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Enseñar a conducir… en inglés

Soledad Fernández, profesora de la Autoescuela Olívica, es la única de la ciudad que imparte clases en el idioma anglosajón

Enseñar a conducir… en inglés

Enseñar a conducir… en inglés

Soledad Fernández, profesora en la Autoescuela Olívica, abandera el ejemplo de que no hay límites para quien persigue aprender a conducir. Es la única que da clases en inglés en la urbe olívica. Las imparte desde hace unos tres años a personas que están en Vigo o en algún municipio del área durante un tiempo por temas laborales, principalmente, y que se manejan mejor en el idioma anglosajón. Las personas que reciben formación en este centro son de diferentes partes del mundo: Asia, África, Australia, Estados Unidos o Irlanda, entre otras. Cada año, sacan el carné unos 10 alumnos con esta condición. Esta modalidad se ofrece en este centro desde hace más de 10 años.

El perfil más habitual: personas de más de 30 años que ya saben conducir, pero que necesitan sacar en España el carné para circular por el país. “He tenido a un marinero, por ejemplo, a profesores que están durante unos meses dando clases en algún centro escolar o a empleados de empresas que residen en la ciudad o cerca por algún proyecto concreto”, explica antes de destacar que el examen teórico es en inglés, pero, en el práctico, deben entender al examinador, que les habla en español. “No es complicado, ya que se trata de términos básicos: girar a la izquierda o a la derecha, estacionar en línea o en batería...”, detalla Fernández.

Defiende que, aunque no es la rama principal de la autoescuela, sí se trata de un servicio “necesario”. “Toda la ayuda que les podamos dar a estas personas que intentan tener una vida normal en Vigo y cubrir sus necesidades para ir a trabajar está bien. Hay que echarles una mano. Los alumnos quedan muy agradecidos. Eso sí, sus horarios suelen ser difíciles por temas laborales, entonces, no suelen venir a clase a diario, sino a resolver dudas concretas. También les respondemos si nos llaman por teléfono o a través de WhatsApp”, anota.

El libro de estos alumnos, al igual que los test que realizan en casa para practicar, están escritos en inglés. “Si no entienden la respuesta correcta, el programa permite enviar la duda al personal de la autoescuela. En cuanto la vemos, les contestamos por llamada o a través del programa. Es una ayuda para que, al menos, la parte teórica la puedan obtener en un idioma que les resulte más comprensible. En la parte práctica, muchos de ellos ya saben conducir, es importante que se adapten a las normas españolas. El examen son las cuatro palabras básicas, pueden sacarlo sin problema”, añade Soledad Fernández.

Lo que más les cuesta es “cambiar la forma de entender la normativa”. “Aunque todos conducimos parecido, hay normas diferentes: están acostumbrados a actuar diferente a nosotros en determinadas situaciones y tienen que cambiar el chip. Por ejemplo: en Estados Unidos, en un semáforo en rojo en el que hay un cruce en T, puedes girar a la derecha si ves que no viene nadie. Otro: suelen hacen las rotondas por el carril interior”, comenta la profesora.

Para este tipo de alumnado, la matrícula es un poco más cara, “unos 50 euros más”, porque “se les da más tiempo”. “Se alarga su aprendizaje. Entre que trabajan y estudian para aprender a conducir, se les complica la agenda. Además, hay que tener en cuenta que no todos tienen el inglés como primera lengua: aunque lo entiendan mejor que el español, les cuesta”, matiza.

Conocer los encantos de la urbe a base de pedaladas

Vigo se vuelca con los visitantes. Entre los negocios iniciados en la ciudad en clave turística, está el de los hermanos Daniel y Gabriel Martínez, que pusieron en marcha hace dos meses un servicio demandando en la urbe tanto por visitantes como por locales: un alquiler de bicicletas –bajo la marca Mviko–. Su sede está en el Hotel Pazo Los Escudos, donde Daniel es responsable de mantenimiento. “Nos apasiona la movilidad sostenible. La directora sabía de mi afición a las bicis y le gustaba el servicio. Le comenté la idea y le pareció ideal”, explica. En cartera, tienen dos bicicletas eléctricas de paseo, cuatro convencionales de paseo y dos de montaña. “Estamos intentando añadir eléctricas de montaña con la vista puesta en el Camino de Santiago. Es algo que nos gustaría”, apunta. Los precios: “En las convencionales, 9 euros la primera hora; dos horas, 14 euros; las horas adicionales, 3 euros hasta un máximo al día de 20 euros. En las eléctricas: 15 euros la primera hora; dos horas, 22 euros; las horas adicionales, 5 euros hasta un máximo diario de 44 euros. Las de montaña convencional: entre 25 y 30 horas el día; las ofrecemos si nos llaman para pedirlas”. El perfil habitual de los usuarios: clientes del hotel que quieren conocer la ciudad en bicicleta. Daniel y Gabriel han creador rutas para facilitar los trayectos de los turistas. En una de ellas, se pueden ver la Finca Miramar, Museo del Mar, Bouzas y vistas de la ría de Vigo, islas Cíes, la ciudad y su entorno. En la otra, las playas de Alcabre, O Vao y Toralla, vistas de la ría de Vigo e islas Cíes y Cabo Estai.

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