Hay relatos que estremecen, que ponen la piel de gallina. Tras ellos hay una gran verdad y una emoción devastadora: nuestras vidas penden de un fino hilo. Hasta que no pasas por ello no eres consciente y, por ello, quienes relatan sus experiencias al límite de la vida lo hacen con el poso de quien sabe lo frágil que es vivir.

Una carta de un paciente del Cunqueiro hace brotar lágrimas de emoción a quienes la leen. La propia área sanitaria de Vigo la ha compartido en sus redes sociales. En unos meses, la vida de su autor pasó de pender un hilo a causa del COVID-19 a cortar el cordón umbilical de su hijo.

"Una ambulancia me encontró sin aliento. Amanecí en la UCI, desorientado, traumáticamente traqueotomizado y con miedo, mucho miedo", relata el paciente, que ingresó en el Cunqueiro a finales de marzo de 2020, en los peores momentos de la primera ola de la pandemia, con España en confinamiento domiciliario.

Amanecí en la UCI, desorientado, traumáticamente traqueotomizado y con miedo, mucho miedo

A su estado grave por coronavirus se sumó una intervención quirúrgica: "mis pulmones respiraban a través de una cánula de plata y el alimento llegaba a mi estómago a través de una sonda nasogástrica". Su convalecencia fue larga, con noches interminables y "terribles", con las "peores pesadillas". Pero en ese pozo tenebroso siempre se encendía una luz gracias a ellas, las enfermeras: "Y ahí estabais vosotras para proporcionarme calma".

La carta abierta de este paciente es un sincero y emocionado agradecimiento al personal sanitario del Cunqueiro que lo mantuvo con vida y con esperanza. Que le dio calma en los peores momentos y compartió su alegría en los buenos. Meses después de recibir el alta médica, una vez superado el COVID, volvió al Cunqueiro por un motivo totalmente distinto, esta vez lleno de felicidad: el nacimiento de su hijo. "Vio la luz luego de un parto inducido con muchas dificultades. Pero al final todo salió bien. ¿Y sabéis por qué? Porque vosotras estabais ahí", escribe.

Al final todo salió bien. ¿Y sabéis por qué? Porque vosotras estabais ahí

Ahora, una vez más, vuelve al hospital. Un tumor le depara un nuevo paso por quirófano. Un lance que vive con la tranquilidad de saber que, de nuevo, ellas estarán allí.

"Fátima, Eugenia, Sonia, Susana, Luna, Cloe, Conchi, Lupe, Yolanda, Begoña, Rita, Silvia, Natalia, María y Úrsula. No son nombres propios cualesquiera, son los nombres de las personas que me ayudaron a sobrellevar aquella tragedia, de grandes profesionales y sobre todo de grandes y buenos seres humanos. Tengo una deuda infinita con vosotras", concluye su carta.