Hay una epidemia que suele aparecer todos los inviernos y que lleva ausente desde el inicio de la pandemia del COVID. No es otra que la del bronquiolitis, una enfermedad que afecta fundamentalmente a niños entre 0 y 2 años, pero también pueden contagiarse personas más mayores o incluso adultos, produciendo un cuadro catarral. Sin embargo, en los bebés menores de tres meses la afección puede resultar grave, sobre todo si padecen alguna enfermedad respiratoria o cardiaca o si han sido prematuros. La infección se transmite por secreciones respiratorias, tos, estornudos y también, indirectamente, por contaminación de las superficies. De hecho, esto hace que en las guarderías el riesgo de contagio sea muy elevado.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico e inicialmente arranca con un catarro de vías altas que, en 2 o 3 días, afecta también a las vías respiratorias inferiores produciendo tos, fiebre, secreciones, dificultad respiratoria progresiva, y disminución de la saturación de oxígeno en sangre.

Los primeros casos se están registrando ya en Vigo: el Cunqueiro ha ingresado en menos de tres semanas a cuarenta pequeños con bronquiolitis. El motivo por el que llega ahora en verano y no lo hizo el pasado invierno (su ciclo natural es empezar entre octubre y noviembre y vivir el pico en diciembre), es por las estrictas medidas de prevención del COVID, especialmente el uso generalizado de la mascarilla. En varios centros de salud de la ciudad las últimas semanas también ha habido un goteo de niños con síntomas relacionados con bronquiolitis. Dependiendo del grado de afectación y del cuadro que presenten, los niños se derivan o no al hospital. En bastantes casos es necesaria la hospitalización, especialmente en menores de tres meses.

¿Y cuál es el tratamiento? Pues a los bebés que no superan los seis meses se les suministra únicamente oxígeno. A los que son algo más mayores, se le recetan broncodilatadores. Para los casos más graves también se utilizan corticoides inhalados e incluso por vía oral.