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Las otras Metalúrgicas que (des)esperan

Las otras Metalúrgicas que (des)esperan

Las otras Metalúrgicas que (des)esperan R. G / A.V.

Los años han jugado una mala pasada a algunos edificios de la ciudad. En su día, hace décadas, se levantaron con una sensibilidad tan eminentemente práctica como indisimuladamente estética.

Edificios con protección en el PXOM de 2008 sufren un abandono similar al de la vieja factoría de García Barbón | Chalé Agarimo y Colegio Alemán, aún desmontados

Los años han jugado una mala pasada a algunos edificios de la ciudad. En su día, hace décadas, se levantaron con una sensibilidad tan eminentemente práctica como indisimuladamente estética. Su objetivo principal era convertirse en fábricas, acoger familias, oficinas, tiendas... pero también embellecer su entorno y reafirmarse con cierta solera. Por eso las administraciones acabaron otorgándoles cierto grado de protección urbanística. Con el paso del tiempo, sin embargo, han terminado desprendiéndose de su doble propósito: tras años de abandono no solo han quedado inutilizadas como casas y fábricas; han terminando ejerciendo sobre su entorno un influjo diametralmente contrario al que tenían en origen. De dar lustre han pasado a deslucir.

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Buen ejemplo es La Metalúrgica, factoría diseñada en 1900 por el ingeniero José Barreras Massó para abastecer de envases de lata a las conserveras de Vigo y que se amplió a lo largo de las décadas siguientes con planos de dos de los arquitectos más prestigiosos de Vigo, Jenaro de la Fuente y Francisco Castro.

Proyecto inmobiliario que se manejaba en 2014 para la parcela. Simón Espinosa

A pesar de su valor histórico y patrimonial, la mayor parte de la fachada que mira a la Avenida García Barbón está sucia, deteriorada y ruinosa. Tanto, que el Concello ha tenido que dirigirse a sus dueños para exigir que frenen su deterioro e incluso se ha visto obligado a precintar parte de su frontal. Los propietarios habrían presentado ya una propuesta a la Dirección Xeral de Patrimonio para atajar el problema y esperarían ahora a su pronunciamiento.

Una parte de la fachada está acordonada con una valla y un precinto que alertan del peligro Ricardo Grobas

El de La Metalúrgica es un caso sangrantes, pero no único. Solo el Catálogo de Bienes Culturales del PXOM de 2008 –plan tumbado por el Supremo en 2015– recoge al menos una decena de casos similares: inmuebles con un valor especial que les ha permitido alcanzar algún grado de protección, pero que –pese a ese “blindaje” – se deterioran con mayor menor velocidad.

En el entorno de Beiramar se localizan otros dos casos, también muy vinculados con la industria fabril de la ciudad: Bernardo Alfageme y La Artística. El primero, entre Tomás Alonso y Beiramar, es una amplia estructura con protección ambiental en el catálogo. El inmueble lo proyectó en 1928 el arquitecto Manuel Gómez Román. En el segundo caso, el de La Artística, el catálogo incluye dos fichas: una del lado de la calle Ramón Soler (nº 2) y otro de la calle A Coruña (nº 27), correspondiente al taller mecánico. En ambos casos el nivel de protección es el mismo. Ligada a la crónica económica de Vigo está también el edificio de la Conservera Virci, en Arealonga, Teis. Su ficha en el PXOM de 2008 apunta que el edificio pudo haberse dedicado ya en los siglos XVIII y XIX a la salazón de sardinas. Se le confiere una protección estructural y ya entonces –hace más de una década– se alertaba de que su “mala” conservación.

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Las otras Metalúrgicas que (des) esperan en Vigo R. G. | A. V.

En Julián Estévez, a la altura del número 46, en Teis, localiza el catálogo otra antigua fábrica de salazón. En su ficha del PXOM se recuerda que el bloque se construyó en 1807 y pasó por manos de varias familias de empresarios, como los Poch o Sensat. Su estado se describía también entonces como deficiente. Algo similar ocurre en el edificio que se levanta en el número 52 de la calle Pi y Margall, representativo de la arquitectura que se desarrollaba en Vigo entre finales del siglo XIX e inicios del XX. Su nivel de protección es ambiental.

Otro caso se sitúa en la calle Areal, nº 88, recogido en el catálogo. Su fachada está cubierta con una malla. A poca distancia de allí se anotaba el desplome de un edificio abandonado a principios de año. En la misma calle, cerca de la confluencia con Pontevedra, hay otra fachada histórica apuntalada, obra de los arquitectos Sesmero.

Entre los conjuntos a los que se reconoce un nivel de protección estructural en el catálogo figura el conformado por varios de los edificios de la ETEA –Fadaray, Siemens, Morse, Kelvin y el de enfermería–. Sobre la mesa de las instituciones hay ya un proyecto para revitalizar el recinto, que hasta 2002 servía a la Escuela de Transmisiones y Electrónica de la Armada. Concello y Zona Franca tiene también un plan para recuperar otro espacio clave de la ciudad y muy degradado por el paso de los años y el abandono: La Panificadora, situada entre las calles Falperra y Cachamuiña.

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Piedras desmontadas

En otros casos, los edificios directamente han desaparecido del mapa. Ocurrió durante años por ejemplo con la fachada de la antigua estación de trenes, el inmueble que entre finales del XIX y la década de 1980 servía de puerta de acceso y salida al ferrocarril de la ciudad. Tras años amontonadas en una parcela de Redondela, sus piedras –protegidas como Bien de Interés Cultural– han empezado a ensamblarse en Urzáiz para incorporarse en el nuevo proyecto que conforman Vialia y la intermodal.

La primera estación del ferrocarril de Vigo FdV

Uno de los inmuebles incluidos en el catálogo con un nivel de protección ambiental es el chalé Agarimo, que se alzaba hace años en el entorno de la confluencia de Pi y Margall y Tomás Alonso. El edificio, obra de Manuel Gómez Román y ejemplo de la ciudad-jardín que se levantó en Peniche a comienzos del siglo XX se desmontó para trasladarlo a Beade para –así lo detalla la ficha del PXOM– darle un nuevo “uso como equipamiento social”. La estructura proyectada por Román, sin embargo, no llegó a ensamblarse y sigue a la espera.

Suerte similar corrió el Colegio Alemán, que se alzaba en Pi y Margall nº 62, con protección estructural. El edificio se desmontó con la intención de trasladarlo al Parque da Bouza y convertirlo en centro sociocultural. Al menos en 2013 sus piedras esperaban apiladas en el parque municipal de Lavadores.

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