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El antropólogo forense del caso Diana Quer estará en el análisis del cuerpo de Déborah

Pegada de carteles con la foto de Déborah con motivo del 19º aniversario de su desaparición y muerte. Marta G. Brea

El objetivo es doble: comprobar si hay un perfil de ADN distinto al de la víctima y ver a través de los huesos si existió violencia

La exhumación del cuerpo de Déborah fijada para el 18 de mayo supone un hito en la sede de Vigo del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga). Porque será la primera que se haga aquí relacionada con un caso criminal. Dos claros objetivos dirigirán el análisis que se efectuará del cadáver 19 años después de la muerte de la joven viguesa: uno será el de buscar la posible presencia de ADN de otra persona bajo las uñas de la víctima a la luz de las técnicas actuales y el otro estudiar de forma concienzuda los huesos por si hay alguna microfractura que se hubiese podido pasar por alto en la primera autopsia y que fuese indicativa de la existencia de violencia. Y, junto al forense vigués que se encargará de dicho análisis, en el mismo participará también una eminencia en su campo, Fernando Serrulla, responsable de la Unidad de Antropología Forense de Galicia con sede en Verín (Ourense) y con una dilatada trayectoria. Las identificaciones de los atentados del 11-M de Madrid, el crimen del holandés de Petín o la autopsia de Diana Quer son solo algunos de los casos en los que colaboró. Una de sus cooperaciones recientes con la urbe olívica fue en el estudio de los restos óseos de Daniel Veloso, el joven cuyo cuerpo fue hallado casi 20 años después de su desaparición.

¿Cómo será la exhumación? Junto al forense del Imelga de Vigo y el letrado de la Administración de Justicia que dará fe del proceso que se llevará a cabo en el cementerio de Pereiró donde descansan los restos de la víctima en un nicho en el panteón familiar, la titular del Juzgado de Instrucción 2 de Tui ha facultado para que estén presentes el perito privado –el criminólogo y médico forense Aitor Curiel– y los abogados, que pedirán una aclaración por si puede acudir asimismo algún miembro de la familia. Agentes policiales velarán para que la diligencia se haga respetando el derecho a la intimidad. Para abrir el nicho deberán comparecer allí empleados del camposanto. Los restos de Déborah serán después trasladados a las instalaciones forenses del Nicolás Peña para hacer ya en ese lugar, con las técnicas adecuadas, el estudio de los mismos.

Pese al paso del tiempo, los expertos en la materia ven procedente esta exhumación, ante la posibilidad real de encontrar pistas. Transcurridos 19 años ya no se conservan partes blandas del cuerpo, por lo que las esperanzas de hallar ADN se circunscriben a las uñas, que sí aguantan el transcurso del tiempo. Uno de los objetivos es tratar de encontrar restos genéticos de otra persona bajo las mismas, algo que no se analizó en la primera autopsia y que sería factible en caso de que Déborah, por ejemplo, hubiese intentado defenderse de su agresor en un ataque por asfixia. Con las técnicas actuales no hace falta que haya una secuencia de ADN entera: un fragmento de ADN, los STR (short tandem repeats), podría ser suficiente para realizar una identificación completa de un perfil distinto al de la víctima. Eso sí, si hay una muestra genética con la que compararla.

Junto a esto, también se analizarán los restos óseos. ¿Qué pueden desvelar? Se da por hecho que no van a revelar ninguna lesión de entidad en los mismos, ya que eso es algo que ya se descartó tras la primera autopsia practicada en 2002. Pero mediante las técnicas de radiología actuales y otros medios se trataría de ver si puede existir alguna microfractura y si la misma es ante o postmortem. Aunque este análisis de los huesos no permitiría conocer la causa de la muerte –el informe entregado por la familia del perito Aitor Curiel apunta a una etiología homicida mediante asfixia por sofocación con un objeto blando–, lo que si se podría determinar en función de los hallazgos que se produzcan es si la joven sufrió algún tipo de violencia. 

“La exhumación es dolorosa y un mal trago, pero es necesaria hacerla”

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Ignacio y Ramón Amoedo, ambos abogados de la familia de Déborah, ayer. PABLO HERNÁNDEZ

Ramón Amoedo es uno de los miembros del equipo legal que representa a la familia de Déborah. Tras conseguir la reapertura judicial del caso en 2019, ahora acaban de lograr que el Juzgado de Instrucción 2 de Tui autorice la exhumación del cadáver. Satisfecho con que esta diligencia se lleve a cabo, se muestra sin embargo “indignado” porque “todo” se está impulsando “a iniciativa” de ellos. “Nosotros ya llevamos presentados 70 escritos de proposición de pruebas o de alegaciones; frente a eso vemos una clara pasividad y desidia de la Fiscalía y poca proactividad de la jueza”, valora este abogado. Y el que haya que hacer una segunda autopsia al cuerpo, afirma, es un claro ejemplo “de lo mal que se hicieron las cosas” en su momento.

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Esperanza

Pedir la exhumación de Déborah fue una decisión “muy dolorosa”. Un “mal trago”. “Pero entendíamos que había que intentarlo, que era necesario hacerla”, indica Ramón. Junto a él, también forma parte del equipo de abogados Ignacio Amoedo: “Sabemos que es complicado obtener resultados, pero tenemos la esperanza de que se pueda arrojar luz y está claro que, si apareciese algo, el caso podría dar un vuelco”.

A la espera de lo que arroje el estudio del cadáver de la víctima, algo en lo que insisten estos abogados vigueses es que todas las pruebas que están proponiendo realizar en el marco de la causa por la muerte de Déborah son “igual de importantes”. Se refieren a las declaraciones de testigos, al análisis que se hará del disco duro del ordenador de la joven o a las que están pidiendo para que se analicen de nuevo piezas de convicción, como el cordón que se halló bajo el cuerpo de la fallecida.

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