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Bodas de oro... casi de camelia

Los tres matrimonios antela iglesia de San Salvador de Coruxo.

Los tres matrimonios antela iglesia de San Salvador de Coruxo. Alba Villar

Las bodas de oro que este domingo celebra la Asociación de Xubilados e Pensionistas Avoa, más que al preciado metal, tienen sabor camelia, la flor a la que se asocia el aniversario por los 51 años de casados. Y es que la pandemia ha postergado la celebración de una de las principales citas de este colectivo de la parroquia de Coruxo. De los tres matrimonios a los que se dedica, uno ya hace medio siglo y un año de su “sí quiero” y los otros dos lo cumplen pronto. Además, por un fallecimiento y por motivos personales, hay otras dos parejas que finalmente no podrán sumarse. A pesar de todo, las ganas acumuladas de fiesta volverán a hacer de este domingo una jornada inolvidable.

La Asociación de Xubilados e Pensionistas Avoa recupera las celebraciones tras la pandemia con el 50 aniversario de tres matrimonios

Las tres novias comparten edad. Las tres se casaron a los 19 años. “Muy jóvenes”. “Lo normal por aquel entonces”. “O no”. Lo que tienen claro las tres es que acertaron con la pareja Los bailes fueron los escenarios de la fase de cortejo de dos de ellas. “Era lo que había”, cuenta Eugenio Lago , que se confiesa bailarín consumado y recorría las pistas de Valladares, El Metropol, la Palmera... Él conoció a Clara Miranda en el que se celebraba en Nigrán el día del Pilar. Ella, de Sabarís, estuvo a punto de no acudir.

“Me había caído y tenía las rodillas machacadas y no iba a ir, pero me insistieron las amigas y me puse un pantalón”, recuerda . Él se fijó en ella porque “bailaba muy bien”. Y hasta la pandemia han seguido bailando todos los sábados y en las fiestas.

“El secreto para durar tanto es no estar muy encima el uno del otro”

Clara Miranda Pontes y Eugenio Lago Costas - Ramallosa, 10 mayo 1970

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Clara Miranda Pontes y Eugenio Lago Costas Alba Villar

Tras dos o tres años de noviazgo, se casaron el 10 de mayo de 1970 en A Ramallosa, con las familias “encantadas”. Ella trabajó en la Mejillonera Viguesa de Molíns hasta que tuvieron el segundo de sus tres hijos. Él empezó a los 14 años en Freire y se prejubiló a los 56 años. Desde entonces se han dedicado a viajar con el Imserso y con Avoa –donde Eugenio lleva tres años como directivo– y a cuidar de sus nietos. Su recomendación para aguantar tantos años juntos es “no estar muy encima el uno del otro”.

“Me casé de maravilla. No hay cosa más bonita que quererse”

Elena Comesaña Fdz. y Juan Prado Campos - Coruxo, 5 julio 1970

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Elena Comesaña Fdz. y Juan Prado Campos - Coruxo, 5 julio 1970 Alba Villar

“Un día discutimos, otro no, pero siempre vamos a la cama juntos”, cuentan Elena Comesaña y Juan Prado, pero ella cree que el secreto del éxito de su matrimonio está en atinar con la persona: “Me casé de maravilla, no hay cosa más bonita que quererse”. Los dos eran vecinos de Coruxo y casi no se conocían, hasta que Juan, albañil desde los 13 años, fue a trabajar a casa de los padres de ella. Primero pretendió a su hermana, pero la que hoy es su esposa “era la más lista”. Echaron tres años de “mozos”. Los tres que Elena estuvo de luto por su padre. No iban a las fiestas. Él pasaba las tardes en su casa jugando.

Elena trabajó en la conservera Botas en Canido, en Ruisán en Coruxo y en Vicente y Cía., hasta que cogieron el bar que traspasaban bajo su casa y regentaron El Solitario hasta 1977.

“No me tragaba porque parecía mudo y luego no me dejó. Y hasta hoy”

Bernardino González y Chelo Gago Rodríguez - Caldas de Reis, 11 julio 1970

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Bernardino González y Chelo Gago Rodríguez Alba Villar

“No me tragaba y luego no me dejó”, resume Bernardino González Castro cómo conoció a su mujer. Chelo Gago hablaba más con su hermano gemelo, que “era muy charlatán”, pero su hoy esposo “parecía mudo”. Él reconoce que podía bailar con una chica sin dirigirle la palabra en ningún momento. Ella estaba interna en un colegio en Caldas de Reis. El día de Navidad, en el baile de esa localidad, “La Yenka”, hablaron.

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Él le preguntó a dónde iría en fin de año y desde esa fiesta en Moraña no se volvieron a separar. Se casaron cuando él, trabajador en Citroën, regresó de la mili. Se pluriempleó repartiendo también butano y como comercial en Seguros Santa Lucía, donde también trabajó ella. “Nos gusta trabajar, pero también viajar”, destaca esta pareja que se ha recorrido medio mundo. Tuvieron un hijo y ahora disfrutan de dos nietos. Son de Matamá, pero tienen muchos amigos en Coruxo, donde “hay más movimiento”.

“Si no fuera por la asociación, muchos no viajarían”

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Y es que AVOA, con 246 socios, dinamiza la vida de los mayores de Coruxo desde 2006. “Si no fuera por la asociación, muchos no viajarían”. Algunos, no habrían ni salido de la parroquia. Les quedan muchos actos que recuperar tras un año en blanco, pero ya han retomado sus excursiones. El domingo empezará con una misa oficiada por el obispo y cantada por Nuria Lorenzo, tras lo que habrá un banquete en el Hotel Coia.

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