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La viguesa que sufrió el trombo tras recibir AstraZeneca anima a vacunarse

Enfermeras preparando jeringuillas con dosis de vacuna frente al COVID en el Ifevi. // Marta G. Brea

Enfermeras preparando jeringuillas con dosis de vacuna frente al COVID en el Ifevi. // Marta G. Brea Marta G. Brea

“No voy a decir que no iba un poco asustada, con todo lo que se escucha”, admite Pilar Mier. Pero, cuando el pasado 7 de abril entró en el Ifevi y vio la larga fila de personas que acudía a vacunarse frente a la COVID, se tranquilizó. “Con tanta gente, malo será que me vaya a tocar a mí”, pensó. Una semana después, era ingresada con varios trombos en la vena del riñón y el Sergas notificaba a la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) su posible vinculación con la administración de la primera dosis del preparado de AstraZeneca. Esta viguesa de 63 años recibía ayer el alta en el Hospital Álvaro Cunqueiro, tras más de dos semanas de ingreso.

“Molestia en un brazo y febrícula, pero casi nada”. Esos son los efectos que percibió al día siguiente. Fue a la semana cuando empezó a encontrarse mal, con dolores abdominales. Acudió a Urgencias del Álvaro Cunqueiro, donde están recibiendo muchos casos de personas que refieren posibles síntomas tras la vacunación. Le hicieron una analítica en la que cuenta que ya figuraban las plaquetas y los linfocitos bajos, pero no consideraron que hubiera nada grave. Fuentes hospitalarias explican que es difícil detectar los inicios de una trombosis porque es un evento raro y en esa fase “no da la cara”. Pilar volvió al día siguiente y le mandaron paracetamol e ibuprofeno, pero a las dos horas de estar de nuevo en casa, sufrió “un cólico bestial”. “Llamamos a una ambulancia y realmente creí que me moría por el camino”, recuerda.

Con un TAC detectaron un problema en la zona del riñón, un hematoma en la zona de las glándulas suprarrenales y, tras varias pruebas más, dieron con los trombos. “Me pusieron un tratamiento de inmunoglobulinas y me han tratado de lo mejor del mundo, ha sido todo un lujo, la pena es que no me hubieran ingresado antes”, opina. Agradece a todo el equipo de Medicina Interna, Hematología y Farmacia la atención. “Se rompieron la cabeza conmigo y estaré eternamente agradecida porque me han salvado la vida”, resalta. Quiere tener una mención especial para los doctores Pablo Lamas y Martín Rubianes. También para familiares y amigos y, en particualar, a la administrativa del Sergas Olga, antigua compañera de trabajo en el Xeral, y a la enfermera Marila, su “ángel de la guardia”.

Ahora le quedan entre tres y seis meses de tratamiento para que “vayan desapareciendo esos trombos poco a poco”. Lo sucedido “ha sido muy duro” y le parece “una película de ciencia ficción”. “Soy una persona sana, sin patologías, nunca me habían ingresado. No me imaginaba que me fuera a pasar”, explica. “Un caso entre un millón”, le dijeron. Es la incidencia que, hasta ahora, están reportando las autoridades sanitarias internacionales. En el Chuvi consideran que cumple todos los requisitos que vinculan la trombosis sufrida con la vacuna. La investigación en la AEMPS continúa. Son largas.

A pesar de lo sucedido, Pilar anima a la gente a inmunizarse. “Me ha pasado lo que no le pasa a la mayoría, pero hay que seguir vacunándose porque son más los beneficios y por responsabilidad, si no, esto no va a acabar”, opina. “Yo tuve la desgracia, pero lo puedo contar”, añade esta exadministrativa del Sergas y propietaria de una inmobiliaria junto a su marido, que empieza una nueva vida, jubilación anticipada incluida y prevista antes de esto. Lo que sí pide es que se realicen estudios “más pormenorizados” sobre AstraZeneca para afinar en los grupos de riesgo y poder evitar casos como el suyo.

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