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Síndrome del emperador: se dispara el número de menores que pegan a sus padres

El número de menores que pegan a sus padres se dispara en los últimos cuatro meses

El proyecto Conviviendo Vigo suma de enero a mayo 334 intervenciones en la provincia frente a 844 de todo el año anterior

Explosión de rabia en discusiones diarias; violencia incontrolable en un ataque de ira que le lleva incluso a agredir a sus progenitores; no saber gestionar la frustración del no; las propias dinámicas instauradas en la familia... La violencia de los adolescentes contra sus padres se ha disparado y no es ajena a la violencia de la propia sociedad en videojuegos, programas de televisión... ¿Qué hago con mi hijo?, ¿lo denuncio?, ¿quién me ayuda?, se preguntan muchos padres desbordados con la situación. El relato de Rocío Carrasco sobre su hija ha permitido visibilizar un problema que está ahí y afecta a muchas familias.

Cada año la Fiscalía de Menores de Galicia abre cerca de 300 diligencias contra adolescentes por violencia familiar y doméstica. Las víctimas de las agresiones verbales y físicas suelen ser los progenitores, especialmente las madres. En lo que va de año las solicitudes recibidas en el proyecto Conviviendo Vigo, con programas para prevenir y mediar en estos conflictos sin tener que judicializarlos, suponen ya un 79% más de los casos de 2019 y el 84% del 2020. Las mediaciones para resolver agresiones filioparentales antes de que lleguen a los juzgados, también se han disparado en los primeros cuatro meses de este año en Vigo. El motivo es el impacto de la pandemia en la salud mental, con las incertidumbres y dificultades del último año que han afectado la convivencia de muchas familias, deteriorando el vínculo y volviéndose más difícil afrontar los conflictos cotidianos.

La Fundación Amigó llegó a la ciudad olívica en 2018 y desde su sede en la calle Purificación Sabedora ofrece un servicio específico y gratuito de resolución positiva de conflictos, así como de rehabilitación y seguimiento para las familias y los menores de toda la provincia de Pontevedra.

Las psicólogas Raquel Gallego y Aroa González en la Fundación Amigó de Vigo. ALBA VILLAR

Las psicólogas Raquel Gallego y Aroa González, especialistas en esta problemática, valoran y evalúan los casos de malos tratos a los progenitores que les llegan y fijan programas de recuperación y rehabilitación para toda la familia. También recorren colegios y centros educativos con charlas de prevención que ayudan a dar a conocer el programa Conviviendo Vigo y les permite llegar a los padres afectados a través de los orientadores escolares.

Entre enero y mayo de este año se recibieron en la Fundación Amigó 25 demandas, frente a las 32 de todo el año anterior. Además, hay ocho familias que suman 28 personas en proceso de valoración frente a 45 personas en el anterior ejercicio y se han realizado un total de 334 intervenciones tanto de apoyo psicológico como socioeducativo y de mediación, frente a 844 en todo el 2020 y 1.143 en 2019. En los últimos cuatro meses han atendido a 71 personas cuando en todo el año anterior fueron 122.

Gallego: “Evitamos buscar culpables, todos deben modificar conductas”

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Una llamada telefónica al 692 698 665 a la que suele seguir una cita personal es el primer paso para reconducir la situación. “Citamos a los padres o al progenitor que convive con el niño en caso de familias monoparentales y les explicamos el proyecto. Trabajamos no solo con el menor, sino con toda la familia. Todos deben modificar conductas. Evitamos buscar culpables, se trata de ver qué puede hacer cada uno”, explica Raquel Gallego.

Hay niños de 8 años con conflictos de violencia

La edad habitual de los menores conflictivos en la preadolescencia, se sitúa entre 12 y 14 años, pero en Vigo se detectan ya casos a edades más tempranas, con 8 años. “Es un camino largo, de al menos dos años, y muy doloroso. Los padres llegan destrozados pero los chavales también lo pasan mal. Hay que reconducir la situación con intervención, apoyo psicológico y pautas y restaurar la comunicación en la familia. Los chicos tienen que abrirse y no deben vernos como enemigas”, expone la psicóloga.

Conviviendo Vigo interviene en casos difíciles y duros de hijos que responden con gran violencia hacia sus padres, pero siempre que el problema no esté judicializado o no precise de otros expertos, caso de posibles problemas mentales o autolesiones.

