana siguiente el porcentaje es elevado también, del 89%. El presidente de la Asociación de Empresarios del Hospedaje de la Provincia (Asehospo), César Sánchez-Ballesteros, es incluso más optimista: “Salvo el inicio de mes, la primera quincena de agosto deberíamos estar en torno al 100%”.

El responsable de Asehospo y la federación provincial de hosteleros (Feprohos) reconoce que en el flujo de reservas y bajas hay más “movimiento” del habitual y que parte de los viajeros acuden aún con una “incertidumbre” que poco a poco se va despejando, pero es “optimista”. Su impresión es que –tras un julio con una ocupación que estima entre el 60 o 70%– “la tendencia es positiva”. “Galicia sufre menos que otros destinos, tiene la ventaja de que no está masificada”, comenta: “Los precios funcionan bien. No son equiparables a los de 2019, pero tampoco son muy bajos”.

A pesar de esos puntos positivos y de que en la ciudad se deja sentir también el efecto del año Xacobeo, Sánchez-Ballesteros asume que el resultado final difícilmente se podrá equiparar con el de 2019, antes de que el turismo se viese empañado por el coronavirus. “La hostelería factura menos”, apostilla.

El resultado final dependerá en cualquier caso de la propia deriva de la pandemia y, por supuesto, la meteorología. Precisamente la dificultad para predecir cómo respirarán una y otra durante la segunda quincena de agosto lleva al sector a ser cauto a la hora de vaticinar la deriva de las dos últimas semanas de agosto. “Hay que ver cómo evolucionan, pero de momento va bien, tenemos ocupaciones”, comenta Sánchez-Ballesteros.

Si las Cíes pueden servir de termómetro, ayer la web de reservas de la Xunta informaba de que ya no quedan plazas para visitantes –no así para campistas– hasta el lunes 23, a finales ya de agosto.

Pablo Conde, en uno de los pisos gestionados por Anfitriona en el Casco Vello. Marta G. Brea

Los apartamentos turísticos de Vigo ganan músculo a las puertas de un mes “fenomenal”


Los apartamentos turísticos ganan peso en Vigo. Lo reflejan las estadísticas oficiales elaboradas por el IGE, que en junio contabilizaba 576 con una amplia oferta que supera las 2.200 plazas, el doble que en 2019. Y se percibe igualmente al consultar la oferta disponible en la ciudad. Buen ejemplo del alza de los apartamentos para visitantes es que Anfitriona –firma dedicada a la gestión de pisos particulares para turistas– está a punto de sumar ocho nuevas viviendas a su listado, que ya ahora alcanza las 65 propiedades. La nueva decena de apartamentos se reparten además en un mismo bloque situado en el Casco Vello, en plena calle Cesteiros, al lado de Praza de Almeida. La compañía apura los últimos detalles para que puedan empezar a ocuparlos visitantes y atender una demanda que –asegura Pablo Conde, de Anfitriona– supera incluso sus previsiones. “La ocupación está siendo muy alta, por encima de lo esperado. Tenemos ya las mismas reservas para agosto que hubo en julio. Si julio fue muy bueno, el próximo mes va a ser fenomenal”, destaca Conde. A modo de ejemplo, explica que para agosto solo quedan disponibles “algunos días sueltos”. “Hubo alguna cancelación, pero pocas, y en precios y reservas estamos a niveles similares a 2019”. La oferta de apartamentos turísticos se cuela incluso en foros tradicionalmente ocupados por hoteles, hostales y pensiones, como Booking, que para el último fin de semana de agosto publicita cerca de una decena y media de alojamientos en Vigo. La oferta también se recoge en webs especializadas, como Airbnb. El tipo de cliente que reciben –abunda Conde– es básicamente nacional, procedente de otros puntos de España, y busca en Galicia valores como las playas y espacios sin masificar.

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