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El punto de encuentro evita listas de espera en pandemia

Las instalaciones del punto de encuentro de Vigo

Las instalaciones del punto de encuentro de Vigo

Parece una ludoteca infantil que inspira serenidad, aunque con la pandemia se han retirado juguetes y adornos. Por sus instalaciones pasan centenares de usuarios cada año, entre niños y progenitores de familias en conflicto con visitas reguladas y, en muchos casos, necesitados de protección frente a la violencia de género y la crisis familiar. El punto de encuentro familiar (PEF) de Vigo, uno de los siete de titularidad autonómica que existen en Galicia y el que más expedientes gestiona, ha decidido abrir todos los días para evitar las listas de espera y facilitar el encuentro de los menores con sus progenitores no custodios en estos tiempos de pandemia. Visitas supervisadas, entrega para pernoctas y recogida de niños en divorcios contenciosos, así como el caso de menores tutelados por la administración, centran el grueso de su actividad, que incluye también trabajar con las familias para resolver los conflictos.

Uno de cada tres niños afectado por violencia de género

Las restricciones de movilidad por el COVID frenaron las actividades del último ejercicio, pero no el número de casos que, en Vigo, se disparó un 17%. Pasaron de los 200 casos atendidos en 2019 a 235 asuntos un año después. De ellos, 67 se derivan de problemas de violencia de género, lo que indica que uno de cada tres niños está afectado.

Los casos crecen y las visitas se desploman

Aunque los casos crecieron, la pandemia propició que el número de intervenciones del último año se desplomara casi a la mitad. Así, hubo 585 usuarios frente a 712 en 2019; se realizaron 2.254 intercambios de menores frente a los 4.015 de un año antes y el número de visitas tuteladas bajó a 1.618 respecto a las 2.190 realizadas en el ejercicio anterior, a tenor de los datos que maneja la Xunta de Galicia.

Vigo, experiencia piloto

La apertura diaria de los puntos de encuentro familiar, que antes del confinamiento solo abrían cuatro días a la semana, comenzó a aplicarse en Vigo en la desescalada y, tras los buenos resultados obtenidos, se ha extendido a todos los PEF de Galicia, explica Cristina Blanco, subdirectora xeral de Política Social, de quien depende la gestión de este servicio. “La medida se adoptó al concluir el confinamiento –momento en que el servicio presencial se paralizó aunque siguió de forma telemática para facilitar el contacto con los progenitores, mediante videoconferencias y llamadas– y ante las restricciones de movilidad que dificultaban los encuentros habituales. Ahora, la lista de espera es algo meramente coyuntural y se trata de encontrar los horarios adecuados en el fin de semana, cuando se produce el mayor tráfico de visitas para adaptarse al calendario escolar de los niños”, expone Blanco.

Proteger a los menores

Preservar la seguridad y el bienestar de niños y adolescentes , así como favorecer la relación de los menores con sus familias es el gran objetivo de este servicio. Unas medidas que siempre fijan los jueces de Familia o, en su caso, de Violencia sobre la Mujer.

Nuevo perfil

El perfil del usuario ha cambiado en los último años al incrementarse las víctimas de violencia machista. “Hay un porcentaje importante de casos de violencia de género. En 2020 en Galicia tuvimos abiertos 666 expedientes, de los que 201 fueron de violencia de género. Debemos garantizar en todo momento la seguridad y también el cumplimiento de las órdenes de alejamiento. Además, hay que evitar el contacto entre la víctima y el agresor para lo que se cambian horarios a los progenitores y se establece un protocolo”, expone la subdirectora xeral.

Situaciones de conflicto

Blanco matiza que, aún sin llegar a la violencia de género, hay casos muy complicados entre los progenitores y por eso las visitas se establecen de forma muy reglada: “Se pretende dar un ambiente de bienestar a los niños y evitar que esos intercambios se realicen de forma conflictiva en domicilios particulares” . La sensibilidad es especial hacia la violencia machista y también con la violencia vicaria, aunque los PEF no son quienes establecen las medidas sino que se limitan a cumplir las decisiones judiciales. De hecho hay visitas tuteladas, muchas de ellas por violencia de género, así como intercambios y pernoctas establecidas por los juzgados .

Entregas supervisadas de niños

El servicio del punto de encuentro en Vigo se gestiona a través de Eulen y cinco profesionales técnicos, psicólogos, educadores y trabajadores sociales, trabajan de forma directa y educativa con las familias. Las entregas de los niños están siempre supervisadas por profesionales, así como las visitas tuteladas. En muchos casos el juez determina que sean así por protección.

Favorecer visitas de menores tutelados con sus familias biológicas

“Con los niños y adolescentes que tenemos en el sistema de protección de menores, a veces se utiliza el punto de encuentro para favorecer las visitas con sus familias biológicas. Cuando no es adecuado el trato entre progenitores, debemos garantizar la protección de los niños en los contactos con su familia”, relata Cristina Blanco. En ocasiones se dan situaciones conflictivas en los centros, pero en muy pocas ocasiones hay que llamar a las Fuerzas de Seguridad. “Si no hay colaboración por parte de los progenitores se eleva al juzgado la propuesta para una suspensión de visitas aunque sea de forma temporal. Se trata de garantizar visitas provechosas y reforzar vínculos con el progenitor no custodio, pero si tienen que intervenir las fuerzas de seguridad se pone al menor en una situación crítica y hay que evitarlo”, resume Cristina Blanco.

Nuevos PEF en Salnés y Morrazo

La Consellería de Política Social pretende acercar el servicio de los puntos de encuentro a los usuarios y evitar así grandes desplazamientos a los niños. Los centros de Pontevedra ciudad y Vigo cubren de momento toda la provincia, pero la Xunta proyecta la apertura de nuevos centros, de hecho el próximo podría ser en O Salnés en el año 2022. Cristina Blanco apunta que hay zonas críticas, como O Salnés, O Morrazo e incluso o Baixo Miño: ”Estamos estudiando la casuística para poder tomar una decisión en relación con la ubicación del próximo PEF”.

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