Madre e hijo participantes en el programa Conviviendo Vigo

“Bajamos al infierno pero he aprendido mucho, recuperé a mi hijo y estoy orgullosa de él”

Carmen - Madre de Ramón

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Una información de FARO DE VIGO, que le pasó una amiga, llevó a Carmen, enfermera de profesión, y a su hijo Ramón al programa Conviviendo Vigo hace dos años: “La ayuda existe. Por esos padres que no saben qué hacer ante el problema, doy mi testimonio. Con ayudar a una familia me basta. Nosotros bajamos al infierno hace ya cinco años pero con el programa he aprendido mucho, recuperé a mi hijo y estoy orgullosa de él. Además de mi agradecimiento a Aroa y Raquel, también agradezco su apoyo a mi madre y mi hermana, y al padre de mis dos hijos. No nos dejaron solos”, confiesa.

Carmen recuerda que su hijo era el niño perfecto: estudiante brillante, deportista, cariñoso y guapísimo. Pero al pasar al Instituto con la ESO y 12 años las cosas cambiaron. “Me separé porque mi pareja tenía problemas de alcoholismo y quiero pensar que eso afectó al mayor de mis hijos. El pequeño, que tiene ahora a14 años, ha sido el más maduro de la familia”, apostilla.

“No puedo resumir todo lo que hemos pasado. Todos los días eran discusiones violentas porque no quería cumplir normas, en momentos de ira rompía cosas y también me pegó, bueno nos pegamos. Mi casa podía ser la de Hermano Mayor y yo no sabía como afrontar el problema. Me desbordaba. Compré libros sobre educación, fuimos a Servicios Sociales... Me cogía dinero, fumaba porros y tuvo deudas, faltaba a clase y siempre estaba irascible. Estuve a punto de denunciarle, pero yo soy la adulta y tenía que buscar la solución. Llegué a pensar que había dejado quererle y le decía que a los 18 años le ponía la maleta en la puerta. Su hermano pequeño pensaba igual”, relata.

El programa Conviviendo le enseñó y le dio herramientas para afrontar la situación y descubrir lo que hacía, mal como presionar en exceso o “dar una bofetada “que no resuelve nada”. “Tuve que abandonar mi forma de actuar y aprender a comunicarme con él, ceder, hacer tratos. Pero lo hemos conseguido. Hemos recuperado la comunicación entre todos, los besos y los abrazos”, concluye.

“Yo me excusaba, creía que era culpa de mi madre, pero aprendí a ponerme en el lugar del otro”

Ramón - Hijo de Carmen

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“Durante mucho tiempo hice cosas que no debía y que son imposibles de resumir. Mi madre estaba desbordada sin saber cómo afrontarlo y yo creía que ella tenía la culpa. Me excusaba a mí mismo y le decía que era una mala madre. Parecía que todos estaban contra mí”, relata Ramón –nombre ficticio, como el de su madre, por tratarse de un menor–. La situación, añade, era insostenible. “Yo sufría, era incapaz de controlar lo que pasaba y eran peleas y enfados continuos, con una tensión insostenible”, recuerda.

“Fui al programa con pocas ganas. No confiaba nada, ya habíamos estado en Servicios Sociales... Creí que iban a decir aquí tenemos a este monstruo que hace todo mal, y me encontré con que no se focalizaba todo en mí. No nos juzgaban ni a mí, ni a mi madre, ni a mi hermano... Nos escuchaban y nos daban pautas y herramientas. Aprendí a ponerme en el lugar del otro y recuperamos la convivencia. Aprendí también el amor que nos une entre familia. Es lo más importante que tenemos”, apunta.

Hace ya más de seis meses que no hay conflictos en casa de Carmen y Ramón y en junio tendrán su última sesión familiar porque ya pueden caminar solos aunque aún queda camino, pues tiene 17 años. Ramón ha terminado un ciclo medio de Informática de FP y hará las prácticas este verano. Piensa ya en su próximo asalto, estudiará el ciclo superior. Su ilusión es ser productor de música electrónica y ya hace sus pinitos con un estudio que ha montado en su casa.

“Me gustaría que mi historia ayude a otros chicos que se encuentren en mi antigua situación. Tienen que buscar ayuda profesional. Que sepan que el proyecto Convivencia ayuda a ver la situación y que solo hablando se puede salir de eso. ¡Es la leche!”, asevera. Añade que conviene hacer caso a las madres. “Mamá es mamá. Los amigos van y vienen pero tu familia, y en especial tu madre, siempre te va ayudar, así que hay que escucharlas más”, concluye.

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