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Mira Vigo

Sorprendimos a Barbie

Fernando Franco

Fernando Franco

Sorprendimos a Barbie

Una mañana, cuando apenas había gente y la marea estaba baja, José Antonio Arbe sorprendió tomando el sol a Barbie, sentada plácidamente en la arena mirando al mar en una playita junto a la de Mourisca. Arbe sacó su cámara como vaquero su Colt en el Far West, disparó y obtuvo esta foto, que descubrió donde veranea la famosa Barbie.

La familia Trapp en Costa da Vela

Estuve comiendo con placer hace unos días en el restaurante A Toda Costa, antes Costa de Vela, en ese maravilloso escenario que mira a las Cíes en el extremo más occidental de la península del Morrazo, que separa las rías de Vigo y Pontevedra. Sus nuevos dueños han dado un cambio hacia la cocina de autor, y me encantó la historia de esta familia de origen ourensano que podría llamarse Trapp, cuyos hijos respondieron a la llamada de la matriarca como a la del muecín, cuando les convocó a una nueva ilusión: reabrir un restaurante en un espacio mágico. Monsa es ourensana (nadie olvida la pastelería “La Trinidad” de la abuela) que casó con un venezolano y allá se fue con 18 años y negocios de restauración. Vuelven a Madrid con 25, en 1982, y entra en el mundo del automóvil, en los 90 dirige un afamado centro médico (Vital Aza, etc.), marcha a Alicante con restauración, dirige hotel en Ourense entre 2016 y 2020...

Los hijos de Monsa 

Se enamora Monsa de A Costa da Vela que visitaba por amigos y convoca a sus hijos. A Jorge Álvarez, metido en finanzas en Barcelona; a Gerardo, licenciado en Ciencias del Mar y trotamundos por Australia, Cabo Verde (conservación de tortugas), Venezuela (medio ambiente marino), Panamá, Costa Rica, Maldivas, Indonesia... los dos acuden a la llamada materna ilusionados por el nuevo proyecto. No pudo el mayor, Luis, chef-manager de una importante empresa también de restauración en Memphis, ni Laura, diseñadora gráfica en Barcelona, la única en otro mundo profesional. No me digáis que no es una especie de Familia Trapp.

El Beldar de Ramos

Al día siguiente de mi experiencia gastronómica y familiar en el restaurante A Toda Costa me fui con Ramón Pozo y Sesi Pino a tomar un vino “e petiscos” al Beldar, en esa calle Abeleira Menéndez 13 rehabilitada moral y físicamente aunque sigue dando a Placer. Allí conocí a Ernesto Ramos, que lo abrió hace tres meses y reforzó ese espacio que tiene al lado Josiño el de Aveleira Vinos como lugar de cita con el vino. Ernesto, distribuidor de tres vinos, embutidos y jamones, lo abrió en realidad para lugar de catas con sus clientes pero se lió y lo extendió a la gente en general. Allí encontramos buenos jamones de Guijuelo, cecina de León, quesos de Zamora, Picos de Europa o Sierra de Grazalema... ¿Vinos? De Rioja y Ribera del Duero. Los suyos. ¡Vivan los nuevos placeres de la calle Abeleira, antes carnales, ahora gastronómicos!

Del Soriano al Rocío

No sé si decirles que dejen de enviarme sus guasaps o felicitarlos por ello. Hablo de dos restaurantes que cada día me despiertan apetitos no inconfesables pero que me incitan al pecado de la gula. A primera hora de la mañana tengo a mi amigo José Magaz enviándome fotos de las glorias que compra para El Soriano, sean pescados o carnes, sean palometas o cortes de bueyes gallegos o de raza vienesa; a horas parecidas, desde el Rocío, en el barrio del mismo nombre en Bouzas, me llegan fotos de Guillermo sacando pecho con inmensos bogavantes, anguilas, centollos inconmesurables... No sé si denunciarles por la revolución de jugos gástricos que me provocan cada mañana o felicitarles por hacerme creer que, al menos en la comida, todavía podemos tener fe y esperanza. Caridad no, que cobran.

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